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Lula, Brasil y los agronegocios

Brasil es una potencia agroexportadora global y su devenir político es asunto de primer orden para todo el agro uruguayo. El impacto de la reelección de Lula y la situación económica.

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El sorprendente resultado del balotaje en Brasil y la reelección de Lula da Silva sigue generando repercusiones en la política local, regional e incluso internacional. Es innegable -y preocupante- el estado de crispación que permea a buena parte de la sociedad brasileña, que se contagia a través de los vínculos y afinidades políticas a otros países, incluyendo el Uruguay.

El ámbito empresarial brasileño pasó de la euforia a la tragedia. Cuando ya se vislumbraba un gobierno de Flavio Bolsonaro luego del resultado de primera vuelta -que había anticipado un ajuste fiscal y una agenda pro negocios y crecimiento- la victoria de Lula no sólo cortó con esa perspectiva, sino que perfila un escenario que podría ser casi opuesto, no sólo por las dificultades macroeconómicas que se contraponen a los compromisos políticos de Lula -muchos de ellos comprometidos en lo días previos al balotaje-, sino por posibles medidas sectoriales, puntuales, que dificulten el desarrollo de las actividades y el propio crecimiento de la economía.

Es posible que ambos escenarios estén exagerados. Ciertamente, Bolsonaro habría desplegado una agenda pro competitiva, contando además con un Congreso afín, pero del dicho al hecho hay un trecho: los gobiernos tienen que sustentarse popularmente y es difícil ejecutar un plan que implique costos sociales importantes, aunque sean inevitables.

Gráficas Nico Lussich.

Ahora, con Lula de cara a un nuevo gobierno, los temores por perspectivas económicas complicadas son entendibles, aunque no hay que subestimar la capacidad de negociación de un político que acumula décadas de experiencia. Dicho esto, el escenario que enfrenta Brasil -y Lula- es inédito, por lo que no valen demasiado los antecedentes a los que algunos análisis se pretenden aferrar.
Es cierto que durante los primeros gobiernos de Lula (2003-2010) los agronegocios brasileños y la economía en general tuvieron una notable expansión, y la situación fiscal y la inflación estaban controladas. Pero esa expansión tuvo un fundamento clave en el arrollador crecimiento de China, cuyo PIB avanzaba a más de 10% anual promedio, por aquellos años. Las condiciones financieras internacionales eran bastante amigables y -además- Brasil ya consolidaba su estabilidad macroeconómica, iniciada en el Plan Real de Fernando Henrique (1994), con inflación baja y tipo de cambio flotante.

Pero eso no fue suficiente para evitar que -cuando los precios internacionales de los commodities y productos del agro cayeron en 2014- Brasil entrara en una grave crisis, con caída del PIB durante dos años consecutivos; sumado esto a los casos de corrupción del “mensalao” y las “pedaladas fiscais” del gobierno de Dilma Rousseff, la sucesor de Lula que fue destituida luego de un impeachment. De ahí en adelante, el escenario económico de Brasil se complicó seriamente y el crecimiento fue muy modesto. Bolsonaro padre asumió en 2019, pero al año siguiente irrumpió la pandemia y su gestión del trance sanitario fue pésima, siendo causa relevante de su derrota contra Lula en 2022.

Más allá de las valoraciones políticas de los gobiernos de Bolsonaro y el tercero de Lula -que está terminando- la economía de Brasil está con dificultades importantes: el crecimiento es bajo y el déficit altísimo (gráficas); que la mayor parte de su deuda esté en Reales le otorga más margen de maniobra, pero no evita la necesidad de un ajuste. ¿Tendrá Lula la dosis de pragmatismo necesaria para encararlo? ¿Lo permitirá su base política? ¿Lo acompañará el Congreso? Al ser una reelección, no hay excusas, pues la herencia es del propio Lula. Y en ella se incluyen una reforma laboral y una reforma tributaria, ambas a aplicar a partir de 2027, que implican serios aumentos de costos.

Impacto sectorial.

El crecimiento del agronegocio brasileño en los últimos años ha sido impactante, y como muestra basta ver lo que ha sido la evolución de su producción agrícola (gráfica); una evolución similar se ha dado en carnes, producción citrícola y café, y otros rubros. Brasil es el principal exportador en muchos productos del agro; cuando no es primero, está segundo o tercero.

Por esto y por su cercanía, para Uruguay es ineludible seguir de cerca lo que sucede. El Real se devaluó luego de la reelección de Lula, pero mirando en un período más largo, el aumento no parece haber sido tan drástico (gráfica). La evolución cambiaria en Brasil depende en buena medida de su política monetaria, que hoy se perfila como casi la única ancla firme de estabilidad. Pero a alto costo: la tasa Selic del Banco Central de Brasil está hoy en 13,75%; una tasa más alta, es más gasto en intereses, más baja arriesga elevar la inflación (que está en 4,6%). En lo inmediato, no hay fundamentos para alteraciones cambiarias abruptas, pero todo dependerá de las decisiones para encarar la reducción del déficit fiscal, que es la forma genuina de reducir el endeudamiento y la carga de intereses (los déficits no son ni de izquierda ni de derecha, son déficits).

Un posible escenario de Brasil con recesión y aumento del tipo de cambio impactaría en los mercados internacionales de soja, carne y otros, además de afectar la demanda brasileña de varios productos uruguayos (Brasil es el segundo destino de nuestras exportaciones). En soja la devaluación del Real ya impactó a la baja en el precio internacional en dólares (al devaluar el real, bajan las primas en puertos brasileños); en carnes, el impacto es más difícil de calibrar, pero no hay que descartar que Brasil ofrezca carnes a precios inferiores en dólares hacia el próximo año, al menos como impacto de corto plazo. El sector cárnico uruguayo tiene dinámica y fundamentos propios, pero el mercado ganadero brasileño ha estado fuertemente asociado al uruguayo (gráfica). Por eso es relevante seguir estos movimientos.

Los cambios políticos no solo abren interrogantes sobre los precios relativos con los que trabajará Brasil en los próximos meses, sino también sobre la dinámica de inversiones. En ámbitos agropecuarios se plantea que Paraguay puede ser un beneficiario directo de la incertidumbre en el gran vecino. Para Uruguay, el escenario no es tan claro por los problemas propios de competitividad de nuestra economía. En cualquier caso, la afinidad entre el gobierno frenteamplista de Orsi con Lula es un activo importante para mantener una agenda bilateral dinámica que evite dificultades comerciales y -si es posible- promueva oportunidades.

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