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Embriones impulsan la masificación de la genética de punta

En la Expo Prado, vidriera máxima de la ganadería nacional, detrás de casi todos los animales que desfilan en las pistas de calificaciones y principalmente en los Grandes Campeones, siempre hay una historia que a simple vista no se ve. Es la historia del semen, de los embriones, de las vacas donantes y de las receptoras que gestan terneros que no llevan su sangre. Una cadena biotecnológica que, según quienes trabajan en ella, crece año a año y empieza a salir de la punta de la pirámide para llegar a productores que hasta hace poco la veían lejana. Santiago Pereira Campomar, director de laboratorio In Vitro, explicó que la biotecnología reproductiva dejó de ser un lujo de las cabañas y cómo se reparte hoy la genética de una Gran Campeona entre los productores y porque actualmente “es una inversión, sin lugar a dudas”.

Santiago Pereira Campomar

-Más allá de ver toros y vacas en la pista, hablemos de la genética que se vende a través de semen y embriones. Hoy incluso desfilan y hay grandes campeones que son nacidos de trasplantes embrionarios. ¿Cómo está ese mercado?

-Es un mercado que viene creciendo año a año. Cada vez hay más gente que quiere superarse, que cree en la genética y que sabe que no todo pasa por la alimentación, hay que sumarle genética de primer nivel para alcanzar los objetivos más rápido. Hoy está fuera de discusión que el componente genético, sumado a la alimentación, es la combinación perfecta. Y más con los mercados que tenemos y el momento de precios que estamos viviendo a nivel país, tanto en la cría como para el ganado gordo.

-Y el Prado es la vidriera de todo eso.

-Es la exposición más importante del Uruguay, la punta de la pirámide. Si te ponés a analizar los catálogos, si te ponés a analizar los ganadores, todos son hechos por nosotros, en el laboratorio. ¿Por qué? Porque tiene lógica que sean los animales premiados. Si un productor agarra lo que el considera el mejor toro y lo combina con las mejores vacas de cada establecimiento, o sea que el productor elija sus mejores cinco, 10 o 15 vacas más productivas para ser las donantes, como les llamamos, al final te salen animales superiores. Eso es lo que vemos acá en el Prado, salen animales premiados porque tienen un potencial genético muy fuerte.

-Siempre se dijo que en genética uno más uno no es dos, que juntar el mejor toro con la mejor vaca no garantiza nada y tu mencionas que el mejor toro y las mejores vacas, generan animales superiores. ¿Cambia mucho el trabajo realizado en el laboratorio respecto a lo que el productor hace en el campo?

-Lo que pasa es que uno va trabajando sobre familias y va confirmando la consistencia genética. Aquellas madres que te producen muy bien en el campo, las vas seleccionando, y después trabajás sobre las hijas y sobre las nietas. Eso es lo que llamamos familias genéticas.

-¿Hay algún ejemplo en esta Expo Prado, para que el productor entienda este concepto de familias genéticas?

-Sí, por ejemplo, la Campeona ternera mayor de la raza Aberdeen Angus en esta exposición, es hija de la Gran Campeona Mundial de la raza, de Roberto J. Zerbino, Lingay y Milkland, esta ternera es hija de “Biónica”. Entonces, si escarbás un poquito, si buscas empiezan a aflorar los animales premiados en esa familia genética. Y tiene su lógica, porque son animales superiores que se destacaron; si los combinás bien, salen animales superiores tanto a nivel de las pistas, como a nivel de campo, porque si mirás los buenos rodeos de punta, también tienen grandes campeones en su historia.

-Decías que la producción de embriones viene en crecimiento. ¿Qué lo explica este incremento, además de los resultados en las pistas?

-Hoy cualquier productor puede acceder a esta genética, porque en los remates se venden hembras superiores, algo que antes era más difícil. Hoy se venden madres superiores, se venden al 50%. Entonces vos comprás la mitad de una vaquillona destacada, o de la Campeona o la Gran Campeona. De hecho, la Gran Campeona Angus de esta Expo Prado, ya estaba vendida el 50%.

-¿Y cómo se reparte, en la práctica, esa vaca, o la producción de ese animal entre los dos dueños?

