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Jóvenes que heredan la pasión: el futuro del Corriedale uruguayo

En el 90° aniversario de la Sociedad de Criadores de Corriedale del Uruguay, las nuevas generaciones de criadores aportan su mirada sobre una raza que combina historia, nobleza y adaptación. De la tradición familiar al desafío de innovar, los jóvenes comparten sus motivaciones, aprendizajes y sueños para el futuro del ovino nacional

Jovenes Corriedale

Corriedale no solo es una raza, es una herencia que pasa de abuelos a nietos, de cabañas a escuelas rurales, de manos curtidas por la esquila a manos jóvenes que miran el futuro con esperanza. En cada generación, el vínculo con esta oveja “todoterreno” se renueva con la misma pasión que la vio nacer hace más de un siglo en los campos del Uruguay.

Hoy, jóvenes criadores como Luciano Dotti, Pedro Fernández, Rafael Elhordoy, Andrea Larrosa, Franco Pérez, Francisco Echeverría y Valentina Menéndez cuentan cómo viven su relación con la raza, qué los motiva a seguir adelante y cómo imaginan el Corriedale del mañana.

Este artículo fue publicado en el Anuario por los 90 años de la Sociedad de Criadores de Corriedale del Uruguay, como parte del reconocimiento a quienes construyeron, con trabajo silencioso y visión de largo plazo, la historia de la raza en el país.

Luciano Dotti: “El Corriedale es como ese amigo de hierro que nunca te deja de a pata”

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Luciano Dotti (31 años) representa una larga historia familiar ligada a la oveja. “La raza ya estaba elegida cuando yo llegué, fue elección de mi abuelo paterno y nosotros seguimos con ella”, recordó. La tradición viene de “muchas generaciones ovejeras”, tanto por el lado materno como paterno.

Desde Batlle y Ordóñez, destacó la nobleza del Corriedale, una raza “versátil, mansa, rústica y adaptable a cualquier sistema de producción”. Para Dotti, es “la todoterreno de las ovejas”. Aprendió de sus mayores el valor del trabajo paciente y la observación: “Cuando todo era a ojo y no teníamos tantas herramientas, aprendimos a apreciar los buenos animales”.

Sobre el presente, consideró que el rubro ovino “se está reestructurando” y que el Corriedale tiene un “abanico muy grande” de posibilidades: carne, lana, fertilidad. “Hemos sido pioneros en avances genéticos y estudios, pero tenemos la deuda de sumar nuevas personas motivadas por la raza”, reflexionó.

Su desafío personal es mantener el legado familiar y adaptarlo a los nuevos tiempos: “Es una responsabilidad muy grande seguir navegando este barco, hacerlo de buena manera y adaptarnos a lo que la ovinocultura actual demanda”.
Para él, Corriedale del futuro será “fino, precoz, con buenas reses carniceras y ovejas prolíficas”. Y lo define con una frase simple pero contundente: “Es como ese amigo de hierro que pasan los años pero lo seguís eligiendo”.

Pedro Fernández Castells: “El Corriedale es sacrificio que da frutos”

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Con apenas 13 años, Pedro Fernández Castells representa la esperanza más joven de la raza. Desde el paraje Batoví, en Durazno, recordó que su vínculo nació junto a su abuelo: “Tenía campo en Flores y tenía Corriedale. Siempre íbamos a verlos, revisarlos, vacunarlos, y así me fui familiarizando con la raza”.

Pedro aprendió de su abuelo a valorar la lana, la carne y la figura del animal. “Aprendí a ver el valor de la lana, la calidad, los aplomos y la figura de la oveja”, cuenta con naturalidad.

Consciente de los desafíos actuales, señaló que “los bajos precios de la lana desaniman a la gente a seguir produciendo”, aunque valoró el potencial de la raza como “una de las mejores multipropósito”. Para él, Corriedale “sirve tanto para carne como para lana, con un balance muy bueno entre ambas”.

Continuar la tradición familiar tiene para Pedro un gran valor emocional: “Por mi abuelo, que me enseñó todo esto”. Y si tuviera que definir a la raza en una palabra, elige una que resume su espíritu: “sacrificio”. “Da trabajo, da un lindo trabajito, pero da frutos”, dijo con la madurez de quien ya siente la oveja como parte de su vida.

