Mientras técnicos y productores repasan o revisan los informes climáticos correspondientes al fenómeno de El Niño, que se ha configurado con contundencia en el Océano Pacífico, los mercados siguen incorporando novedades en los distintos rubros, algunas más coyunturales y otras más estructurales.
En lo primero hay que mencionar lo que sucede en el rubro agrícola, con un nuevo escenario de tensión en el Golfo Pérsico, que ha vuelto a elevar el precio del petróleo (gráfica) y con él el de los combustibles y fertilizantes. Si bien el crudo no ha vuelto (¿aún?) a los niveles de precio de los momentos más álgidos de la guerra -marzo y abril-, la tensión sube y con ella la incertidumbre y volatilidad.
A esto se ha sumado, en los últimos días, una ofensiva ucraniana contra buques cargueros rusos en torno a Crimea, en el marco de la cruenta guerra que enfrenta a ambos países hace más de 4 años. Por tratarse de una de las principales zonas agrícolas del mundo, esto también incide en el mercado global de granos, en especial en el trigo.
En el mercado triguero hay que agregar los nuevos ajustes a la baja en las proyecciones de producción de EEUU y Canadá, otro factor alcista. En el escenario regional se espera mayor demanda en Brasil y en Argentina, si bien hay un renovado impulso de siembra, es difícil que supere la gran cosecha del año pasado. Así, el mercado triguero mejoró el escenario y los precios subieron, tanto a nivel externo como local.
Lo mismo ha sucedido para la cebada, que toma las referencias del trigo en Chicago para definir los precios al productor en Uruguay. Aún con esta mejora de precios, el sector maltero está atravesando un trance complicado por la incertidumbre sobre el futuro de las operaciones de Ambev en Uruguay. Las incertidumbres están enfocadas en el negocio de la bebida (cerveza) pero también afecta la actividad maltera; a esto se agrega la decisión de Maltería Oriental de parar por al menos un mes la maltería de La Paz. Como lo hemos comentado, más que en el campo los problemas de competitividad aparecen en la fase industrial.
La mejora en el escenario de precios para los cereales de invierno se contrapone a los impactos que puede generar El Niño. La probabilidad de que este fenómeno se acentúe hacia la primavera son cada vez más altas (gráfica), lo que aumenta -a su vez- la probabilidad de lluvias superiores a lo normal en el período crítico para dichos cultivos. La última estimación del IRI (Universidad de Columbia), pone dicha probabilidad por encima del 70%. Agua no faltaría… El problema es el impacto negativo en la sanidad (royas, fusarium) y en la calidad del grano si llueve mucho en la cosecha.
Para los cultivos de verano de primera, el efecto de El Niño es bastante más positivo, en la medida que aumenta la probabilidad de buena disponibilidad de agua para las etapas iniciales e intermedias del ciclo de maíz y soja. Los perjuicios podrían venir por excesos de lluvias que compliquen las siembras de segunda (diciembre-enero).
Pero tal vez lo más destacado en términos de escenario de mercados en el sector agrícola es el fortalecimiento del mercado de oleaginosos, con la colza alcanzando máximos históricos esta semana en el mercado europeo, lo que ha derivado en mejoras sustanciales del precio al productor en Uruguay, con referencias que superan los 550 U$S/ton puesta, para la próxima cosecha. Asociado esto a un área que se habría acercado a casi 400.000 hectáreas (según la estimación de Urupov), la colza promete un muy buen resultado este año; la oleaginosa no tiene las vulnerabilidades de los cereales ante El Niño, aunque le comprende las generales de la ley y no hay que descartar algún episodio extremo durante el ciclo del cultivo o en la cosecha.
La soja también se beneficia del aumento en los precios internacionales de los aceites, si bien de manera más moderada que la colza. Buena noticia para el cultivo que sigue siendo el principal del país y clave en la rotación.
En el caso del maíz, los precios locales ajustaron levemente a la baja, pero se mantienen en buenos niveles por la fuerte demanda de la producción animal, con la ganadería en un muy buen momento.
Carne inédita. Si el escenario agrícola presenta oportunidades interesantes, aunque de perfil más coyuntural, en el escenario del mercado internacional de la carne vacuna las buenas noticias parecen ser más estructurales y permanentes. La demanda se ha afirmado, entre otras cosas porque se han revertido los cuestionamientos sin fundamento a la carne como alimento; insuperable en nutrición y sabor, la carne vacuna vuelve a los primeros planos en las recomendaciones gastronómicas y de salud. Todo esto apuntalado por la tendencia permanente a mayor consumo, principalmente en Asia.
Esta demanda fortalecida encuentra a varios países ganaderos recomponiendo stocks, lo que acota la oferta y afirma los precios. En Uruguay, luego de meses de faena baja, la actividad se ha recuperado (gráfica) y los precios, a su vez, están tocando nuevamente máximos históricos. Más precio y más faena es un escenario casi ideal para el rubro.
Esto no implica omitir las varias incertidumbres presentes, en particular, por cómo se resolverá la situación de Brasil, que ya cumplió su cuota en China y enfrenta -si no hay novedades- la restricción a entrar en el mercado europeo a partir de setiembre, por cuestiones vinculadas al uso de específicos veterinarios. La cuestión es a dónde irá la producción brasileña, si se concreta dicha restricción; los norteños son los principales exportadores de carne vacuna.
Mientras, la industria frigorífica local sigue trasladando las mejoras del precio de exportación al precio al productor, como lo muestran los últimos datos del Novillo Tipo, que calcula INAC (gráfica). Este indicador llegó a un máximo histórico en el precio al productor: 1.646 U$S/cabeza, mientras el margen industrial se redujo al 20% del valor final. Con ese margen la industria tiene que cubrir los costos propios y generar la rentabilidad, hoy bastante esquiva.
Esta valorización es la base para seguir impulsando una mayor productividad en la cadena cárnica, ya no solo en cuanto a la eficiencia reproductiva, sino en el propio proceso de engorde. Se abren nuevos espacios para mejoras genéticas, tanto hacia mayor calidad de carne (marmoleado, etc.) sino en términos de eficiencia de conversión, con posibilidades para nuevas líneas genéticas, cruzamientos, etc.. Con las habituales fluctuaciones en clima y mercados, los agronegocios siguen adelante.