Caballos

Los 40 años de Cuarto de Milla en el Uruguay

Desde el “Doble Hondo” hasta nuestros días, la raza ha tenido constante crecimiento en el país.

Los criadores pioneros que trajeron los primeros 53 caballos en el año 1980 desde Estados Unidos. Foto: libro Aeropuerto de Carrasco (gentileza Javier Pastoriza).

Pablo D. Mestre

Las cuatro décadas que celebra este año la Sociedad de Criadores de Cuarto de Milla son mucho más que cuarenta años para los amantes de la raza. En este tiempo hay una larga historia que sirvió para que hoy disfruten del conocido como “el caballo más versátil del mundo”.

El origen. A fines de la década del 70, el Dr. Euclides Aranha, criador brasileño de Cuarto de Milla, con familia política propietaria de un campo en Lavalleja, en la zona de Colón, trajo desde San Pablo, un padrillo a Uruguay: el “Doble Hondo”.

Quizás ahí está el principio de todo.

Eran épocas en las que había gente que tenía caballos de razas definidas, Criollos por ejemplo, pero se daba también mucho cruzamiento de caballadas de estancia con Pura Sangre de Carrera y sacaban un caballo mestizo.

Entonces, el impacto que causó este caballo en la zona de Lavalleja fue tal, que su fama se expandió por todo el país.

Un segundo caballo, el “Riachuelo Cody”, también traído por el Dr. Aranha desde Brasil para servir las yeguas media sangre de “Doble Hondo”, fue exhibido en la Expo Prado 1979. Su presencia fue motivacional para la “movida” de criadores interesados en la raza. Y quizás el puntapié inicial para la gira que se hizo en el 80 a Estados Unidos a comprar caballos.

El interés. Así comenzó una movida para traer más productos de esta raza de la que poco se sabía aún, pero ya se deseaba.

“Se escuchaba hablar de una raza de caballos de Estados Unidos que surgió a principios del siglo pasado, pero que tomó fuerza como Asociación Americana en la década del 50”, recuerdan don Julio Bonomi y el Ing. Pablo Barreto.

Julio “Totí” Bonomi fue el gran impulsor del grupo de criadores que fue a EE.UU. hace 40 años.

Esa raza, le debía su nombre a lo que se llamaban los ‘Quarter Mille Horse”. Ni más ni menos que los caballos de trabajo de los vaqueros. Épocas en las cuales, la diversión de fin de semana en los pueblos de Estados Unidos eran las carreras en la calle central de los mismos. La distancia era de un cuarto de milla. Este caballo: mediano, poderoso y muy inteligente para aprender, era imbatible en esa distancia (de ahí su nombre).

Cuando se abren los registros en EE.UU., se funda oficialmente la Asociación de Criadores, y tomaron el nombre por el cual el caballo era conocido: Quarter Horse, o Cuarto de Milla como se lo llama en el mundo hispano parlante.

La Expo Prado 79 fue motivadora en Uruguay y muchos criadores querían tener esos caballos en sus campos.

Pero, había un problema sanitario. O creían que lo había…

En épocas donde aún el whatsapp y las redes no estaban ni en los sueños del universo, se decía que en Estados Unidos estaba bravo el tema de la “estomatitis vesicular”, enfermedad que atacaba a los caballos. Quiso el destino que por esos días quien era director de los Servicios Ganaderos del MGAP, el Dr. Magallanes, tuvo que ir a un congreso en Estados. Unidos. A su regreso, no sólo trajo la noticia que no existía más dicha enfermedad, y que muchos Estados fueron declarados libres de la misma, sino que se vino ya con lo que sería prácticamente el protocolo sanitario semi aprobado.

Los pioneros. Entonces, un grupo de criadores, liderado por don Julio Bonomi, por ese tiempo directivo de ARU y Director de Exposiciones, resolvieron ir a buscar esos caballos “como los del Dr. Aranha que tanto nos había entusiasmado”, recuerda.

Así, a principios de 1980, partieron cinco entusiastas criadores a buscar lo que se conocía como “el caballo más versátil del mundo”.

Los inspiraba, además del conocido padrillo brasileño que pisó tierras uruguayas, “lo que habíamos visto en algunas películas”. Porque, en épocas donde John Wayne era estrella mundial, “por algo lo usaban los cowboys…”.

El Ing. Agr. Pablo Barreto también estuvo en el grupo inicial de criadores hace 40 años.

La embajada de EEUU, a través de su Departamento Agrícola, “nos contacta con la AQHA y ésta nos recomienda a Sr. Bill Verdugo, exportador de caballos y conocedor de todo el mundo del Cuarto de Milla. Con Bill hicimos una gran amistad”, recuerda Bonomi.

Recorriendo “ranchos” acompañados por el experto estadounidense, finalmente concretaron la compra de 53 caballos: padrillos, yeguas preñadas y algunas incluso con sus potrillos al pie, los que serían diseminados entre varios criadores interesados en Uruguay. Para ser precisos: 18 personas.

“Tenía que ser un volumen interesante para abatir los altos costos que significaba el transporte, por eso fleteamos un avión de carga entero”, recuerdan Bonomi y Barreto.

