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Ya llegó la primavera

La primavera agronómica comenzó con campos cargados de humedad y perspectivas favorables para la producción de forraje. Con un posible año Niño, una siembra récord de maíz y mayor disponibilidad de alimento, la ganadería se encamina a un escenario auspicioso, con costos de alimentación más bajos y valores firmes para la reposición

Ing. Agr. Rafael Tardáguila | rafael@tardaguila.com.uy

Comenzó la primavera agronómica y, con ella, el reverdecer de los campos y el aumento de la producción de forraje, en un escenario más que favorable para la ganadería. Las perspectivas, más allá de los lógicos vaivenes que siempre habrá, son auspiciosas. En el plano productivo, es momento de definiciones dentro de la paleta de opciones disponibles para asegurar la oferta de alimento animal del próximo año.

Este inicio de setiembre encuentra a los suelos con excelente humedad. Las proyecciones de un año Niño, que implican mayores probabilidades de lluvias por encima de lo normal, son un aliciente adicional de cara al próximo verano. Hay, por lo tanto, un ambiente muy favorable para aumentar la superficie destinada al maíz.

La expectativa es de más forraje, seguramente más verdeos de verano y una mayor producción de granos forrajeros, ante un escenario climático favorable y una demanda sostenida. A las compras tradicionales de los tambos y la industria avícola se suma la expansión de los corrales de engorde.

Muchos corrales producirán su propio maíz. Otros agricultores lo sembrarán para venderlo. El riesgo para estos últimos, considerando las expectativas de rendimientos relativamente altos de la mano de un verano sin sequía, es que la producción exceda la demanda doméstica y que el precio pase a formarse sobre la base de la paridad de exportación. Eso lo presionaría a la baja, al alinearlo con los valores necesarios para llegar a destino de forma competitiva en el mercado internacional.

Producción de maíz seco.

Sin dudas, un escenario de este tipo reduciría significativamente los precios en el mercado interno, alejándolos de los US$ 240-250 por tonelada de este ejercicio. ¿Hasta cuánto? Es imposible saberlo cuando todavía ni siquiera comenzó la siembra, pero no sería tremendista manejar un escenario de precios por debajo de US$ 200 por tonelada puesta en destino.

La buena noticia para la producción agrícola es que las referencias internacionales están muy firmes. El contrato de marzo de 2027 en Chicago cotiza en el entorno de US$ 220 por tonelada, unos US$ 50 -casi 30%- por encima de los US$ 170 que cotizaba a esta altura del año pasado el contrato de marzo de 2026.

Esto debería proporcionar un piso relativamente favorable, máxime si el otro gran determinante del resultado económico, el volumen producido, resulta elevado como consecuencia de un verano benévolo.

Mario Sampaolesi, responsable de Originación de Cereales y Oleaginosas de LDC Uruguay, dijo que la empresa trabaja, de forma preliminar, con la posibilidad de que el cereal alcance unas 320 mil hectáreas entre cultivos de primera y segunda. Sería un récord para el país y significaría unas 70 mil hectáreas más que el año pasado.

Estimando un rendimiento medio del orden de siete toneladas por hectárea -siempre bajo el supuesto de un verano favorable desde el punto de vista climático-, se producirían más de 2,2 millones de toneladas de maíz. Ese volumen superaría holgadamente la gran cosecha de la zafra 2024/25, cuando se alcanzaron 1,9 millones de toneladas. Este año, sequía mediante, la producción fue de 1,45 millones.

Todo indica, por lo tanto, que la disponibilidad de granos forrajeros será relativamente holgada el año que viene, por lo que cabe esperar un escenario de precios favorable para la producción animal.

A esto se agregará, si se confirman los pronósticos de un verano lluvioso, una abundante producción de forraje. Las proyecciones, incluso, dan cuenta de un episodio de El Niño tanto intenso como prolongado, que podría perdurar hasta la primavera de 2027.

Más allá de los inconvenientes que esta situación pueda ocasionar desde el punto de vista humano, por eventuales inundaciones, o de las complicaciones productivas asociadas al exceso de barro en tambos y corrales, todo indica que habrá una buena disponibilidad de alimento.

“Nada es más inflacionario que el pasto”, dice el dicho campero. Esto se aplica especialmente a las categorías de reposición y cría. Por lo tanto, cabe esperar meses de valores sostenidos para estas categorías.

La relación de reposición se ha ubicado en lo que va del año en el entorno de 1,35-1,40. Esto significa que el kilo de ternero vale entre 35% y 40% más que el kilo de novillo gordo.

Los corrales están pagando valores inusitados por novillos formados, de US$ 3,40 a US$ 3,50 el kilo en pie. En el caso de un novillo de 400 kilos, son alrededor de US$ 1.400 por cabeza.

Con la expectativa de un grano forrajero más barato, los precios de la reposición para los corrales podrían estirarse algo más, al menos en términos relativos respecto al valor del animal terminado. A fin de cuentas, al momento de evaluar el negocio, las dos grandes variables de costo son el precio de compra del animal y el del alimento.

El máximo histórico de la relación de reposición en Uruguay se registró a principios de setiembre de 2023, exactamente tres años atrás. De acuerdo con los valores informados por la Asociación de Consignatarios de Ganado, en aquel momento llegó a 1,47. En abril de este año superó 1,40, pero no alcanzó aquel récord.

Considerando las expectativas de disponibilidad de alimento animal para lo que resta de este año y para el próximo, no es descabellado suponer que el récord de 2023 pueda ser superado más temprano que tarde.

Las exportaciones de bienes cayeron fuerte en agosto por la sequía y la menor faena. El dato no sorprende y siguen preocupando las dificultades para el crecimiento económico

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