Opinión

Salven el millón

El área de soja entra en etapa definitoria y con ella buena parte de lo que suceda con la economía el próximo año. Se espera que supere el millón de hectáreas.

 

Ing. Agr. Nicolás Lussich.

En tiempos en que la actividad está resentida (cae el consumo, la inversión sigue baja y la crisis regional ya empieza a golpear), parte de la esperanza de que la situación se revierta está depositada en la evolución de la agricultura, que golpeó a la economía en la cosecha pasada por efecto de la sequía.

No es el único factor, claro: entre otros, se espera también que arranquen las obras del Ferrocarril Central (se trabaja a contrarreloj) y que el dólar siga fortaleciéndose, para mejorar la rentabilidad empresarial y motivar -al menos modestamente- la inversión y el empleo.

A corto plazo, la suba del dólar reduce el consumo, pero tiene beneficios a mediano plazo, para una economía que tiene un ostensible retraso cambiario. Sin ir más lejos, sería una buena ayuda para el turismo.

Sobre la agricultura hay muchas expectativas, por su capacidad de dinamizar la actividad en todo el territorio y de sumar millones de dólares a las exportaciones, que notoriamente faltaron en la última cosecha. En este plano, hay buenas noticias: en cultivos de invierno las áreas de cebada y trigo crecieron entre 10% y 20%, y también creció el área de colza, sumando un total cercano a 500.000 hectáreas, según estimaciones preliminares. Además, la evolución de los cultivos ha sido -en general- muy buena, lo que permite proyectar un muy buen rendimiento (aunque no se puede cantar victoria hasta que el grano esté en el depósito).

En soja las siembras ya están a pleno y el desafío es sostener el área en el entorno del millón de hectáreas (el año pasado fueron 1,1 millones), lo que sería un logro. No será fácil: el fracaso de la última zafra generó serios problemas financieros a muchos productores, que ahora tienen dificultades para repetir área. La situación, claro está, es diversa: varios productores (medianos y grandes) tienen una posición financiera robusta, pues hacen agricultura con ganadería, diversificando rubros, y mayoritariamente en campos propios, lo que les permite mantener o aumentar las áreas; pero para varios agricultores especializados y que trabajan mayoritariamente en campo arrendado, el golpe de la cosecha anterior fue de nocaut: sembrarán mucho menos o directamente salen del rubro; es el caso de varios productores argentinos, que han operado con una estrategia de corto plazo y alto riesgo.

La mayoría de los casos, sin embargo, está en una situación intermedia: con más deudas, han logrado extender el financiamiento bancario y de proveedores, de manera de buscar revancha este año. Eso sí: debieron extender más garantías reales, inmobiliarias, para concretar ese financiamiento, pues la cesión de contratos de venta o las cartas de retención de cosecha, después de la última zafra, ya no tienen para los bancos la solidez de otros años.

Por todo esto estamos ante una zafra clave. Preocupa que, dadas las limitaciones financieras, el cultivo no se haga con todo el potencial (fertilización, protección vegetal, etc). Pero aún con muy buenos rendimientos los márgenes son modestos: no se va a recuperar lo perdido sólo con una buena zafra, sino que se necesita un ciclo de años buenos para recomponer la situación. La pregunta es si esto es posible, dada la volatilidad intrínseca del negocio agrícola y la situación de mercados. Además, el sistema de producción aún tiene vulnerabilidades desde el punto de vista de su sustentabilidad: si bien la incorporación de tecnologías clave como la siembra directa y los transgénicos permitieron una contundente expansión cuando irrumpió la demanda china, a largo plazo la producción necesita ser apuntalada por rotaciones sustentables y la suficiente incorporación de insumos. Eso tiene costos y por eso la tarea se hace cuesta arriba: el país sigue con tarifas y costos muy elevados.

Por otra parte, no son solo los agricultores los que han quedado malheridos por la última sequía: la caída en los volúmenes pegó duro a comercializadores, proveedores de insumos y a los transportistas, algunos de los cuales (incluso empresas grandes) están quedando por el camino. Los que siguen rodando actualizan tarifas, con la idea de garantizar cierto margen, a sabiendas de que puede generar una puja con sus clientes (los productores).

Altos rindes… modestas ganancias.

En los últimos años los stocks de soja y trigo subieron, por cosechas globales que han respondido bien al persistente aumento de la demanda, lo que hizo bajar los precios. Aun así, la producción global de trigo no será tan alta este año y es permitió un avance en los precios, que están 25% arriba que en 2017. De manera que si los altos rendimientos se confirman habrá buenos números para el cereal. Una situación similar se da en cebada, cuyo precio está atado al trigo. La buena situación productiva y de mercados en cultivos de invierno ha traído más optimismo al sector.

En soja, la producción estadounidense es alta este año y eso le pone un freno a los precios. Además, en la región la devaluación en Argentina y Brasil hace que los dólares les rindan más a los agricultores, lo que estimula la producción en América del Sur, la principal zona sojera del mundo. Por el contrario, en Uruguay, el dólar avanzó muy tímidamente y eso afecta los márgenes de los agricultores.

Así, en caso de tierra arrendada se requieren rendimientos de soja buenos a muy buenos para tener márgenes aceptables (2.700 a 3.000 kg/ha). En el caso de los cultivos de invierno sucede algo similar: con unos 3.000 kg/ha (números redondos) se empatan los costos directos; para ganar hay que estar por encima de eso. Hablamos de situaciones promedio, en el variado panorama agrícola. En cualquier caso, el escenario mejoró. Y una mayor producción volverá a hacer lucir la importantísima acumulación de inversión (maquinarias, depósitos, puertos) que se ha hecho en años previos y que permite una muy buena capacidad de cosecha y comercialización. Para la economía, una mejor cosecha será una muy buena noticia en el marco de una situación complicada. Para los agricultores, como siempre, habrá que seguir sembrando.

Rurales EL PAIS