Y hasta hoy se emocionan al recordar ese día de diciembre de 1980 con cientos de personas en el Aeropuerto de Carrasco esperando la llegada de esos primeros Cuarto de Milla que arribaron al país, hace ya 40 años.

Y el mismo año que se crea la Sociedad de Criadores en Uruguay.

Pero no fue fácil. Para disfrutarlos en sus establecimientos, tuvieron que esperar la cuarentena sanitaria que se realizó en la Rural del Prado. En contra partida, lo que fue sufrimiento para los nuevos compradores, sin dudas también sirvió de entusiasmo para otros criadores ya que la Rural se transformo en una visita permanente de los cultores del caballo.

La expansión. No mucho tiempo después, encararon una nueva importación de caballos desde Estados Unidos. País “cuna” de los Cuarto de Milla con cuya Sociedad de Criadores (AQHA), Uruguay mantiene hasta hoy estrechos vínculos.

“La gente vio los caballos y les gustaron, los primeros remates eran un éxito, pero nadie vendía hembras”. Entonces, en el año 1987, se trajo otro avión lleno de caballos desde Estados Unidos para varios criadores de todo el país.

Después, por un tema de costos, Brasil fue el objetivo. “Traer un caballo desde Estados Unidos, donde estaban muy valorizados además, tenía un costo de flete de US$ 5.000 por cabeza y no siempre se podía traer un avión lleno. Mientras de San Pablo se traían por tierra por menos de US$ 2.000 tres caballos juntos”.

Pero además en Brasil había muy buen nivel de Cuarto de Milla importados de EE.UU., especialmente en San Pablo, pero también en Río Grande del Sur.

Y los caballos no venían solos. También llegaron al país presentadores brasileños. “La venida de los importados fue fundamental para el crecimiento” recuerda Barreto. Porque, si algunos criadores se van de la raza, los caballos y sus crías quedan acá”, mencionó.

El presente.  En la actualidad, según el Ing. Barreto, “la raza está bien, impuesta y le hizo muy bien al resto de las Sociedades de Criadores, pues motivó a la mejora de los caballos en general”.

El reflejo de la expansión es que, en cualquier actividad que organiza la Sociedad en cuanto a pruebas, congrega a gran cantidad de criadores de todas las edades.

También en los remates se cotiza, “en los caballos para trabajo, pero especialmente en las líneas de carrera de la raza que son muy demandados”, mencionó Pablo Barreto.

Por todo eso, las cuatro décadas que celebra este año la Sociedad de Criadores de Cuarto de Milla son mucho más que cuarenta años simplemente… Es la historia de superación de la raza en el país.

Del caballo “para todo” a la profesionalización en la cría

Sabida es la reconocida versatilidad de los caballos Cuarto de Milla en sus líneas de conformación, rienda y carreras.

Al inicio de su historia en el Uruguay fue una especie de boom. “Se llenó rápidamente de caballos, pese a que hubo muchos detractores, había gente que los buscaba y los quería”, mencionó el Ing. Pablo Barreto.

Algunos, “pocos por suerte”, decían que era un caballo de fin de semana, o que los americanos racionaban, “y que acá no iba a andar porque le faltaba resistencia o rusticidad”, recuerda uno de los criadores pioneros.

No obstante ello, en los 80 y en los 90, la raza tuvo un crecimiento masivo. “Ya no respondía a zonas ni a tipo de criadores o a nivel social”.

Esto, porque según Barreto, es un caballo que se metió “a nivel de trabajo de estancias, de reproductores, de empresas grandes que querían tener su propia manada de Cuarto de Milla. Y también los que estaban en eventos deportivos, como los apadrinadores en las fiestas criollas, que veían en este caballo algo sumamente útil para su tarea como la potencia, la velocidad en la distancia corta”. Y esa velocidad en la distancia corta, que marca el origen de la raza, “hizo que se llenaran las clásicas competencias de carreras en todo el interior del país”.

Pero se fue profesionalizando.

“Al principio todo el mundo hacía todo con el mismo caballo”. Barreto recuerda que la población de caballos no era tanta y ahí el Cuarto de Milla demostró que era versátil. “Un caballo que se comportó bien a campo, sus hijos cruzados con las yeguas en las estancias se comportaron muy bien”. Esos mismos caballos “corrían los fines de semana y eran más ligeros que los otros”.

Después, sostuvo, “empezamos en una etapa de profesionalismo, las competencias se hicieron más exigentes y las líneas de sangres más específicas para la rienda y los trabajos de maniobras en tanques y estacas, así como en las carreras empezaron a aparecer las líneas de sangres respectivas”.

Y en las exposiciones empezaron a ganar los caballos que venían desde otros países ya con líneas definidas de selección muy estrictas en conformación o definidamente caballos de conformación que se trajeron desde San Pablo, por ejemplo. Ahí, agregó el Ing. Barreto, “se profesionalizó la competencia, Uruguay empezó a tener un caballo Cuarto de Milla para cada cosa, como debe ser”.