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Informe Consultora Apeo: ¿Por qué vale tanto el ganado gordo?

Los productores tienen mucho para capturar por la vía de mejora de la productividad, que será la mejor defensa ante un eventual ajuste de precios.

Ganado gordo en el campo. Foto: Luis Carrau Gallinal.

Consultora Apeo | [email protected]

En el Uruguay se acumularon muchas señales alcistas en un período corto de tiempo, generando lo que técnicamente se podría definir como crisis (tomada del diccionario: “Coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable sujeta a evolución”).

Algunos indicadores alcistas han sido que tenemos la menor cantidad de novillos y la mayor cantidad de pasturas intensivas (praderas y verdeos) en los últimos 44 años, lo que supone posibilidades en la mejora de la performance individual y/o posibilidades de retención.

Por otro lado se han sumado excelentes condiciones climáticas-forrajeras durante el verano, bajos costos de los granos/reservas forrajeras que permiten tener las dietas más baratas de los últimos dos años, favoreciendo fuertemente a los corrales de engorde; y el evento más reciente que fue la peste porcina en China que supone un aumento en la demanda de carne vacuna y mejora en los precios de exportación a dicho país.

Criadores, invernadores y feedlots fortalecidos, industria debilitada respecto un año atrás.

Todos estos elementos han presionado el precio de los ganados gordos al alza y, en consecuencia, a todas las categorías de reposición. Una manera de cuantificar cuánto es el desequilibrio en el precio de los ganados es compararlos contra las relaciones históricas que estadísticamente fueron analizadas con alta correlación y causalidad. Por ejemplo, en el caso del novillo gordo hoy se está pagando +0.31 US$/kg 4ta balanza respecto a su relación histórica con la carne exportada (media móvil 3 semanas), la vaca gorda +0.32 US$/kg 4ta balanza en relación con el precio del novillo gordo, lo que ha perjudicado el valor agregado industrial pasando en los últimos 12 meses de 230 a 199 US$/animal (3er menor valor del 2007 a la fecha), suponiendo una reducción del 13.5% y seguramente quedando por debajo de los costos de faena, por lo cual implicaría pérdidas nuevamente para el promedio del sector industrial.

En otro orden, el ternero y la vaca de invernada también tienen, según estudios estadísticos, relación con el precio del novillo y la vaca gorda respectivamente. Es así que hoy no hay sobreprecio del sector invernador hacia estas categorías y las están pagando en función de sus relaciones históricas. De todos modos, el aumento en los precios del gordo y la reposición suponen para el sector criador una mejora de +7.8% y en el sector invernador una mejora de +6.3% en su valor del kg producido respecto a un año atrás, siendo los segundos mejores del 2007 a la fecha.

En ese sentido, el ganado de cuota 481 con el bajo precio de la dieta debió haber generado entorno a los 100 US$/animal en los corrales cerrados a mayo del 2019 de margen neto, prácticamente el doble que hace un año atrás. Los precios de equilibrio para agosto del 2019 estarían en 3.81 US$/kg 4ta balanza para los novillos cuota, 3.68 US$/kg 4ta balanza para las vaquillonas cuota y 3.86 US$/kg 4ta balanza para los novillos de campo, todos valores que suponen nuevamente un margen positivo para cuando se realice la faena en agosto.

La presión de ganado para el segundo semestre.

El stock invernable al 1 de junio de cada año muestra que tenemos el menor número de animales para faena para el período 2011-2019, explicado por la fuerte reducción de los novillos, ya que en hembras, si bien ha bajado el número en los últimos dos años, estaríamos manteniendo el número posible a ser faenado respecto al inicio de la serie analizada. Llegamos a este bajo stock invernable por una serie de buenos motivos: un aumento de la exportación en pie, la demanda de los corrales para la cuota 481 y, por último, los relativos altos niveles de faena de los últimos años. Estos tres elementos han sido determinantes de esta situación. Este dinamismo aún no se ha traducido en una mejora del porcentaje de marcación, que se mantiene en un poco más de 60 terneros-as cada 100 vacas entoradas. Levantar este indicador es el gran examen que le falta aprobar a la ganadería uruguaya.

Tener este bajo stock invernable al 1 de junio supone una presión muy fuerte para el segundo semestre, sobre todo en los machos ya que para los últimos tres años es allí donde se concentra la mayor cantidad de carne exportada para las cuotas (481 y principalmente Hilton).

Si asumimos que el 75% de la carne exportada para la cuota 481 es de novillos y el 25% restante es de vaquillonas (promedio de los años 2017, 2018 y lo que va del 2019), obtenemos que en el 2018 se necesitaron 209 mil novillos para cubrir dicha cuota, mientras que para la Hilton se necesitaron 305 mil, ambos números son los mayores del período 2012-2018.

Una manera de expresar la presión interna que tenemos para cumplir con dichas cuotas es relacionar la cantidad de animales que se necesitan faenar y expresarlos sobre el stock invernable de machos al 1 de enero de cada año. Allí observamos que en el 2018 se incrementó la presión de 17% a 28%. En caso que en este 2019 tengamos que cubrir la misma cantidad de carne para dichas cuotas, la presión se incrementaría a 33% anual, como se mencionó anteriormente que el mayor porcentaje se cubre en el segundo semestre, dicha presión podría ser aún superior.

Consideraciones finales.

La coyuntura marca un muy buen momento en cuanto a relaciones de precios para la fase productiva de la ganadería vacuna y una situación de márgenes acotados para la industria frigorífica, explicada por el sobre precio del ganado gordo derivado del factor escasez.

Estamos atravesando un desequilibrio, marcado por alta demanda de ganado, baja oferta de novillos y una fuerte posición negociadora de los productores por la mayor cantidad de pasturas que está determinando un alza de precios del ganado gordo frente a las relaciones históricas.

Recomponer algunos equilibrios irá de la mano de seguir mejorado la fase de recría e invernada en especial del componente de hembras. Recordemos que al cierre de cada ejercicio tenemos casi 500 mil cabezas de vaquillonas sin entorar, que mediando una mejora en su recría serán vaquillonas para entorar o más invernada de vaquillonas.

Otro elemento para reconstruir los equilibrios lleva a mejorar la eficiencia reproductiva. Es claro que es un tema complejo pero creemos que están dados algunos elementos que permiten ser optimistas al respecto: el primero, es que se ha dado en forma sostenida en el tiempo señales asociadas a precios de terneros/as y mercados alternativos, como es la exportación en pie, que habilita a pensar en procesar cambios en tecnologías de procesos y de insumos que impacten en el porcentaje marcación. El segundo, creemos que la información disponible del Uruguay permite, como nunca antes, detectar las grandes regiones en donde la cría es problemática en cuanto a sus indicadores y articular toda la institucionalidad con esta perspectiva territorial. Y el tercero, procesar estos desequilibrios no será necesariamente en detrimento del margen de algunos de los actores. Los productores tienen mucho para capturar por la vía de mejora de la productividad, que será la mejor defensa ante un eventual ajuste de precios.