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La carne y lana se alinearon en un escenario ovino histórico

El cierre de 2025 y el arranque de 2026 configuran un escenario positivo para la producción ovina nacional, con carne y lana evolucionando al mismo tiempo en una senda de recuperación sostenida. El Téc. Agr. Alfredo Fros, presidente del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), recordó que el año pasado comenzó con condiciones climáticas muy exigentes, que impactaron directamente sobre los sistemas productivos, y que a mitad de año se conoció la “mala noticia con respecto al stock”, que ha sido resultado procesos que venían desarrollándose desde tiempo atrás, advirtió.

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A pesar de un nuevo descenso del stock ovino, el comportamiento de la carne ovina mostró una solidez que hacía algunos años no se lograba. “Veníamos con una colocación de carne ovina constante, permanente, con una suba leve pero sostenida durante meses y meses, con una solidez tal que mucha gente nos decía que hacía mucho tiempo no veía algo así”, afirmó.

Recordó que “siempre estábamos todos diciendo ‘vamos a ver qué pasa en la primavera, qué pasa en septiembre u octubre’, y superamos esa etapa y seguimos”, destacando los buenos valores que aun sostiene el rubro de la carne ovina en el inicio de 2026.

Si la carne aportó estabilidad durante buena parte del año, la lana fue el componente que terminó de consolidar el buen momento del rubro. Fros reconoció que en parte del año “faltaba un poquito el tema de la lana, que estaba bastante rezagado, y a partir de septiembre empezó a tomar otro rumbo”, explicó.

La recuperación no fue homogénea, pero sí sostenida. Según detalló, algunos micronajes lograron recomponer hasta el 100% de los valores previos, mientras que las lanas más finas aún tienen margen para seguir recuperándose. “Si uno traza una línea, estamos con un mercado que, más allá de subas y bajas semanales, muestra una tendencia clara”, señaló.

Para el presidente del SUL, la explicación de fondo es común tanto para la carne como para la lana. “En el mundo hay menos producción, sea en la región que sea; los países que más producen están con reducciones importantes de stock”, afirmó. A eso se suma que los stocks acumulados se fueron consumiendo, lo que generó un escenario de menor oferta con una demanda recompuesta, activando la lógica del mercado determinando subas en los valores.

En términos de faena y kilos producidos, el ovino muestra niveles sensiblemente menores a los de años anteriores. Sin embargo, cuando se observa el ingreso en dólares, la foto cambia. “Si miramos en dólares, estamos casi igual a algunos de los años anteriores, y en períodos cortos incluso los estamos superando”, explicó.

Esa diferencia tiene un impacto directo en la empresa. “El productor está ajeno a la cantidad de kilos que el país haya faenado” sostuvo Fros, pero remarcó que “lo que le importa es la diferencia del valor del kilo, y eso hoy es realmente importante”. En ese contexto, entiende que el rubro ovino vuelve a ocupar un lugar relevante dentro del esquema productivo, porque “pasa a ser el que aporta, el que uno empieza a mirar dentro de la empresa”, afirmó.

Fros vinculó este fenómeno con las ventajas estructurales del ovino, como una estación de cría más corta, menor inversión por unidad ganadera y un retorno más rápido, que hoy se potencian con valores excepcionales. Recordó que en años recientes se estimaba que una oveja podía retornar en torno al 70% de su valor en un año, y afirmó que “hoy eso se supera ampliamente”.

Desde el SUL existía la preocupación de que valores atractivos de la carne ovina incentivaran una liquidación de existencias, especialmente de hembras. Sin embargo, “tenemos un dato claro, la faena de hembras fue la que más cayó en términos porcentuales”, señaló Fros.

Ese indicador sugiere un proceso de retención de vientres, alineado con el objetivo de mejorar las encarneradas y fortalecer la base productiva. “Eso es lo que deseamos, que haya retención de vientres, una mejor encarnerada y un mejor cuidado de la oveja y del cordero”, afirmó. Si bien recordó que las preñeces históricamente han sido buenas, puso el acento en la importancia de sostener las señaladas y reducir pérdidas, un desafío donde la tecnología disponible juega un rol central.

En ese sentido, Fros aclaró que “las herramientas están todas; el productor tiene la opción de aplicarlas o no, pero estos momentos de buen negocio son cuando hay que invertir y usar todas las tecnologías posibles para capitalizar estos valores”. La mejora de los resultados depende en gran medida de decisiones de manejo oportunas.

