Ganadería / Opinión

El dólar autoconvocado

Despertó el dólar con una suba de 7% en 20 días. Era uno de los reclamos más fuertes del movimiento de ‘autoconvocados’, hoy configurado en “Un Solo Uruguay”.

Hijo de Magdalena Taranco. (*)

Si bien la moneda estadounidense había bajado en todo el mundo, los problemas de competitividad de Uruguay han tenido raíces propias: una excesiva expansión del gasto estatal, política salarial que desconoce la productividad (y afecta el empleo), y una política monetaria que -en aras de controlar la inflación- tiende a deprimir el dólar. Pero también reflejaba -hasta ahora- el hecho de que Argentina mantenía su propia situación de retraso cambiario, que se transfería a Uruguay por el fuerte vínculo entre ambas economías (turismo, mercado inmobiliario, etc.). Tanto que algunos economistas han argumentado que en Uruguay no ha habido un retraso cambiario significativo en la medida que el tipo de cambio -que es un dato promedio para toda la economía- tiene que reflejar, en parte, la situación en Argentina.

En los últimos días el escenario cambió y -si bien está por verse la magnitud del giro- todo indica que difícilmente volvamos a un dólar débil: el ciclo de expansión monetaria en EE.UU. terminó y la tasa de interés internacional va subiendo paulatinamente. Esto fortalece el dólar en todo el mundo y los capitales reconsideran sus posiciones en mercados emergentes, como Uruguay, Argentina y Brasil. Con tasas bajas en EE.UU. el capital buscaba otros lugares de mejor rentabilidad; ahora la tasa del bono estadounidense a 10 años paga 3% anual y con tendencia al alza; hay que ofrecer retornos más altos para atraerlo.

Este cambio complica a los países con economías más frágiles y Argentina está primera en la lista: su altísimo déficit fiscal (6% del PBI) la hace extremadamente dependiente del financiamiento externo, que -por lo dicho- ahora se restringe. Sumado esto a otros problemas (conducción económica confusa, impuesto a la ganancia financiera, etc.), se generó una corrida cambiaria que sacudió la sociedad argentina y la introdujo, otra vez, en el lodo de la especulación financiera, la politiquería de corto plazo y la incertidumbre general. Mala cosa.

En consecuencia, esa suerte de ‘ancla cambiaria’ que imponía Argentina en la región, parece levantarse. También subió el dólar en Brasil y en Europa, por lo que Uruguay no puede quedar en offside: tiene que acompañar la tendencia. Así, el dólar subió ‘autoconvocado’: más por cuestiones externas que por decisión política propia del Uruguay. Los problemas de fondo siguen pendientes.

Aunque la suba del dólar genera cierta incertidumbre, puede tener sus beneficios: el aumento -a mi juicio- equilibra mejor las relaciones de precios al subir los bienes transables (exportados o importados, que cotizan en dólares), y bajar los servicios no transables (costos internos, que se pautan en pesos y -por tanto- bajan en dólares); así, tiende a mejorar la renta exportadora, los productos importados se encarecen y dan más aire a algunos sectores productivos que compiten con lo importado en el mercado local, y el ‘costo país’ (tarifas, salarios, impuestos) baja en términos internacionales. Claro que todo esto ocurre también en los países vecinos y en Europa, por eso es importante ver la evolución relativa de los precios respecto al resto de los mercados, considerando dólar e inflación. En este sentido, el dólar en Uruguay apenas ha recuperado el valor real de hace un año, después de la caída que tuvo en los primeros meses de 2018. Por ahora, más ruido que nueces. Mientras, Brasil y Argentina devalúan sus monedas claramente por encima de la inflación…

En el futuro inmediato, varios asuntos clave. La suba reciente del dólar puede impactar parcialmente la inflación, pero el dólar también contribuyó a bajarla antes; por tanto, no es excusa para no dejar subir el tipo de cambio si los fundamentos lo exigen. Otro punto clave es la evolución del salario: el gobierno ha pautado lineamientos con aumentos nominales de entre 5,5 y 6,5% anual que hay que mantener, si realmente se quiere cuidar la competitividad; por otro lado, a pesar de la suba del dólar, hay que evitar aumentos de tarifas y -si es posible- bajarlas. El aumento del petróleo no ayuda, pero bastante barato estuvo por mucho tiempo; ANCAP no puede desconocerlo. Se trata de evitar que la indexación erosione la ganancia de competitividad-precio que puede habilitar la suba del dólar.

Finalmente, no puede soslayarse que un fortalecimiento global del dólar tiende a reducir los precios internacionales, lo que puede afectar al sector exportador. Una cosa compensa a la otra: dólar fuerte, precios en dólares menores. Esto puede tener variaciones y excepciones: así como el petróleo sube por temas políticos (Trump, Irán), la soja tiene sus circunstancias propias (el precio mejoró en los últimos meses) y la carne uruguaya está promediando buenos precios, por la firme demanda china. Sin embargo, con el reciente empuje del dólar, el novillo apenas recupera valor real (ver gráfica). Estamos en pleno proceso de cambio de precios relativos y Uruguay no puede bajar la guardia, si quiere preservar las cuestiones que verdaderamente importan: el crecimiento y el empleo.

 

(*) Homenaje de EL PAÍS a las madres en su día. Columna del Ing. Agr. Nicolás Lussich.

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