-Lo que hacemos es ir a la cabaña, sacarle embriones y repartir la genética entre el cabañero que la crió y el nuevo dueño, que puede ser un cabañero o un productor comercial que quiere mejorar la genética en su predio. Entonces ese nuevo productor está accediendo a una genética superior, pone los embriones en las vacas donantes, al año siguiente le nacen y al otro está en el Prado con el hijo de la Gran Campeona, por ejemplo.

-¿Se puede decir, entonces, que esto se masificó, o sigue siendo algo restringido a la punta de la pirámide?

-Se está masificando, sí. Hay mucha gente que está produciendo sus propios toros a través de embriones, justamente porque cree en esa genética superior, y los destina a uso propio. Otros vienen acá al Prado o tienen sus remates anuales, donde venden sus reproductores machos y hembras.

-¿Hacia dónde va la tendencia?

-Creo que hacía masificarse cada vez más. Es un poco lo que pasó con el semen al inicio, arrancó hace muchos años como algo raro, y hoy cualquiera insemina, se consiguen muchos inseminadores y es un producto masivo.

-¿Se prioriza la genética nacional, los grandes campeones de cabañas uruguayas, o se está importando embriones?

-Hay de todo. Te diría que el porcentaje está dividido. Básicamente, los orígenes de la genética que se está usando son Estados Unidos, Argentina y Uruguay.

-¿Un tercio para cada uno?

-No me animaría a decir un tercio, pero cada uno tiene su participación.

-O sea que ¿la genética local compite de igual a igual con la importada?

-Acá en el Prado, por ejemplo, salió premiado esta semana un ternero angus, hijo del Gran Campeón de 2024 de esta exposición, de Campo Norte. Se va usando la genética uruguaya, gusta, deja descendencia, y vemos esa progenie está compitiendo con toros importados, con semen de Argentina, de Estados Unidos, de Canadá. Está muy bueno, porque hay una apertura de sangre muy buena.

-Te harán la misma pregunta que te hacían cuando empezaste a vender semen: ¿esto es caro? ¿O es una técnica que ya tiene un precio al alcance del productor que quiere ordenar su rodeo, tener buenos vientres y emparejar su ganado?

-No, no. Caro no, sin duda, y mucho menos con los precios de hoy. Si hoy vendemos una vaca gorda a 1.400 dólares, según lo que pese, por supuesto, y un novillo de punta está a 1.700 o 1.800 dólares, esto es una inversión sin lugar a dudas, tanto los embriones como el semen.

-¿Se recupera rápido esa inversión?

- Hay que ver que queda toda la descendencia y los genes que nosotros queremos que dejen en el rodeo. Además, esto te ayuda a sacar los animales antes, mejora la eficiencia de conversión, son animales que, con menos pasto, hacen más carne, más kilos en menos tiempo. Eso es más rentable. No nos olvidemos de que detrás de todo esto que estamos hablando, semen, embriones o toros, el producto final es la carne. Todo termina en carne, ¿de qué manera se llega a una buena carne? A través de la genética, y por eso hablamos de la punta de la pirámide. Si logramos animales más eficientes, que es lo que estamos buscando, que coman menos y conviertan más, los vamos a tener menos tiempo en el campo, y eso es más rentabilidad.

-¿Es un trabajo que hay que hacer todos los años?, ¿o el productor puede decidir hacerlo un año sí y otro no?

-No, no. Las sangres se renuevan, salen animales nuevos, vienen toros consagrados en otros lados y hay que ir renovando. Las combinaciones de determinadas sangres las vamos haciendo con toros nuevos, y el resultado está a la vista en lo que estamos viendo acá, en el Prado. Te diría que en los programas que tienen tanto los cabañeros como los productores, es de todos los años y con mucha frecuencia.

-¿Con cuánta frecuencia se retiran los ovocitos?

-Tenemos clientes a los que, sistemáticamente, todo el año, vamos cada 20 días a sacarles embriones. Les dejamos un intervalo de descanso de 20 días y volvemos al campo. Aspiramos las vacas y sacamos ovocitos, que vienen al laboratorio, acá en Montevideo. Los transformamos en embriones, los congelamos y los transferimos cuando el productor tenga receptoras. La receptora es el envase, el vientre donde se va a gestar. No es la madre, es un envase que hace la gestación y va a parir un ternero que no tiene nada que ver con ella. Va a parir el ternero de la combinación genética de fulana con mengano. De ahí vienen los animales que llegan al Prado, las cabezas de remate y los toros que cada uno usa en su campo. Ahí se puede ver la descendencia de esos genes.

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