Al analizar la evolución histórica del rubro, Fros recordó “cuando teníamos 26 millones de ovinos, el ingreso por el rubro era muy potente y tenía un peso enorme para el país en términos de divisas”. La posterior caída del stock respondió a múltiples factores, entre ellos la baja de precios desde la década del 90 y el fuerte crecimiento de otros rubros que compitieron por recursos clave como tierra, capital y mano de obra. Sin embargo, Fros remarcó que “la caída del stock ovino no pasó solo en Uruguay; pasó en el mundo entero”.

Hoy, con un stock cercano a los cinco millones de ovinos, el desafío es diferente. “Entiendo que estos valores de carne y lana hacen que el ovino, dependiendo el sistema, aporte muchísimo y sea un muy buen negocio”. Para Fros, el momento actual abre la posibilidad de revertir de forma genuina la tendencia descendente del stock, no por imposición, sino porque el negocio lo justifica.

Más allá de los números productivos, Fros destacó el rol social del rubro ovino, especialmente en el interior del país. “Muchos pueblos de campaña dependen y viven del ovino”, y en este sentido mencionó la importancia de la esquila y el empleo asociado, que dinamizan economías locales enteras.

La concentración del stock en el norte del país, particularmente en Salto y Artigas, confirma la vigencia de sistemas laneros, que han evolucionado hacia lanas finas de mayor valor, sin perder su capacidad de producir carne. “Estos sistemas producen carne y pueden hacerlo mejor; las herramientas están, el asesoramiento está y la transferencia también”, sostuvo.

Aun con la caída del stock, el país logró mantener capacidades clave en toda la cadena. “En Uruguay seguimos trabajando para que esta cultura de producción ovina se mantenga, y eso es responsabilidad de todos; productores, técnicos, trabajadores, industria y servicios”, afirmó.

Como ejemplo de esa fortaleza mencionó el capital humano y técnico desarrollado a lo largo de los años. “Tenemos esquiladores que son verdaderos embajadores en el mundo, bien formados, capacitados y reconocidos internacionalmente”, señaló.

A eso se suma que “el productor uruguayo siguió trabajando en genética, no solo buscando el mejor nivel, sino respaldando esa genética con información sólida y confiable”, explicó.

“En Uruguay tenemos genética con datos sobre peso de vellón, diámetro de fibra, largo de mecha, área de ojo de bife o espesor de grasa, pero también estamos avanzando en características vinculadas a eficiencia y emisiones”, destacó.

En ese sentido, Alfredo Fros consideró que el país llega a este momento con una base sólida. “Tenemos una excelente genética nacional para adquirir, sea cual sea el sistema de producción, y hoy es la oportunidad para usar toda esa información y esa tecnología que tuvo un costo muy importante en el pasado”, expresó.

El valor de la lana es estructural  o pasajero

En “Todo el mundo quiere saber si esto es estructural o pasajero, porque hay que tomar decisiones y nadie tiene la verdad absoluta”, dijo Fros, y recordó que “en el mundo todos los países que tienen ovinos tienen menos; los stocks han caído de forma importante en el mundo entero,”.

Esa reducción estructural de la majada global implica, de forma directa, una menor oferta y “al tener menos ovinos hay menos producción y, por lo tanto, menos oferta, y ese es un hecho objetivo”, sostuvo.

El presidente del SUL dijo que las exportaciones de lana van a cerrar este año “con cuarenta y tantos millones de kilos, cuando Uruguay produce poco más de veinte millones” y explicó que eso se debe a que salió al mercado, la lana que estaba en manos de productores, barracas, industria u operadores.

“Las reglas de mercado son bastante sencillas: igual o mayor demanda, menor oferta y sin stock que pueda regular, eso determina que deberíamos tener valores sostenidos”.

 

Desde el mes de septiembre, la zafra lanera ha tenido un fuerte impulso en los valores, situación que se ha convalidado al inicio de este año, a nivel internacional. Santiago Onandi, presidente de la Unión de Consignatarios y Rematadores de Lana del Uruguay (UCRLU), dijo que “el 2026 arrancó con todo en lo que es el mercado lanero, tanto en el exterior como a nivel local, con subas muy interesantes”, afirmó.
el Instituto Nacional de Carnes (INAC) ha decidido colocar a la carne ovina en el centro de la agenda, con el objetivo de mejorar el ingreso a los mercados internacionales y realizar cambios en la industria y la producción, de manera de poder revertir la caída sostenida del stock. El presidente del organismo, Cr. Gastón Scayola, dijo que el sector arrastra más de 25 años de deterioro sostenido, pero que, a su juicio, reúne condiciones productivas, sociales y comerciales que justifican un esfuerzo decidido para revertir esa trayectoria.

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