Rafael Elhordoy: “Carne, lana, trabajo, pasión, familia y amigos”

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Rafael Elhordoy lleva al Corriedale en la sangre: es la cuarta generación de criadores en ambas ramas de su familia. “Me empecé a vincular con el Corriedale desde que tengo uso de razón”, afirmó. La oveja fue sustento, unión y motivo de orgullo familiar.

Su pasión está en continuar el legado, cruzando líneas genéticas de ambas familias: “Le encuentro otro valor sentimental a los animales que tienen sangre de mis dos familias. Por suerte nos ha dado muy buenos resultados, alcanzando grandes campeones en distintas exposiciones”.

Elhordoy busca un “Corriedale moderno”: más fino, carnicero, precoz, pero sin perder rusticidad. De sus mayores aprendió a observar con ojo entrenado y a valorar los vellones finos, influencia de su abuelo Julio Elhordoy. “El mejor vellón era casi tan importante como el Gran Campeón”, recordó.

Ve a la raza en buen momento: “Se adapta a todos los sistemas y climas, con rusticidad y docilidad. Es competitiva tanto en carne como en lana”. Y considera clave seguir innovando con evaluaciones genéticas y estudios sobre eficiencia y sostenibilidad.

“El Corriedale no es solo una oveja: es un modo de vida, un lazo familiar y una pasión que nos une”, resumió. Y la define en seis palabras que dicen todo: “Carne, lana, trabajo, pasión, familia y amigos”.

Andrea Larrosa: “El Corriedale es tradición que evoluciona”

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Andrea Larrosa lleva el Corriedale en la sangre. Su historia está profundamente entrelazada con la de su familia y con la figura de su abuelo, Arnoldo Larrosa, quien a sus 97 años sigue siendo un referente dentro de la raza. “Desde siempre estuve vinculada al Corriedale, porque en mi familia se cría desde hace muchísimos años. Crecí rodeada de su trabajo, sus historias y su pasión por el ovino. Más que un inicio concreto, mi vínculo se dio de forma natural, como parte de nuestra vida familiar”, contó.

La elección del Corriedale, explicó, no fue casual: “Combina muy bien con nuestro sistema y con la forma en que trabajamos. Es una raza equilibrada, con buena producción de lana y carne, rústica y adaptable, que responde claramente al trabajo de selección. Eso es algo que mi familia siempre valoró”.

Esa continuidad generacional es lo que le da sentido a su vínculo con el rubro: “Mi bisabuelo empezó criando Merino Rambouillet, y fue mi abuelo quien apostó por el Corriedale. Desde entonces, la raza se convirtió en parte de nuestra identidad productiva y familiar”.

De su abuelo y su familia heredó algo más que una majada: “Aprendí la constancia, el cuidado del detalle y la importancia de mejorar siempre. La producción ovina es un trabajo de paciencia, donde los resultados se ven con el tiempo. Cada avance, por pequeño que sea, forma parte de un proceso que viene de generaciones”.

Andrea ve al Corriedale vigente y competitivo dentro del panorama ovino actual. “Sigue teniendo un rol clave por su equilibrio entre lana y carne. En un contexto donde los mercados cambian rápido, esa doble aptitud es una ventaja enorme”. Resaltó además la rusticidad como una de sus grandes virtudes: “Se adapta a distintos ambientes, mantiene buenas condiciones corporales y responde incluso en años desafiantes”.

Pero también identifica desafíos. “Uno de los grandes temas a mejorar es el marketing, tanto de la lana como de la carne. Muchas veces no comunicamos bien el valor real de nuestros productos. Y en el caso de la carne ovina, deberíamos trabajar para que llegue a más consumidores: es accesible, sana y de gran calidad, pero aún no tiene presencia suficiente en el mercado interno”.

De cara al futuro, imagina un Corriedale moderno, tecnificado y sostenible, con una fuerte incorporación de datos, genética y nuevas herramientas de manejo. “En 10 años veo una raza más afinada, con evaluaciones genómicas más precisas y animales seleccionados por eficiencia y calidad. También una producción más sostenible, con menos dependencia de fármacos y mayor uso de tecnologías que mejoren la precisión y el bienestar animal”.

