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Producir mirando las medidas de Trump y los desafíos del recambio generacional y del aumento del stock

La gira de la Agropecuaria de Dolores por Estados Unidos mostró créditos, subsidios, producción y agregado de valor

Gira AAD 2026.

Mismos desafíos, diferentes soluciones y asimetría en las recompensas. Recorrer el lado productivo de Estados Unidos permite entender que, en espíritu y resiliencia, en nivel agronómico y en eficiencia productiva, no estamos nada lejos. Las diferencias están en torno a la calidad de algunos suelos, el acceso al crédito, la participación del Estado y el entramado de sistemas que ponen al productor en el centro, valorando y escuchando su voz. Eso fue lo que dejó en claro la gira 2026 de la Asociación Agro-Pecuaria de Dolores, que llevó a un grupo de productores uruguayos a recorrer Iowa, Illinois y Montana.

Montana, conocida en el último tiempo también por la serie Yellowstone, es territorio ganadero por nacimiento y de clima hostil: apenas 300 a 350 milímetros de lluvia al año, seis meses de nieve que obligan a sostener los rodeos encerrados a puro fardo, y dotaciones bajísimas, como las 1.200 cabezas sobre 20.000 hectáreas del establecimiento Sitz. Iowa, en cambio, es el corazón del cinturón maicero: 900 milímetros de lluvia, suelos que infiltran hasta 100 milímetros en cinco minutos y campos tan generosos que el problema no es conseguir agua, sino drenar el excedente. Entre un extremo y otro se entiende buena parte de la matriz productiva norteamericana, aunque ambos hoy compartan un mismo trasfondo: un contexto internacional volátil, con medidas del gobierno de Donald Trump que modifican precios y rentabilidades de un día para el otro.

En Montana, con números ajustados por el clima y un valor de la tierra que se ha triplicado luego del éxito de la serie por motivos turísticos, buena parte de la rentabilidad se construye alrededor de la genética. En Feddes Red Angus Ranch, con 300 vacas sobre 2.500 hectáreas, el negocio pasa por la venta de toros en marzo y vientres en diciembre. Allí ponen foco en la inseminación artificial y manejo de embriones, y hasta faenan su producción en un frigorífico propio, Amsterdam Meats. Esa lógica se repite a escala regional en el Midland Bull Test, un reconocido centro de evaluación de toros que recibe 2.500 reproductores por año, clasificando entre un 70% y 80% para una venta de abril. En la última subasta, el toro Angus promedio rondó los 8.300 dólares. Allí las baterías están puestas en la eficiencia de conversión. También en esa región la delegación visitó Origen, un centro de extracción de semen donde los productores llevan sus toros, pagan el servicio y el 75% de lo producido se vende a las grandes compañías del rubro. En la agricultura aparece otra historia: un agricultor que hace trigo (lo rota con mostaza, garbanzos y otros cultivos) con apenas 2.500 kilos de objetivo por hectárea, rentabiliza procesando su propio trigo, haciendo harina y vendiendo online llegando directamente al consumidor. Su producción está respaldada por un seguro de rendimiento basado en el historial de 5 a 10 zafras, con cobertura de hasta el 70% de su promedio, que el Estado subsidia en un 50%.

En Iowa, Mitchell Hora, séptima generación de farmers, trabaja 700 hectáreas de soja y maíz bajo siembra directa y cultivos de cobertura. Esta última tecnología no era moneda corriente en el país, pero se la está buscando escalar a través de subsidios del gobierno, así como la tendencia a la agricultura regenerativa. Su aporte más novedoso fue Continuum Ag, la empresa que creó para medir la huella de carbono de los productores. En su caso vende esa información a la planta de etanol que le compra el maíz, que a su vez la enseña a las autoridades y si es para uso en combustible de transporte, tiene beneficios impositivos. Por ese mecanismo, Hora cobra hasta 18 dólares adicionales por tonelada.

Ahí la hectárea vale unos 50.000 dólares, pero aparece uno de los grandes condicionantes estructurales: un impuesto a la herencia del 42% que empuja a que los hijos les compren la tierra a sus padres en vida, a valor de mercado, para evitar esa sangría patrimonial.

El feedlot de Cornfed Farm, un establecimiento productivo liderado por Sara Mohr que es a su vez el primer Bayer forward Farm de Estados Unidos, muestra la cara más expuesta a la coyuntura política: 1.000 animales que entran con 350 kilos desde Kentucky y salen con 700 tras siete meses, comprados a 3.000 dólares y vendidos a 4.000, donde buena parte de esa diferencia se la lleva la comida. Ahí entra el malestar generalizado con las medidas de Trump, que implementó medidas como la nueva cuota intentando abaratar la carne para el consumidor interno, pero quitando rentabilidad a productores y quitando incentivos en un momento donde el stock vacuno de Estados Unidos está en su nivel más bajo de los últimos 70 a 75 años.

