Las exportaciones de bienes en agosto sumaron US$ 1.121 millones, cifra 16% inferior a la de igual mes del año pasado, informó Uruguay XXI. La caída se debió fundamentalmente a las menores exportaciones de soja (-70%, por la sequía), las menores exportaciones de lácteos (-30%) y de carne vacuna (-12%, por la menor faena).
En el acumulado anual -un dato más robusto- el panorama es más equilibrado: las exportaciones acumulan US$ 8.939 millones en ventas en los primeros 8 meses del año, una caída de solo 1% respecto al año pasado. Si se excluye la soja -cuyas ventas acumulan una baja de 46%- las exportaciones suben un interesante 5%.
Como es habitual, el desempeño difiere según los sectores (cuadro). Además de lo mencionado sobre la soja, también caen las exportaciones de trigo y arroz (18 y 19%, respectivamente, principalmente por menores precios); los arroceros este año buscan revancha con la nueva zafra, que prometen números mayores, si el clima lo permite.
Por el contrario, las exportaciones de colza casi se triplican, por el aumento en la producción y en el precio. Este cultivo se proyecta seguir de largo, con un área récord y muy buenos precios, que permiten anticipar una cosecha de valor histórico (también, si el clima avala). Aún con el buen desempeño de la colza, las exportaciones agrícolas en conjunto caen más de 25% en lo que va del año. Esto impacta negativamente en el movimiento de servicios, transportes, etc.; el impacto de la sequía y los mercados agrícolas en la actividad general de la economía es claro.
En ganadería el panorama es diferente. Las exportaciones de carne vacuna acumulan un monto similar al del año pasado, porque el aumento de precios compensa los menores volúmenes. En subproductos (obviamente con montos absolutos menores), hay un aumento de 6% y en la exportación de ganado en pie el aumento es de 36%. Si a todo esto se suman otras carnes, lanas y cueros, el aumento general es de 6% en el conjunto del sector ganadero.
Esto no quita que la actividad en los frigoríficos esté afectada por los menores volúmenes procesados, lo que se agudizó en las últimas semanas; setiembre mostrará -seguramente- una fuerte caída en la actividad de la industria, con varias plantas importantes que han decidido suspender la faena total o parcialmente, a la espera de mayor oferta. Además de la propia dinámica del rodeo, está incidiendo en esta baja el aumento en la exportación en pie; el número de cabezas exportadas en pie es similar al del año pasado, pero hay una mayor proporción de ganado de reposición.
En el sector forestal, las exportaciones de celulosa se mantienen casi en niveles similares a 2025, mientras que las exportaciones de productos de madera sólida se recuperan y avanzan 16% en el acumulado. Por su parte, rubros no agropecuarios relevantes, como concentrados de bebida, y autos y autopartes, suben 9 y 8% respectivamente.
Precios relativos
Todo el análisis de las exportaciones en dólares tiene que tener en cuenta que la moneda americana ha caído en términos reales este año. La cotización en agosto fue casi la misma de la que registró en igual mes del año 2025, mientras la inflación fue de 4,5%. De manera que, en términos reales, el dólar bajó en dimensión similar (4%), cayendo a su menor valor real histórico.
Mientras, los costos locales medidos en dólares suben de manera drástica. Esto se puede observar a partir de la evolución del salario medio en dólares (gráfica) que aumentó 40% en los últimos 7 años (comparado con 2019, pre pandemia). Los datos surgen del informe del Índice Medio de Salarios (IMS), que actualizó esta semana el INE (correspondiente a julio); allí se incorporan los ajustes semestrales que algunos sectores tuvieron para el segundo semestre (no así el acuerdo en la construcción que marcó un aumento retroactivo de 5,2%, lo que agudizará el aumento promedio).
Con esta tendencia, no es extraño que haya agroindustrias exportadoras en dificultades: sostener los empleos y servicios para hacer la producción se hace cada vez más difícil y solo es posible con aumentos de precios de venta o aumentos de productividad que pocos sectores muestran.
Otra manera de ver el problema es a través del informe del INE sobre el IPC (que mide la inflación minorista). Allí se muestra la brecha que se ha abierto entre los precios de los productos transables y los servicios no transables. Los primeros subieron 2,2% en el último año, los segundos más de 6%; la brecha entre costos internos y precios de los productos se sigue abriendo.
Esta diferencia no pasó desapercibida para el Banco Central, que en su última reunión del Comité de Política Monetaria -en la que decidió mantener la tasa de interés- destacó (con implícita preocupación) que algunos servicios están subiendo claramente más que la inflación. El comunicado señala: “algunos componentes más persistentes de la inflación, en particular ciertos servicios, continúan registrando niveles relativamente elevados y requieren mantener su monitoreo específico en los próximos meses”.
Adjudicar esto a un problema “cambiario” parece hoy equívoco: hace 5 años que el Banco Central no interviene en el mercado cambiario directamente (por supuesto, su política de metas de inflación incide en el plano cambiario, pero no tiene objetivo de tipo de cambio). En realidad, la situación actual está reflejando problemas más sistémicos de competitividad, que se están expresando en la baja tasa de crecimiento. En efecto, en el primer semestre la economía casi ni creció y el Tipo de Cambio Real (la comparación de precios relativos con los principales socios comerciales) no se recupera, si bien hay diferencias según países y bloques (gráfica).
Por todo esto, cuando llega el momento de hacer las transformaciones agroindustriales o en cualquier servicio que pretenda ser competitivo a nivel global, con incorporación más o menos intensa de empleo, hay dificultades.
El Poder Ejecutivo (en especial el equipo económico) pone expectativas en la Ley de Competitividad, que se aprobó por unanimidad en el Senado y va a Diputados; ciertamente, es un avance relevante. En el plano laboral, el panorama es más complicado: los convenios salariales -si bien han cambiado- aún incorporan mecanismos indexatorios sin mucha consideración de la productividad, mientras los conflictos no cesan (lo de la terminal de contenedores en el Puerto ya pasó todos los límites). Resolver esto es clave para aprovechar las oportunidades comerciales que se abren (como el Acuerdo con la UE) y proyectar una economía más dinámica hacia 2027.