SECUNDARIO. Artía reordeno las prioridades en el diagnóstico de lo que debe ser la lucha contra el parásito, “en realidad, la garrapata pasaría a ser un tema secundario, porque el problema es tener que controlar la garrapata y la presión de los grupos químicos, que es en definitiva lo que más uso tiene a nivel país, y toda la problemática que involucra con el tema residuos, y la afectación que hay de los mercados, que es un problema de muy difícil manejo”, explicó.
Sobre el camino para enfrentar esa problemática, el veterinario remarcó la necesidad de “asumir responsabilidades por parte de los productores, de los técnicos y los veterinarios. Sin lugar a dudas pasa por ahí, y va de la mano de lo que son los planteos que se han hecho de parte de la profesión veterinaria, del grupo del G5, donde tanto la Academia Veterinaria -que son los impulsores de la propuesta-, la Facultad de Veterinaria, la Sociedad de Medicina Veterinaria del Uruguay, el Colegio Veterinario y las autoridades del Ministerio, se ha ido trabajando en lo que es armar lo del ‘veterinario corresponsable de predio’ y asumir los veterinarios un rol distinto”, detalló.
CISNE NEGRO. Para el doctor Lauro Artía, la problemática de la inocuidad se transformó en un riesgo estructural para todo el negocio ganadero, no en un problema puntual o pasajero. “Creemos que es fundamental poder realmente dar certezas a la cadena, porque en el tema inocuidad se nos la vida... es el cisne negro de la ganadería hoy día, de los mercados, y que no lo podemos ignorar”.
El profesional veterinario dijo que se debe “adoptar medidas acordes a un mundo que está exigiendo cada vez más calidad, cada vez más inocuidad, y en donde la trazabilidad y el rastreo de esos problemas son cada vez más eficientes”, planteó.
El veterinario insistió en que la respuesta a ese escenario exige adaptación permanente y no soluciones cerradas de una vez y para siempre. “En la medida que los desafíos se están dando y están surgiendo novedades, tenemos que adoptar medidas distintas, porque los sistemas han cambiado, el clima ha cambiado, la realidad ha cambiado, los productores han cambiado, las medidas de producción han cambiado y tenemos que adaptar todo eso a nuevas realidades. Y para esas nuevas realidades creo que hay que buscar alternativas. Se han hecho cosas y está bueno, pero indudablemente tenemos que, necesariamente y de alguna manera, dar garantías”, sostuvo.
PLANILLA SANITARIA. Sobre la eficacia de la planilla sanitaria como herramienta de control en productos de larga espera como el Inmidocarb, Artía señaló que “si con periodos de permanencia de 46 días en los predios, es inviable” este tipo de controles, en los 213 días de espera del producto, el animal “puede cambiar tres veces de dueño y sigue estando todavía en tiempo de espera del dueño original. Entonces, para ese tipo de situaciones es muy difícil y es muy riesgoso, y creo que hay que buscarle otro tipo de alternativas porque justamente los sistemas comerciales han cambiado”.
Respecto a ese cambio en la lógica comercial, Artía dijo que “hace muchos años era impensable que un productor de Artigas comprara un ganado de Rocha o viceversa, y hoy en día, con los remates por pantalla, eso pasa y pasa seguido. Entonces hay un desconocimiento; antes, el productor compraba en la feria, conocía al productor y más o menos sabía cómo funcionaba. Pero eso ya pasó, ya no existe más. Para esas nuevas realidades hay que generar nuevas alternativas de soluciones. Los sistemas de producción cambiaron”, remarcó.
CAMBIOS. Para ilustrar hasta qué punto cambiaron las prácticas de manejo de la garrapata a lo largo de los años, Artía dijo “el otro día hablábamos con un productor y recordamos que antes era una práctica muy común la quema de los campos. Se quemaban los campos y no tengo evidencia cierta, ninguna, de que cuando se quemaba un campo se estaba trabajando sobre una población en refugio de la garrapata”, relató. Además, explicó que “normalmente, por cada una garrapata que tenemos arriba del animal, hay 2.000 en el suelo. Esas 2.000 en el suelo son las que sobreviven el invierno, son las que suben después y tenemos la primera generación de garrapatas. Históricamente, lo que sobraba de pasto del invierno se terminaba quemando; en la primavera era una época en que se hacía quema de los campos. Certeza no tengo de que eso estuviera trabajando sobre esa población en refugio, pero dudas tampoco tengo ninguna de que la quema controlaba un montón de garrapatas, hoy está prohibido por ley”.