La represa de Casupá volvió a ocupar un lugar central en la agenda nacional. Considerada por el gobierno como una obra estratégica para reforzar el abastecimiento de agua potable del área metropolitana, el proyecto prevé la construcción de un embalse sobre el arroyo Casupá, en Florida, capaz de almacenar más de 100 millones de metros cúbicos de agua y complementar las reservas de Paso Severino en períodos de déficit hídrico.
Sin embargo, detrás de los números, los estudios técnicos y las discusiones sobre infraestructura, hay familias que observan el proyecto desde otra perspectiva. Una de ellas es la de Walter Martínez, productor ganadero del paraje Milán, cuya vida está ligada desde siempre al campo que quedaría parcialmente bajo agua si la obra finalmente se concreta.
"Mis abuelos vivieron acá, mi padre vivió acá, yo nací acá, crié mis hijos acá y ahora ya tengo una nieta. Son cinco generaciones en la misma zona", contó en diálogo con Rurales El País.
Su establecimiento integra el grupo de predios que resultarían afectados por el embalse proyectado. Según explicó, la represa inundaría cerca del 70% de la superficie productiva del campo, incluyendo la vivienda familiar y las áreas de mayor potencial ganadero.
La posibilidad de abandonar el lugar ni siquiera forma parte de sus planes. "Yo de acá no me voy", afirmó con la misma convicción con la que habla de cualquier otra decisión importante de su vida.
Una historia construida generación tras generación
La relación de Walter con el campo comenzó mucho antes de convertirse en productor. Allí aprendió a caminar. Allí pasó su infancia. Allí trabajó junto a su padre y sus hermanos. Allí formó su familia.
Recordó que el establecimiento fue adquirido por su padre luego de años de esfuerzo y sacrificio. "Me acuerdo cuando mi padre compró el campo. Lo pagó con muchísimo sacrificio y nosotros trabajábamos para ayudar", relató.
Con el paso de los años llegaron las mejoras productivas, los alambrados, las aguadas, las mangas y los potreros que transformaron el establecimiento. "Todo lo que había en este campo pasó por mis manos", aseguró.
La frase no es una metáfora. Walter participó personalmente en buena parte de las mejoras que hoy existen en el predio. Por eso sostiene que el valor del establecimiento no puede medirse únicamente por su superficie o productividad.
"No hay plata que pague los recuerdos ni el trabajo de toda una vida", afirmó.
Jinete, domador y hombre de campo
Mucho antes de que la discusión sobre Casupá llegara a la zona, Walter era conocido por otra actividad. Fue jinete y domador durante buena parte de su vida. Trabajó con caballos, participó en jineteadas y recorrió establecimientos rurales de la región. Como tantos hombres de campo, aprendió desde joven que los desafíos más difíciles no se enfrentan con apuro.
Ese vínculo con los caballos aparece incluso cuando habla del presente. Porque la pelea que hoy enfrenta también la describe como una jineteada.
Una de las más difíciles que le ha tocado vivir.
Hace doce años la vida le presentó un desafío mucho más complejo que cualquier caballo chúcaro. Fue diagnosticado con síndrome de Guillain-Barré, una enfermedad neurológica que afecta la musculatura y puede provocar parálisis. Pasó por CTI y luego permaneció un año entero en silla de ruedas.
Durante mucho tiempo no supo si volvería a caminar. "Me recuperé más o menos un 50 o un 60%", contó.
Hoy utiliza bastón, pero continúa recorriendo el establecimiento, supervisando el ganado y acompañando el trabajo diario junto a su familia. La enfermedad modificó muchas cosas, pero no alteró su vínculo con el campo. Por el contrario, reforzó la idea de permanecer allí.
Un paisaje que cambió
Walter también observa la represa desde la experiencia de quien lleva más de medio siglo viendo el comportamiento de los arroyos, bañados y cañadas de la zona. Recuerda inviernos en los que las crecientes aislaban a las familias rurales durante varios días. "Pasábamos hasta quince días sin poder salir", contó.
