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La carne seguirá teniendo sostén en Estados Unidos

La fortaleza del mercado de Estados Unidos no se explica solamente por la escasez, sino que los compradores continúan pagando por la carne vacuna aún cuando su precio aumenta respecto al de las otras principales proteínas animales

Ing. Agr. Rafael Tardáguila | rafael@tardaguila.com.uy

La carne vacuna se encarece frente al pollo y al cerdo, pero el consumidor estadounidense sigue dispuesto a pagar por ella. Esa fortaleza de la demanda, combinada con una producción doméstica que seguirá restringida, permite anticipar que Estados Unidos continuará siendo un sostén fundamental del mercado internacional en 2027. Las proyecciones apuntan a precios elevados, aunque con aumentos bastante más moderados.

Ese fue uno de los mensajes de Leonard Steiner en la reunión anual del Meat Import Council of America (MICA), celebrada en Scottsdale, Arizona. Para los exportadores sudamericanos, el escenario ofrece continuidad de la demanda, pero también incertidumbre sobre las condiciones arancelarias de acceso.

El protagonismo estadounidense adquirió importancia cuando China dejó de expandir sus compras al ritmo de años anteriores. Desde mediados de la década pasada, el gigante asiático había funcionado como una aspiradora que parecía no encontrar límites. Pero ese crecimiento se moderó y, a principios de este año, se agregó la salvaguardia para proteger a la producción doméstica.

Las importaciones chinas alcanzaron los 3,5 millones de toneladas carcasa en 2022. Para 2027, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyecta compras por 3,65 millones.

Casi al mismo tiempo apareció la demanda adicional estadounidense. Hasta 2022, sus importaciones no habían superado los 1,5 millones de toneladas; desde entonces aumentaron en más de un millón. Para el año próximo se proyecta una moderada baja desde el pico de este año, a 2,8 millones de toneladas carcasa. El cambio contribuyó a llevar los precios internacionales a niveles récord.

Aunque resulte difícil de creer después de varios años de contracción, el rodeo estadounidense todavía no ingresó de lleno en una fase de recomposición. La expectativa es que la recuperación comience a afirmarse a partir del año próximo. Retener más hembras implica enviar menos animales a faena y mantener restringida la producción de carne.

La oferta de vacas sería particularmente reducida, con una faena que se ubicaría en el menor nivel en dos décadas. Esto limita una de las principales fuentes domésticas de carne magra, que constituye el grueso de las compras estadounidenses en el exterior.

La fortaleza del mercado no se explica solamente por la escasez. Steiner destacó que los compradores siguen pagando por la carne vacuna aun cuando su precio aumenta respecto al de las otras principales proteínas animales.

Su presentación mostró una marcada suba de la relación entre el precio de una mezcla de carne vacuna para procesamiento y los de la pechuga de pollo y el lomo de cerdo. La menor oferta contribuye a ese encarecimiento, pero la persistencia del premio plantea una pregunta central: hasta dónde está dispuesto a acompañarlo el consumidor.

El interés por las dietas proteicas ofrece un contexto favorable. Steiner ilustró cómo la promoción de la proteína se extendió hasta los cereales de desayuno, mientras las redes sociales ponen especial atención en la carne vacuna y sus atributos nutricionales. Estas tendencias pueden sostener la demanda, aunque no permiten cuantificar su incidencia sobre las ventas.

Con esa combinación de oferta restringida y demanda resistente al encarecimiento, Steiner prevé un mercado firme en 2027, aunque sin otro salto significativo respecto a los valores de este año.

Las proyecciones para la carne magra contemplan subas inferiores al 3% anual para la producción doméstica y las importaciones desde Oceanía. Para Brasil, cuya referencia puede extrapolarse a los demás proveedores sudamericanos, el incremento previsto es de 5,8%.

Esto reduciría parte del descuento del producto sudamericano frente al de Australia y Nueva Zelanda, proveedores con una larga trayectoria de abastecimiento y condiciones arancelarias más favorables.

La mayor suba para América del Sur podría reflejar un menor saldo exportable, especialmente por la reducción esperada de la producción brasileña asociada al ciclo ganadero. También influiría la escasa probabilidad de que se repitan las cuotas adicionales concedidas este año.

La contundente victoria demócrata en las elecciones legislativas abre un escenario de mayor confrontación política, aunque no necesariamente de cambios favorables para los exportadores sudamericanos.

Steiner consideró poco probable que una derrota electoral llevara a Donald Trump a reducir aranceles, otorgar nuevas concesiones para importar carne o flexibilizar su política migratoria, relevante para la disponibilidad de trabajadores en los frigoríficos. En cambio, dio por seguro que se intensificarían los enfrentamientos políticos en Washington.

La expectativa predominante es que no se renueve la cuota adicional de 300 mil toneladas libres de arancel para carne destinada a procesamiento, que benefició fundamentalmente a Brasil. Se la interpreta como una medida coyuntural para contener los precios antes de las elecciones.
Argentina procura que se repita su cuota adicional de 80 mil toneladas, e incluso se manejó elevarla a 100 mil, aunque las perspectivas de renovación tampoco aparecen claras.

Para Uruguay, el escenario ofrece un sostén importante: su principal mercado en facturación seguirá necesitando carne importada y pagaría algo más por ella. La expectativa, desde este punto de vista, es de continuidad de los altos valores, con mejoras moderadas.

Mientras los precios bajan, y el clima mantiene la incertidumbre y los riesgos, los productores encaran los días claves de las cosechas de invierno y las siembras de soja. Las exportaciones esperan un nuevo empuje agrícola.

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