—Nos decía que esta es su segunda visita a Uruguay, ¿verdad?
—Estuve en 2018 para el Congreso Mundial del Merino. Esta es mi segunda vez en el país y la primera vez que vengo a la Expo Salto como jurado.
—¿Qué Merino uruguayo vio en aquella oportunidad?
—Vi muy buenos Merinos. Diría que de un tipo algo más fino, de un estilo más fino que el que tenemos en la zona de Australia donde yo trabajo. Pero eran muy buenos animales, y eso me quedó grabado.
—¿Qué produce en su cabaña, y qué busca en sus animales?
—En casa, en Nyowee, tenemos 3.000 ovejas Merino de cabaña. El promedio ronda las 20 micras y el peso de vellón está en el entorno de los 8 kilos por animal. Nuestro objetivo es criar ovejas con muy buena conformación, buena fertilidad y buena producción. Es una combinación: no se trata de perseguir una sola característica, sino de que el animal funcione en todos los aspectos.
—Hay productores que apuestan por menores micronajes. lanas cada vez más finas. ¿Por qué usted se queda en las 20 micras?
—Por el clima y por el ambiente. Vivimos en Australia del Sur, que es el estado más seco del país más seco del mundo. Nuestras lluvias son de unos 450 milímetros por año. En esas condiciones necesitamos ovejas algo más fuertes en micronaje, más robustas, y con muy buenas cualidades cárnicas.
—O sea que el ambiente le marca el techo a la finura de las lanas
—Exactamente. Bajar mucho la micra tiene un costo en la rusticidad, y en nuestra zona ese costo no se puede pagar. Necesitamos animales que aguanten el medio y que además aporten una buena res, o sea buena producción de carne también. La finura es importante, pero tiene que convivir con la capacidad de producir en un ambiente exigente.
—Se habla mucho de la reconstrucción del stock ovino australiano. ¿Cómo ve el momento de la producción del Merino Australiano allá?
—La producción del Merino está hoy probablemente en su punto más bajo de todos los tiempos. Venimos de dos años de sequía y mucha gente tuvo que vender sus animales porque no había alimento. A eso se suma otro factor en contra, que es la agricultura. Los cultivos están sacando una enorme cantidad de ovejas de Australia.
—¿La agricultura compite directamente con la ovinocultura por la tierra?
—Sí. Hay campos que pasaron de tener majadas al cultivo, y cuando eso ocurre es difícil que vuelvan. La combinación de la sequía, que obligó a liquidar, y el avance de la agricultura, que ocupó el espacio, es lo que explica que estemos en este nivel de existencias.
—Entonces, ¿la recuperación del stock va a demorar más de lo previsto?
—Sí, va a tomar mucho tiempo. Pensemos en los números. Hoy tenemos en Australia unos 45 millones de ovejas de cría, y de esas probablemente 30 millones se encarneran con carneros Merino. Es una base muy chica para reconstruir, y las majadas no se rehacen de un año para el otro. Hay que retener hembras, esperar la reproducción, y todo eso lleva su tiempo.
—Con ese escenario de oferta restringida, ¿cómo ve el mercado de lanas y los precios actuales?
—En la producción siempre fue oferta y demanda, y creo que los precios de la lana van a mantenerse firmes por lo menos durante dos o tres años. Ahora bien, tenemos que tener presente que todas las industrias necesitan ser sostenibles. Eso significa que todos tienen que ganar dinero en la cadena. No nos gustan los precios muy altos seguidos de precios muy bajos. Esos vaivenes, esas subas y bajas, son características de la agricultura, pero no son buenas para nadie. Lo que necesitamos es estabilidad.
—¿Qué entiende por estabilidad en este negocio lanero?
—Que el precio no sea ni un pico ni un piso, sino algo estable y rentable para toda la cadena, para el que produce, el que compra y el que vende. Para mí ese es el gran desafío de los próximos años. Con la oferta apretada es muy probable que tengamos buenos valores, pero lo importante es que se sostengan en el tiempo y que todos los eslabones puedan seguir trabajando con previsibilidad.