En sus palabras, el Corriedale representa “una tradición que evoluciona”: una raza que honra su historia pero avanza con innovación y compromiso. “Para mí, continuar esta tradición familiar tiene un valor enorme. No es solo seguir trabajando con una raza que mi bisabuelo y mi abuelo eligieron, es sentir que cada paso que doy forma parte de una historia que sigue creciendo”.

Franco Pérez: “La nobleza del Corriedale es increíble”

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Desde niño, Franco Pérez creció rodeado de ovejas Corriedale. En su familia, la raza se cría desde los tiempos de sus abuelos y bisabuelos, una continuidad que hoy él honra con trabajo, dedicación y pasión. “El vínculo con la Corriedale fue desde un inicio, porque siempre fue la raza que se crió acá. En el establecimiento de mis padres y mis abuelos siempre se trabajó con ella. Eso mismo me llevó a elegirla desde el principio”, contó.

Su conexión con el ovino no es reciente: comenzó su propia cabaña en 2016, cuando tenía apenas 10 años, seleccionando los mejores ejemplares para reproducir. “Desde entonces, todos los años hemos trabajado más intensamente en el mejoramiento genético. En estos pocos años, si uno compara con las cabañas más antiguas del país, se ve el cambio enorme que la raza ha logrado”, explicó.

Franco destacó cómo el Corriedale se ha adaptado a los grandes desafíos del mercado, especialmente tras la caída de los precios de la lana: “Pasamos de tener un Corriedale con micronajes altos y pesos elevados a lograr animales más afinados, sin perder peso corporal ni de vellón. Hoy tenemos un Corriedale moderno, con características impensadas hace unos años, y eso es mérito total de los cabañeros y productores que trabajaron en su mejora genética”.

Para él, la evolución de la raza en tan poco tiempo demuestra su potencial y la calidad del trabajo que hay detrás: “En pocos años se ha hecho magia. El Corriedale se adaptó y siguió produciendo en todos los sistemas, en cualquier zona del país. Es una raza noble, productiva y confiable, por eso sigue siendo la mayoritaria”.

En su establecimiento, la raza continúa marcando la diferencia: “Venimos con valores muy buenos, que motivan y hacen que el ovino vuelva a ser protagonista. En cualquier establecimiento, el Corriedale hace la diferencia”.

Cuando se le pide definir a la raza en una sola palabra, no duda: “nobleza”. “La nobleza del Corriedale es increíble —afirmó—, y por eso la gente la sigue criando generación tras generación”. 

Francisco Echeverría: “Seguir con la tradición familiar es una responsabilidad linda”

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En Ombúes de Lavalle, al frente de cabaña La Lucha, Francisco Echeverría (32) representa la cuarta generación de su familia vinculada al Corriedale. “El gusto por la cría del ovino se transmitió tanto por parte de padre como de madre —contó—, pero mi vínculo con el Corriedale viene por línea paterna. Desde mis bisabuelos hasta hoy, siempre se ha criado la misma raza en el establecimiento”.

Su abuelo fue quien dio impulso a la cabaña, acompañado por su padre y sus tíos. “Comenzaron fuerte con la cría, concurriendo a exposiciones en el Prado y en el interior, vendiendo reproductores y logrando hacerse de un nombre dentro de la raza”, recordó con orgullo. Ese legado marcó su camino: “Desde muy niño estoy en contacto con la oveja, aprendiendo de los que más saben. Las generaciones anteriores supieron transmitirnos la pasión y el cariño por la Corriedale”.

Francisco reconoce que lo que más le apasiona es trabajar en familia y buscar la excelencia genética: “Trabajar en la genética y en una cabaña es apasionante. Siempre se busca ese animal ideal —que quizás nunca se alcanza—, pero hacerlo junto a la familia es lo que más me motiva”.

De sus mayores —su abuelo, sus padres y sus tíos— heredó el conocimiento, pero también la guía de dos grandes referentes: Rubens Ramos y Winston Noya, cabañeros de larga trayectoria en La Lucha. “De ellos aprendí lo que sé sobre la preparación de un animal. Es imposible emparejar el recorrido que tienen, pero hay que mamar lo más que se pueda de esa experiencia”.

