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Garrapata: La genética como elemento de control

El Dr. Santiago Navas de INTA Argentina destacó el sistema inmunológico del componente índico de las sintéticas frente a la garrapata

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En el marco de la Gira de Otoño de la Sociedad de Criadores de Brangus del Uruguay, se realizó en el predio de la Asociación Rural Exposición Feria de Paysandú, la presentación de una charla denominada “Incidencia de la garrapata, una experiencia con ganado Brangus”, desarrollada por el Dr. Santiago Navas, investigador del Instituto Nacional de Tecnologías Agropecuarias (INTA) de Argentina. El profesional, en su presentación, abordó la problemática desde una perspectiva técnica y propuso, que la genética debe deja de ser solo una cuestión estética o de peso para convertirse en una barrera biológica fundamental contra uno de los parásitos que causan mayores daños económicos de la región.

Durante décadas, la ganadería ha descansado su estrategia de control del parásito en un sistema que muestra signos de agotamiento, como lo es la realización de los controles basados, casi exclusivamente, en el uso de químicos. Si bien el especialista reconoce que estas herramientas siguen siendo una parte necesaria del arsenal sanitario, advierte que el modelo actual se enfrenta a límites estructurales que no pueden ignorarse por más tiempo. El Dr. Navas remarcó que el combate con químicos está perdiendo la batalla. En primer lugar, señaló la resistencia a los productos garrapaticidas, una respuesta evolutiva del parásito ante la presión de selección constante, y en segundo lugar, vinculó las exigencias de los mercados internacionales con tiempos de carencia muy prologados en algunos productos, que generan residuos en carne y pueden determinar la pérdida de mercados para nuestras carnes.

AMENAZA. Uno de los puntos de mayor preocupación para el Dr. Navas radica en el carácter acumulativo de ciertas moléculas que son pilares en el tratamiento actual, como las Lactonas Macrocíclicas y el Fluazurón. Estas drogas, valoradas por su larga acción, presentan un comportamiento farmacocinético que el productor suele desconocer en profundidad. La rotación de principios activos, una práctica ampliamente recomendada en Uruguay para mitigar la resistencia, puede volverse un arma de doble filo si no se considera la acumulación residual que generan los tratamientos sucesivos en periodos cortos de tiempo.

El investigador detalló que los estudios realizados en Argentina confirman que la aplicación repetida de estas sustancias genera una carga de depósitos que no se elimina con la velocidad que a veces se asume en la gestión de campo. Sobre este riesgo, Navas dijo que en Argentina se ha comprobado que “tratamientos sucesivos, con ya sea con ivermectina o con Fluazurón, generan una acumulación en la cantidad de residuos. Ambas drogas son muy lipofílicas. Pero cuando te estoy hablando de esto, es en tejido, en músculo. Sí, porque ambas drogas, tanto el ivermectina como el Fluazurón son muy lipofílicas y uno esperaría naturalmente que haya mucha droga en la grasa. Pero el tema es en la carne, es el tejido, en el músculo”.

GENÉTICA. Frente a la crisis de los acaricidas, la ciencia ha rescatado y está refinando conocimientos que tienen décadas de existencia pero que fueron opacados por la aparente facilidad de las soluciones químicas. El Dr. Navas recordó que la base científica de la resistencia genética a los parásitos tiene sus raíces en las investigaciones australianas de los años 60 y 70. Lo que hoy se presenta como una innovación en el manejo de razas sintéticas como el Brangus, es la aplicación práctica de principios biológicos largamente probados.

En este sentido, el trabajo actual del INTA junto a la Asociación Argentina de Brangus consiste en perfeccionar los protocolos para identificar y seleccionar a los individuos que poseen de forma natural una mayor capacidad de defensa. Aclaró que la intención, que el mensaje, de la charla no es presentar descubrimientos revolucionarios, sino herramientas de precisión que ayuden al productor.

“Esto se conoce hace 50 años. Lo que pasa es que quedó soslayado. Siempre hubo una gran contribución en este sentido de los australianos en la década del 60 y 70. Todo lo que estamos encontrando nosotros en Sudamérica en los últimos años es totalmente concordante con lo que ya habían explicado los australianos en aquellas décadas. Entonces, la verdad no es que estamos descubriendo grandes cosas. Lo que sí, ahora estamos afinando las mediciones de cómo impacta esto” indicó el profesional.