—¿Cuál es su impresión general de lo que vio en las pistas de la Expo Salto?
—La impresión general que me llevo es que los Merinos astados estuvieron en un nivel muy alto, y el campeón Supremo fue un Merino, lo cual está muy bien. Los Poll Merino también fueron muy buenos, pero los astados fueron probablemente la raza más fuerte de la jornada.
—Usted es criador de mochos. ¿Qué diferencia encontró para que el astado quedara más adelante?
—Para decirlo de forma simple, la diferencia principal fue la conformación. Había algunos Merinos más en pista que mochos, es cierto. Pero creo que la conformación en el Merino astado fue bastante mayor que en el Poll.
—En el astado ¿Había una mayor cantidad de animales o una calidad pareja?
—Ambas cosas van de la mano. Con más animales hay más variedad y más potencial de selección, y eso permite que aparezcan más ejemplares de nivel alto. En el Poll el nivel era bueno, pero la conformación de la variedad astada fue superior.
—Al momento de definir, ¿cuánto pesaron los DEPs frente a la apreciación visual?
—Cuando se juzgan Merinos, creo que el concepto visual es muy importante. Hoy también usamos algunos datos mientras evaluábamos los animales, pero todo se trata de equilibrio. La información objetiva ayuda, pero el ojo del jurado sigue teniendo el rol principal.
—Si comparamos el Merino uruguayo con el australiano, ¿qué tan lejos estamos?
—Me sorprendió la calidad que encontré en Uruguay. Hace unos ocho años que no venía, y me voy gratamente impresionado. Si tuviera que señalar una característica a mejorar, sería la conformación. Esa sería el área con más espacio de progreso.
—La conformación, entonces, usted entiende que es el desafío para el Merino uruguayo.
—Sí, pero lo digo sobre la base de un nivel general muy bueno. No es una crítica dura: es el aspecto donde veo más margen de mejora en un conjunto de animales que me pareció de gran calidad.
—Hay una anécdota que se comentó mucho después de la jura de los vellones. Usted eligió en pista al carnero con el mejor vellón y después, con la esquila, resultó ser el mejor vellón industrial. ¿Fue suerte?
—Diría que fue magia (risas). No, no. Ese carnero lo puse tercero en su serie. Cuando lo di vuelta sobre las tablas, tenía una línea inferior fantástica, una barriga espectacular. La razón por la que el carnero con el mejor vellón no avanzó más en la muestra es que tenía algunas fallas de conformación.
Sabía que era un animal de 17 micras y vi que tenía mucha cantidad de lana. Más allá de la conformación, el vellón era muy bueno. Fue una gran satisfacción que la esquila coincidiera con la apreciación que había hecho en la mañana. En privado comenté que nunca me había tocado juzgar fenotípicamente el mejor vellón y que después se confirmara así.
—Terminó siendo el macho de mayor valor económico del concurso.
—Y eso confirma lo que decía antes sobre el balance. Un animal puede quedarse un escalón atrás en pista por detalles de conformación y, al mismo tiempo, tener un vellón de enorme valor económico. Por eso hay que mirar el conjunto, y por eso es tan importante que los criadores trabajen en ambas cosas.
20 micras y ocho kilos de lana por vellón
Ian Michaels dijo qué su cabaña trabaja en torno a las 20 micras y con ocho kilos de vellón, por lo que no persigue lanas más finas, decisión que sorprende en un contexto donde lanas finas concentran buena parte del interés comercial.
La razón es ambiental. Australia del Sur, es “el estado más seco del país, más seco del mundo”, señalo, con una lluvia anual de apenas 450 milímetros. En esas condiciones, el productor dijo que se necesita ovejas algo más fuertes en micronaje, más robustas, y con buenas cualidades carniceras. Para el productor australiano, la finura es un objetivo valioso, pero tiene que convivir con la capacidad del animal de producir de manera sostenida en un entorno exigente. Los objetivos de Nyowee, según resumió, son criar ovejas con muy buena conformación, fertilidad y producción.