Agricultura

Avanza convenio entre INIA y China por soja no transgénicas

Intercambian material genético para que Uruguay pueda producir sojas no transgénicas.

 

Pablo Antúnez

El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y la Academia de Ciencias de China están intercambiando material genético de variedades de sojas no transgénicas, abriendo la posibilidad de que Uruguay, a futuro, exporte el producto al gigante asiático.

“Ellos probarán material genético nuestro y viceversa. De ahí vamos a seleccionar, no sólo en base a los datos de una evaluación, sino a través de lo que es la diversidad genética, a nivel molecular, para ver qué combinaciones son más interesantes de hacer en base a lo que queremos desarrollar”, explicó Sergio Ceretta, investigador principal de INIA.

El acuerdo, que es histórico para la cadena sojera uruguaya, genera la inquietud de diversificar el mercado desde Uruguay y eventualmente, poder captar algún beneficio en los precios que haga rentable o más competitivo el cultivo.

A su vez, el principal importador mundial de la oleaginosa, está manifestando la necesidad de diversificar sus proveedores de soja no transgénicas, que son las destinadas a la alimentación humana y nada tienen que ver con las variedades convencionales que vende Sudamérica a ese mercado. Toda la soja que se exporta hoy a China es procesada en destino, se le extrae el aceite y con el resto se hace una torta que tiene por destino la alimentación animal (vacunos y cerdos).

“Esto que estamos desarrollando con China es ir a otra demanda, es ir a un grano que tendrá por destino el consumo humano directo o la fabricación de algunos alimentos”, explicó Ceretta a El País.

Entre esos alimentos se encuentra el tofu, producto básico en la cocina oriental y originario de China, que es preparado con semillas de soja, agua y solidificantes.

El acuerdo bilateral entre las dos grandes instituciones de investigación de China y Uruguay tiene como principal requisito que las variedades de soja sobre las que se trabaje no estén genéticamente modificadas pero según explicó el investigador principal de INIA.

A su vez, “el grano tiene que contar con algunas características distintas a las que hoy tenemos en cuanto al contenido de proteínas, etc”, agregó Ceretta.

La meta del programa de mejoramiento conjunto de la oleaginosa, es llegar más rápido a esas variedades no transgénicas. “Tampoco podemos pensar que China nos va a dar una variedad que es muy buena para el uso que ellos le dan en su país y que en Uruguay va a ser una variedad productiva, estable, tolerante a nuestro sistema o régimen hídrico, plagas, etc”, agregó el investigador uruguayo. Un mismo material puede comportarse diferente en otras latitudes y con otras condiciones productivas.

Potencial. Uruguay tiene variedades de soja no transgénicas de muy buena adaptación a las condiciones productivas locales, de alto rendimiento y con grupos de madurez que también muestran una buena adaptación a las condiciones productivas de Uruguay.

Según Ceretta, China puede aportar “variabilidad genética en cuanto a características de calidad o características nutricionales del grano, que nosotros tenemos una variabilidad muy pequeña. Entonces, recombinando eso a través del mejoramiento genético, en una serie de años vamos a desarrollar un producto nuevo”.

El acuerdo de referencia tiene una duración de cinco años. “Las expectativas de INIA y de la Academia de Ciencias de China, es que si esto funciona bien, habrá posibilidades de conseguir plazos mayores, porque el mejoramiento genético precisa de plazos mayores”, explicó Ceretta.

El experto de INIA contó que “hay un plan de trabajo interesante con financiamiento para ejecutar el proyecto. Parece ser un acuerdo muy beneficioso para ambas partes y tenemos mucha fe de que esto funcione bien”. Ceretta recordó que un proceso de mejoramiento genético lleva seis o siete años para llegar a un material concreto.

“Ya tenemos el canal abierto de liberar una variedad de soja no convencional a un grupo de productores de Canelones que abastecen a una industria local de tofu. Probablemente haya mayor interés a nivel nacional de trabajar con estas variedades”, destacó el investigador uruguayo.

Según su visión si se dinamiza un mercado con China de este tipo de grano habrá posibilidades de que se sume una cantidad de gente.

Por último, consideró que los desafíos que tiene por delante este proyecto son los que plantea el mejoramiento genético en sí mismo.

“Tenemos que combinar características especiales que requerirá China en cuanto a calidad del grano, introducirla en nuestro material genético ya adaptado y lograr avanzar en esas características. Elevar sustancialmente el nivel de proteínas, aumentar el tamaño del grano, etc. Todo eso tiene que ser hecho sin que haya una merma significativa de rendimiento, logrando grupos de madurez y plantas con características adaptadas a Uruguay”, destacó Ceretta.

Historia. El acuerdo entre China y Uruguay se firmó en octubre de 2016, en Beijing, en el marco de una misión del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Más allá de la soja, promueve la investigación conjunta per sé.

El proyecto pretende constituirse en una plataforma para mantener una fluido intercambio de investigadores entre ambos países y la formación de postgrado, tanto de estudiantes uruguayos en China, como de estudiantes chinos en Uruguay. Estos instrumentos son fundamentales para facilitar el conocimiento mutuo y la construcción de confianza como pilares de un relacionamiento.