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Días de definiciones para la agricultura

Mientras los precios bajan, y el clima mantiene la incertidumbre y los riesgos, los productores encaran los días claves de las cosechas de invierno y las siembras de soja. Las exportaciones esperan un nuevo empuje agrícola.

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Son momentos clave para la agricultura. En plena incertidumbre climática por los efectos de El Niño, están comenzando las tareas de cosecha de colza y en pocos días comenzarán a pleno las de cereales de invierno (cebada y trigo). Hay riesgos más altos de lo normal de que las excesivas lluvias compliquen las tareas, aunque esto no es una certeza. Lo más probable es que haya una afectación en diferente grado según la zona, aunque todavía es prematuro para conclusiones.

Algunos cultivos de colza comenzaron a cosecharse con buenos rendimientos, aunque el pico de la cosecha demorará unos días, en la medida que los ciclos se han alargado por las condiciones climáticas de mayores fríos y días nublados. El llenado de grano se estiró y aumenta el riesgo de complicaciones en la cosecha, pero suma algunos kilos más de rinde.
Las cebadas también exhiben buenos rindes potenciales, pese al fuerte ataque de ramularia en las últimas semanas, agresivo pero -por suerte- tardío. Persiste la preocupación por el fusarium en trigo, aunque por ahora con baja incidencia. Las próximas semanas serán críticas, en la medida que noviembre y diciembre son signados como los meses con mayor probabilidad de lluvias excesivas, por El Niño. La demanda por fungicidas ha sido intensa, dadas las circunstancias. De todas formas, todavía no ha habido episodios extremos, salvo algunos puntuales, y en varias zonas las lluvias han sido bienvenidas porque estaba faltando humedad en los suelos. Sería ideal que las lluvias abundantes -si es que se cumplen los pronósticos- se corran hacia el verano, pero el clima no es manejable.

Un aspecto que se ha fortalecido en el sector es la alta capacidad de cosecha, con más máquinas y de mayor tamaño, además de cambios tecnológicos que aumentan la productividad y calidad del corte. En los últimos años, con la incorporación del piloto automático y la plataforma de lona, se han logrado avances de entre 15 y 20% en la productividad de las tareas.

Ante el panorama climático este año, varios productores que tienen máquinas propias decidieron contratar más, para tener capacidad de reacción y sacar los cultivos rápido, cuando estén prontos. De todas maneras, todo indica que se va a cosechar con más humedad de lo normal; cumpliendo los límites de tolerancia de malterías y molinos, la idea es levantar los granos lo antes posible para no quedar expuestos a eventos negativos.

Mercados y precios.

Los precios de los granos han corregido a la baja en las últimas semanas. La colza bajó unos 30 Euros/ton en el Matif en los últimos días, lo que trajo el precio local de 560 a menos de 510 US$/ton (también incide aquí la devaluación del Euro). La incertidumbre que generó en un momento el recrudecimiento del conflicto entre Rusia y Ucrania dio paso a un escenario de más seguridades en cuanto a la provisión de grano desde la zona del Mar Negro; además, la baja en el petróleo -al menos por ahora- y la baja en el precio de otras oleaginosas, también incide. De todas maneras, una parte interesante de la producción se pudo colocar a los precios previos, y se estima que -al día de hoy- cerca de la mitad de la cosecha prevista ya tiene precio definido.

En Chicago el trigo cayó 30 dólares en un mes, después de haber alcanzado máximos de varios años. Aquí también incidió la mayor oferta del Mar Negro y -además- se confirmó una alta oferta de las cosechas del hemisferio norte. De tal manera que el precio bajó del eje de 225 a 205 US$/ton puesta para la próxima cosecha. Con estos precios, los márgenes se achican. Los productores lograron colocar algo de mercadería a precios previos, más altos, pero en volúmenes acotados (no se supera el 30% de la producción estimada).
En el caso de la cebada los productores pudieron captar algo más de los buenos precios previos a través de opciones a futuro (puts), con varios agricultores que tienen vendidas unas 2 toneladas por hectárea. Luego habrá que ver la calidad del grano y el ingreso efectivo según calidad y precio.