Kip Tom, farmer de Indiana allegado a Donald Trump (fue embajador frente a FAO en su primera administración y ahora es asesor del USDA), comentó a Rurales El País desde Iowa que hay que dar tiempo a la medida. “Es normal que los productores se sientan desconectados de la administración en este momento, pero los cupos son muy menores para incidir en los incentivos y el presidente Trump es una persona inteligente, debemos dar tiempo a esta medida y seguir enfocándonos en empoderar a los agricultores y las nuevas generaciones para producir”. Además, Tom manifestó que dos de las grandes preocupaciones de la administración actual pasan por eliminar algunas regulaciones que han incrementado el valor de las inversiones en el último tiempo (especialmente la maquinaria que ha crecido entre un 50% y un 100% en los últimos 5 a 6 años) y la intención de instalar más empresas productoras de fertilizantes e insumos en Estados Unidos para que “el granero del mundo, que es América del Norte y del Sur, no tenga incertidumbre por precios y abastecimiento en la cadena de suministros”

Montana.

La clave. Detrás de los números aparecen los desafíos de fondo. El valor de la tierra es de los más sensibles: en Montana, una hectárea que valía 10.000 dólares pasó a 30.000 tras el boom turístico de Yellowstone, algo que incomoda más de lo que entusiasma, porque el precio ya no responde a la producción sino a incentivos turísticos y a los productores se les hace cada vez más difícil aumentar escala.

A esto se suma el recambio generacional, uno de los grandes temas del campo norteamericano, agravado por la dificultad para conseguir mano de obra capacitada y dispuesta, que empuja a automatizar y a que sean los propios farmers quienes trabajen la tierra.

La Sociedad de Criadores de Ganado de Montana recibió a la delegación y comentó algunas de sus preocupaciones. Tienen dos personas empleadas a tiempo completo dedicadas al lobby legislativo. Entre los principales puntos está el recambio generacional, la protección de la propiedad privada, la convivencia con fauna salvaje y protegida (como lobos y osos) en zona productiva y especialmente el manejo del agua.

En el otro extremo del país, Iowa muestra la cara más innovadora. En Cornfed Farm y en la Universidad de Iowa, de 158 años, se estudia el maíz de bajo porte, que permitiría una mayor densidad de plantas por hectárea y más resistencia al viento, entre otros beneficios. En el centro educativo conviven más de 150 empresas investigando bajo demanda, incluso cultivos debajo de paneles solares, cuya renta puede ser de tres a cuatro veces superior a la agrícola. Es la señal de un sistema que, aún con los condicionantes del clima y la política, no deja de buscar nuevas vías de valor.

Lo que deja esta gira es el panorama de un país de primer mundo que produce con escalas y climas tan estupendos como extremos, financiado con crédito accesible y subsidios bien direccionados, y que aún así depende mucho de las decisiones políticas de turno. El campo estadounidense enfrenta hoy varios de los mismos interrogantes que tantas veces se plantea el uruguayo: rentabilidad, agua, tierra, recambio generacional y seguir produciendo en un mundo con una volatilidad enorme.

Apoyaron la cobertura: Estudio Migliaro, Vitalforce, Toremor, Agromil, Cibeles, Fadisol, Ecocal y Campo Mercado.

Sustentabilidad, automatización e inteligencia artificial

El Farm Progress Show es el evento a cielo abierto vinculado a la producción y la maquinaria más grande de Estados Unidos, con más de 600 marcas presentes de todas partes del mundo y 150.000 asistentes entre los tres días de actividad. La muestra este año se realizó en Boone, Iowa, siendo que rota un año en este Estado y al otro en Illinois, más precisamente en Decatur.

Allí se puede observar la última tecnología que las grandes compañías ponen en el mercado americano, su forma de resolver problemas que muchas veces también son los de la agricultura del resto del mundo y es común que luego de eso, con validación y demanda, llegue rápidamente a países como Uruguay.

Dentro de los principales puntos de la actividad, entre muchos, comenzaremos destacando dos: el avance en la automatización de los equipos y la incorporación de la sustentabilidad ambiental a los sistemas en Estados Unidos, algo que hace unos años no era tan común en dicho país.

Por el primero de ellos es normal ver muchos equipos con pilotos automáticos, por ejemplo una cosechadora haciendo su trabajo con un operario conduciendo y un tractor no tripulado con la tolva al lado, copiando la señal de GPS. Como este caso, hay varios más. La mano de obra está siendo un gran problema en Estados Unidos, por cara y por dificultades para conseguirla, así como el recambio generacional. Por ello, estos equipos pasan a ser clave.

En materia de sustentabilidad, se destacaron dos campos experimentales dentro del predio: el primero con híbridos de maíz y el segundo con cultivos de cobertura, una tecnología que está absolutamente incorporada en Uruguay pero aquí está comenzando a desarrollarse. De hecho, en este momento el gobierno está subsidiando e incentivando con beneficios fiscales y transferencias el uso de las mismas.

Los drones también tuvieron su lugar, siendo una tecnología que, al decir de los americanos, todavía tiene mucho para desarrollar y para hacer mejor su utilización.

Para cerrar, los grandes equipos de maquinaria como las cosechadoras apuestan al uso de inteligencia artificial para ser cada vez más eficientes, tanto en el tiempo de trabajo como en la reducción del uso de combustible.

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