Optimista, ve al Corriedale en un muy buen momento: “Hoy hay buenos valores tanto para la carne como para la lana, y los mercados se están moviendo. Si la lana deja un margen con los precios actuales de la carne, es un gran momento para la raza”.

Y agrega: “La raza Corriedale está muy bien adaptada a todo el Uruguay. Cabe en cualquier sistema productivo, es rústica, buena madre y se defiende sola en cualquier ambiente. La Sociedad de Criadores tiene una línea clara y siempre está aggiornándose a lo que pide el mercado.”

Para Francisco, seguir con la tradición familiar tiene un valor enorme. “Es una responsabilidad linda —dijo—. Detrás hay muchos años de trabajo, y poder continuar ese camino iniciado por mi abuelo, mis padres y mis tíos es muy especial”.
Mira el futuro con confianza: “Si se incentiva la producción ovina y se da seguridad al productor, el ovino va a crecer en Uruguay. Y ahí, la Corriedale se defiende sola: tiene todo para seguir siendo protagonista”.

Valentina Menéndez: “El Corriedale es instinto, familia y comunidad”

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La historia de Valentina Menéndez (27) dentro del Corriedale no empezó con ella, sino casi un siglo antes. Su bisabuelo Don Lucas fue quien, en 1926, quedó maravillado por la mansedumbre de las ovejas: “Podías recorrer a caballo, acercarte a una oveja recién parida y ella no salía disparando”. Esa simple escena marcó el inicio de una tradición que atravesó generaciones.

Luego siguió su abuelo —“un verdadero apasionado por la raza”, recordó—, de quien toda la familia aún escucha anécdotas sobre su forma meticulosa de trabajar en la pista. Su padre continuó ese legado, y así, casi naturalmente, la huella Corriedale se convirtió en un destino familiar. “Esa tradición formó un rumbo claro… dedicación, responsabilidad y entusiasmo”, expresó.

Si hay algo que la apasiona profundamente es el instinto maternal de la raza. “La parición es mi época favorita”, confesó la joven veterinaria. A Valentina no solo le gusta ver nacer los corderos, sino confirmar que cada uno mame, encontrar parecidos con sus madres y seguir esa línea generacional que tanto la moviliza. “Es un trabajo lleno de emociones y cansancio, pero también de satisfacción. Y lo mejor es que la mayoría de las veces estoy ahí al costado de mamá o papá. Eso lo hace aún más lindo”.

Para ella, la mayor fortaleza del Corriedale no está solo en la oveja… sino en su gente. “El apoyo es constante, desde las escuelas agrarias hasta los proyectos en zonas rurales. Siempre hay una mano extendida para quien quiere salir adelante, para quien lleva un poco de ovejero en el corazón”, aseguró.

Esa misma virtud, dijo, también puede ser un desafío: “Nuestra mayor debilidad es nuestra humildad. Hacemos mucho sin esperar reconocimiento, y la sociedad no se entera de todo lo que el Corriedale aporta a la comunidad”, expresó.

Desde lo productivo, Valentina sostuvo que la raza destaca por su adaptación plena al país, su rusticidad, eficiencia y habilidad materna, junto con la ventaja de contar con evaluación objetiva mediante EPD, lo que permite una selección precisa y un avance genético sostenido.

Sin embargo, mira hacia adelante: “Sería deseable incorporar más características objetivas vinculadas a la producción cárnica para fortalecer aún más la selección y consolidar avances en ese ámbito”.

Si tuviera que definir al Corriedale en una palabra, para ella sería simple y profundo: “Corriedale es familia”.

Licenciada en Comunicación por la Universidad ORT (2017) y máster en Dirección de Comunicación Corporativa (2024). Desde agosto de 2020 forma parte del equipo de Rurales El País. Actualmente colabora con la revista de la Asociación Rural y produce el programa #HablemosdeAgro, que se emite los domingos por Canal 10. Además, acompaña a empresas del sector agropecuario en el diseño y la implementación de sus estrategias de comunicación. Anteriormente trabajó como periodista agropecuaria en El Observador y fue productora del programa radial Valor Agregado, en radio Carve.

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