ÍNDICO. La clave de la superioridad de las razas sintéticas como el Brangus o el Braford en zonas de alta infestación reside directamente en su componente índico. Navas explicó que existe una correlación directa entre el porcentaje de sangre Cebú y la capacidad del animal para repeler o eliminar las larvas de garrapata. “No se trata de eliminar la producción de biotipos británicos, sino de entender cómo la incorporación estratégica de genética índica transforma la epidemiología del potrero. El sistema inmunológico del animal con este aporte genético realiza un trabajo que la química muchas veces no logra concretar”.

Para ilustrar de manera sencilla cómo opera esta ventaja biológica, el investigador utilizó una comparación numérica sobre el destino de las larvas, que son el estadio infectante casi invisible para el ojo humano en las pasturas. La diferencia entre una raza susceptible y una sintética es abismal en términos de supervivencia del parásito.

El Dr. Navas explicó que “no es que no levantan. Lo que pasa es que hay un estadío infectante que es la larva, que el productor no la ve, que es muy chiquita, que está en las pasturas. ¿Qué pasa si sube en un biotipo muy susceptible? Se suben 100 de estas larvas. Van a cumplir su ciclo el 20%. Ahora, si esas 100 larvas suben en una raza sintética, va a llegar el 1%. O sea que el sistema inmune del animal ya está matando y haciendo inviable el ciclo al 99% de las larvas”.

Al morir el 99% de las larvas que intentan colonizar a un bovino resistente, la cantidad de huevos que regresan a la pastura es infinitamente menor en comparación con lo que sucede en un rodeo de biotipos altamente sensibles. Esto genera lo que Navas denomina un ciclo virtuoso, donde el nivel de infestación del establecimiento deja de ser crítico, permitiendo espaciar los tratamientos químicos y, por ende, reduciendo la presión de selección para la resistencia.

Sin embargo, el especialista aclaró que la genética no es una solución mágica que limpie el campo por completo. “Esto no implica que un campo se va a limpiar. Para nada, ni de cerca. Pero sí, los niveles de infestación van a ser menores. La necesidad de tratamientos químicos va a ser menor”, explicó. Este alivio en la presión parasitaria tiene efectos directos en la salud general del rodeo, ya que la garrapata ejerce un efecto inmunosupresor que a menudo pasa desapercibido para el productor, quien suele enfocarse solo en la “tristeza bovina” (babesiosis y anaplasmosis) por su impacto letal evidente.

COSTOS. Uno de los argumentos más fuertes para la adopción de genética resistente es el impacto directo en la producción de carne. El Dr. Navas advirtió que el productor suele ignorar la cantidad de kilos que se pierden debido a las altas infestaciones, ya que no es un daño tan patente como la muerte de un animal por un brote sanitario. En animales en crecimiento, como vaquillonas y terneros, el costo de “alimentar” a los parásitos y el estrés inmunológico que estos provocan se traduce en pérdidas productivas.

Los datos presentados por el profesional, explican que un animal con alta carga de garrapatas puede dejar de ganar entre 20 y 40 kilos en su etapa de desarrollo. Esta diferencia explica por qué en condiciones idénticas de nutrición y estrés, el ternero Brangus suele mostrar un desempeño superior. “A las mismas condiciones de nutrición y de estrés y otros factores externos, los altos niveles de infestación tienen un efecto muy significativo en la ganancia de peso, y eso el productor no lo percibe. No es como la tristeza que ven que los animales se enferman o se les mueren, que es muy patente. Esto no lo percibe, pero es muy significativo” indicó el profesional.

Control integrado de la garrapata

Para gestionar de forma exitosa el complejo escenario de la garrapata en la zona endémica, el Dr. Navas propone un manejo integrado que se apoya en tres pilares.

El primero es el conocimiento riguroso de la realidad de cada predio mediante testeos de resistencia continuos. “Aplicar una droga sin saber si la población de garrapatas es susceptible a ella es una inversión económica inútil que solo agrava el problema de la resistencia” dijo.

El segundo pilar es la inmunidad. Contar con un rodeo protegido contra la babesiosis y la anaplasmosis mediante la aplicación de la Hemovacuna es vital para poder tomar decisiones de manejo sin la presión de un brote de mortandad. Navas lamentó que, a pesar de que Uruguay y Argentina disponen de la hemovacuna, su adopción no sea completa.

El tercer pilar es el uso estratégico de nuevas moléculas, como el Fluralaner, que ofrecen una alta eficacia en escenarios de multirresistencia. No obstante, advirtió que se debe cuidar está molécula, porque “cuando se nos caiga, no queda nada con que tratar”.

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