Rurales El Suplemento

Carnes: La base está

“Pese a coyuntura actual, en 2020 China debería salir a comprar fuerte”.

Ing. Agr. Rafael Tardáguila
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El mercado ganadero y de la carne vacuna cierra el año con un tono bien distinto al que fue la norma durante 2019. Precios del gordo en caída -que impactan sobre las demás categorías- y precios de la carne en el mercado internacional con fuertes correcciones bajistas en un marco de virtual cese de compras por parte de China, el comprador cuasi hegemónico.

Si se observa solo el corto plazo, la situación dista de ser la mejor. Sin embargo, al otear el panorama para 2020 hay que levantar la mirada, intentar ver más allá, y no se observan cambios fundamentales que alteren la perspectiva de mediano plazo en el mercado ganadero. Más bien todo lo contrario.

Desde el lado de la demanda, las necesidades de proteína animal por parte de China siguen siendo muy importantes. Deben cubrir un déficit de unos 20 millones de toneladas que no será producida debido a la epidemia de fiebre porcina africana que diezmó las existencias de cerdos en el país. China es, nada menos, el principal productor y consumidor mundial de esta proteína. No alcanza toda la carne que se comercializa en el mundo para cubrir el déficit. Por tanto, la demanda parece estar asegurada.

Los casos de fiebre porcina se siguen dando semana a semana, como se puede observar en la imagen de la FAO. Cada punto rojo es un caso más en la última semana de la que había datos (al 12 de diciembre), con la trascendente novedad de que se registró el primer brote en Indonesia. Los puntos rosados son los brotes generados desde que comenzó esta epidemia en agosto de 2018. El impacto va mucho más allá de China, aunque lógicamente es el más importante por su población y capacidad de consumo.

La retracción de la demanda de China en las últimas semanas guarda relación con un “hasta acá llegamos” de las autoridades, al observar las cotizaciones estratosféricas que se estaban pagando por el producto importado, con el impacto en los precios al consumidor y, por ende, en la inflación. Como respuesta, solicitaron a las empresas que financian a las importadoras a cortar los créditos, liberaron masivos stocks de carne de cerdo e hicieron más permeable el canal gris, carne que ingresa de contrabando desde Hong Kong y Vietnam.

Todavía le quedan algunas cartas por jugar, pero son más arriesgadas, como habilitar el ingreso de forma directa de la carne de búfalo que exporta India. Si esto llegase a causar algún problema sanitario en la población -como el caso de la melamina en lácteos para bebés en 2008- el impacto sería sumamente negativo. La seguridad sanitaria es una exigencia de primer orden para China.
A nivel mundial no le quedan muchas más cosas por habilitar. Nuevos países y plantas exportadoras de carne se han habilitado en los últimos meses, en muchos casos con “visitas técnicas” por Skype y en no más de 48 horas.

Por lo tanto, en el plano internacional tendrían que cambiar mucho las cosas como para que la demanda por carne no sea intensa. La calma actual podría extenderse hasta pasadas las fiestas del Año Nuevo chino a fines de enero, pero en algún momento deberán salir a comprar fuerte de nuevo.

Esto se complementa a nivel local con una oferta de animales en edad de faena que no abunda. Los novillos prontos son escasos y habrá que esperar al menos hasta el segundo semestre de 2020 para que la cantidad de novillos terminados comience a crecer de forma paulatina. A su vez, los elevados precios de los terneros han sido un estímulo para que los criadores mantengan a la vaca en el rodeo de cría en lugar de destinarla a una invernada. La cantidad de vacas, por lo tanto, tampoco se espera que crezca. Ni lo hará la de razas lecheras, ya que la liquidación del rodeo en los tambos se moderó.

Así es que la firme demanda internacional enfrenta una oferta interna relativamente escasa. Lo que escasea vale, y todo indica que eso será lo que sucederá en 2020. ¿Esto garantiza precios en niveles cercanos a los máximos alcanzados en 2019? Para nada, pero asegura una base -de no mediar condiciones climáticas muy limitantes- que debería ser suficiente para que el negocio sea rentable. Al menos hasta avanzado el segundo semestre.