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Los máximos habrían quedado atrás

Estas expectativas de precios menores para la próxima cosecha deberían llevar a quienes están entusiasmados con los resultados de la pasada a manejarse de forma cautelosa, hacer bien los números y recordar que en zonas marginales los potenciales de producción son más bajos

Rafael Tardáguila
Rafael Tardáguila

Cerró un ejercicio 2021/22 histórico para el agro. Tanto en el caso de la ganadería como de la agricultura se alcanzaron niveles de precios históricos y volúmenes de producción elevados que permitieron captar esos valores.

En esta misma columna en la primera quincena de mayo se estimó que en el ejercicio 2021/22 la facturación de la agricultura aumentó en unos US$ 1.000 millones respecto al anterior. Está claro que una porción significativa de este aumento de los ingresos debió solventar una suba también significativa de los costos, algo que se aclaraba en la misma columna. Pero los márgenes fueron igualmente robustos en la mayoría de los casos.

Suele suceder que, cuando los resultados son favorables para un cultivo, los agricultores redoblan la apuesta y aumentan la superficie al año siguiente. Eso pasó para la actual zafra de invierno. Se habían logrado buenos resultados en la anterior y se estima que el área aumentó a unas 750 mil hectáreas, 120 mil más. La estrella del invierno es la colza, un cultivo nuevo que se está expandiendo de forma casi tan rápida como lo hizo la soja en los primeros años de este siglo.

Para el verano la expectativa es que también se produzca un aumento en el área de siembra, fundamentalmente en el caso de la soja. Esto no estaría sucediendo en la zona agrícola núcleo, donde las rotaciones y el esquema ya está estructurado, sino en zonas marginales, con menor potencial agrícola y más dificultades desde el punto de vista logístico y de costos de fletes.

Pero da la sensación de que quien esté pensando en aumentar la apuesta agrícola en esas regiones de menor potencial, haría bien en no suponer que los precios de la soja van a ubicarse en los US$ 600-650 de esta zafra. Así como los precios de todas las materias primas estuvieron recalentados y alcanzaron niveles históricamente altos en el primer semestre de este año, la expectativa para adelante es algo más sombría. No es dable esperar un desplome en las cotizaciones de las materias primas, pero todo indicaría que los máximos ya quedaron atrás.

Algunas materias primeras tocaron los máximos entre marzo y abril, otras a principios de junio. Pero en todos los casos las bajas han sido considerables. Entre los que alcanzaron los máximos en marzo-abril aparecen el trigo y la energía, fundamentalmente el petróleo. El impacto de la invasión de Rusia a Ucrania impulsó las referencias de precios de productos para los que esa región del mundo tiene una participación relevante en el mercado internacional. Más allá de que la guerra sigue —y todo indica que lo hará por bastante tiempo más— el cimbronazo inicial quedó atrás y los precios dejaron atrás los máximos.

Los lácteos también alcanzaron las topes en aquellos momentos, así como también el precio medio del ganado para faena en el Mercosur. El Índice Faxcarne del Novillo Mercosur tocó un máximo histórico de US$ 4,58 el kilo carcasa a principios de abril; desde entonces bajó US$ 56 centavos hasta la semana pasada, cuando se ubicó en US$ 4,02.

En junio se tocaron otros máximos, caso de la soja y del novillo gordo en Uruguay; desde los picos, la soja 2023 en Chicago perdió alrededor de 15% y el novillo uruguayo 7%.

Así como hasta mediados del primer semestre había una base sólida de firmeza en los precios de las materias primas, porque se trataba de subas generalizadas, ahora está pasando lo mismo, con una corrección a la baja que abarca desde los metales como el cobre, el petróleo, los cereales, la carne, los lácteos y la lana. Los índices de precios de las materias primas así lo reflejan. El Commodity Research Bureau de Reuters bajó de un pico de más de 350 puntos a principios de junio a menos de 300 a mediados de la semana pasada, aunque luego logró una moderada recuperación.

soja en chicago

Hay dos argumentos en los que se respalda esta corrección generalizada a la baja. Uno es la creciente probabilidad de una recesión de las principales economías del mundo en tanto se prioriza la lucha para contener la inflación, que alcanzó los niveles más altos en 40 años. La Reserva Federal de Estados Unidos subió en 75 puntos la tasa a mediados de junio y la expectativa es que mantenga una actitud de aumento agresiva. Esto está impulsando al alza la cotización del dólar estadounidense, lo que también favorece a que bajen los precios expresados en esta moneda.

El otro argumento bajista es la desaceleración de la economía de China por mantener la política de cero Covid que redujo a un mínimo el movimiento en Shanghái y otras ciudades durante abril y mayo. China es un jugador clave en la demanda por materias primas, por lo que una desaceleración de su economía impacta en el mercado global. Las cuarentenas comenzaron a flexibilizarse a partir de junio, pero la semana pasada de dieron algunos centenares de casos nuevos que llevaron a la decisión de realizar nuevamente testeos masivos en las ciudades afectadas, entre ellas nada menos que Shanghái y Beijing. La batalla sigue sin estar ganada. Para peor, están creciendo nuevamente fuerte los casos en Francia.

Las referencias de precios para la soja de la campaña que se sembrará en la próxima primavera pasaron a ubicarse por debajo de los US$/t 500. Ya quedaron lejos los más de US$ 600 de pocos meses atrás. Por supuesto, pueden darse impactos negativos sobre el desarrollo del cultivo en América del Norte ahora y en América del Sur en el próximo verano que atenten contra los volúmenes de producción y les otorguen renovada firmeza a los precios. Pero hoy ese no parece ser el escenario más probable.

Estas expectativas de precios menores para la próxima cosecha deberían llevar a quienes están entusiasmados con los resultados de la pasada a manejarse de forma cautelosa, hacer bien los números y recordar que en zonas marginales los potenciales de producción son más bajos. Más aun si se tiene en cuenta que muchos de los precios de los insumos siguen en niveles elevados.

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