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Mientras, ya están a pleno las siembras de soja, que se han demorado unos días por algunos fríos tardíos y lluvias. De manera que -y esto comienza a ser cada vez más frecuente- las últimas siembras de primera quedan en fechas muy cercanas a las primeras siembras de segunda, valga el juego de palabras; se espera un área algo superior al año pasado. Los precios de la soja también bajaron en las últimas semanas, con la presión del avance de la cosecha en EEUU, que ha resultado mayor a la proyectada; en el mercado local hoy se ofrecen menos de 410 US$/ton, 30-40 dólares menos que un mes atrás. Pero todavía falta para que termine el partido: faltan meses aún para la cosecha en Brasil y hay resquemores de que El Niño haga de las suyas, con mayore probabilidades de seca para el centro del Brasil; algunos productores uruguayos tienen la expectativa de que esto eleve los precios, lo que permitiría mejorar los márgenes de un cultivo que precisa rentar nuevamente.

En el caso del maíz hubo una muy buena implantación, pero las bajas temperaturas y falta de sol han demorado el desarrollo. De todas formas, se espera que en un año más húmedo la producción retome el impulso, asociado a un área que alcanzaría las 300.000 hectáreas cuando se agreguen las segundas. La baja en el precio de la soja fortalece la opción por el maíz, cuyo precio está sostenido por la demanda desde el sector cárnico, la lechería y la avicultura. Por esto, en la producción no se plantea como un escenario probable que el mercado en cosecha vire hacia la paridad de exportación. Se está encerrando cada vez más ganado y unos 200 US$/ton a levantar sería un precio razonable para ambas partes (agricultores y ganaderos, cuando no son parte de la misma empresa).

Empate exportador.

Esta semana Uruguay XXI divulgó los datos de exportaciones de bienes correspondientes a octubre, con el habitual protagonismo de los agronegocios. Sumaron US$ 1.089 millones, cifra 1% superior a la del mismo mes de 2025. En el acumulado de los primeros 10 meses del año, las exportaciones también mostraron una suba interanual de 1%, sumando US$ 11.430 millones.

En octubre se destacaron los aumentos interanuales en las exportaciones de celulosa y productos de madera (37 y 44%, respectivamente), así como un aumento de 21% en las exportaciones de lácteos. En el acumulado anual, los principales rubros vendidos fueron carne vacuna y celulosa, con ventas 2% superiores al año 2025. La soja es el tercer producto exportado, pero tuvo una caída interanual de 37%, por efecto de la sequía. En cuarto lugar entraron los productos lácteos (principalmente leche en polvo), con una suba de 2%.
Es interesante observar en el cuadro adjunto que la suma de toda la producción animal (ganadería vacuna, lechería, otras carnes y subproductos frigoríficos, lanas y cueros) ya superan los US$ 4.000 millones exportados, lo que refleja la importante dimensión de la actividad en la economía; a esto hay que agregar -obviamente- el consumo interno. Por supuesto, buena parte de esa producción es grano transformado. La exportación de granos (soja, arroz, trigo, cebada, malta, colza) suma más de US$ 1.700 millones, cifra que con toda seguridad subirá el año próximo, con más producción y -eventualmente- mejores precios.

China sigue siendo el principal destino exportador, seguida por Brasil y la UE. El cuarto destino es EEUU, a dónde se coloca principalmente carne vacuna. Tanto carne vacuna como el sector lácteo mantienen una buena diversidad de destinos (gráficas), en la tarea permanente de mantener las habilitaciones y superar las permanentes y cada vez mayores exigencias de calidad e inocuidad. Se están transcurriendo los primeros meses del acuerdo con la UE y el viraje político en EEUU es un fuerte sacudón, con posibles repercusiones profundas a todo nivel, incluyendo el comercio. El futuro será todo menos estable.

La fortaleza del mercado de Estados Unidos no se explica solamente por la escasez, sino que los compradores continúan pagando por la carne vacuna aún cuando su precio aumenta respecto al de las otras principales proteínas animales

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