Hoy, asegura, el panorama es muy diferente. Su hijo menor tiene 15 años y apenas ha visto una creciente importante. "Cuando yo era chico había muchísimas. Él vio una sola", señaló.
Esa experiencia personal alimenta sus dudas sobre la conveniencia de la obra y sobre la capacidad futura del embalse para cumplir los objetivos planteados.
El costo humano de la obra
La construcción de la represa implica uno de los procesos de adquisición de tierras más importantes de las últimas décadas en la zona. Para algunos productores el debate gira en torno a tasaciones o compensaciones económicas.
Para Walter la discusión es otra. "Esto es mi casa", resumió.
Y para explicar lo que siente suele recurrir a una comparación sencilla. "Si a una persona le dicen que tiene que dejar su casa porque la van a demoler y le pagan para que se vaya, tampoco le gustaría".
Entiende la necesidad de garantizar agua para la población y reconoce la importancia de encontrar soluciones para el abastecimiento futuro, pero considera que existen alternativas que deberían analizarse antes de afectar a decenas de familias rurales.
También cuestiona que muchas de las preguntas planteadas por vecinos y productores continúen sin respuestas claras. "Hemos tenido muchas reuniones y pocas respuestas", sostuvo.
El potro más bravo
A lo largo de su vida Walter domó caballos, enfrentó una enfermedad que casi lo deja sin caminar y vio cambiar el paisaje rural que conocía desde niño.
Sin embargo, asegura que el desafío más difícil llegó ahora. Antes de terminar la conversación recuerda una frase que le dijo un amigo de la zona. "Estamos jineteando el potro más bravo".
La expresión no es casual.
Habla un hombre que pasó gran parte de su vida arriba de un caballo. Un hombre acostumbrado a no bajarse cuando las cosas se ponen difíciles. Por eso, cuando completa la frase, parece estar hablando de mucho más que una represa.
"Pero vamos a terminar dando la vuelta de honor".
Detrás de esas palabras hay una convicción que se repite durante toda la entrevista: la defensa de un campo que no es solamente una unidad productiva, sino el lugar donde cinco generaciones de una familia construyeron su historia.
Casupá: una obra estratégica que divide opiniones
La represa de Casupá es considerada por el gobierno una de las principales obras de infraestructura hídrica proyectadas para las próximas décadas en Uruguay. Su objetivo es reforzar el abastecimiento de agua potable del área metropolitana mediante la creación de una nueva reserva estratégica que complemente al actual sistema de Paso Severino, principal fuente de suministro para Montevideo y el área metropolitana.
El proyecto prevé la construcción de una presa sobre el arroyo Casupá, afluente del río Santa Lucía, en el departamento de Florida. Una vez culminada, permitiría almacenar más de 100 millones de metros cúbicos de agua, prácticamente duplicando la capacidad de reserva actualmente disponible en Paso Severino.
La iniciativa cobró especial relevancia tras la crisis hídrica de 2023, cuando la sequía redujo drásticamente las reservas de agua dulce y obligó a OSE a aumentar los niveles de salinidad del agua distribuida a la población. Desde entonces, distintos gobiernos y organismos técnicos han coincidido en la necesidad de fortalecer la seguridad hídrica del país.
Sin embargo, la obra también ha generado resistencia entre productores rurales, vecinos y organizaciones sociales de la zona donde se proyecta el embalse. Uno de los principales cuestionamientos refiere al impacto que tendrá sobre los establecimientos agropecuarios ubicados dentro del área de inundación.
Según información presentada por OSE, la construcción de la represa implicará la adquisición de decenas de padrones rurales y afectará a varias familias que actualmente desarrollan actividades ganaderas y agrícolas en la zona. Además de las expropiaciones, los productores cuestionan la pérdida de áreas productivas, la relocalización de familias y los efectos ambientales que podría generar la inundación permanente de miles de hectáreas.
Las gremiales rurales también han planteado dudas sobre la conveniencia de la ubicación elegida para la represa. Tanto la Federación Rural como la Asociación Rural de Florida y la Sociedad Agropecuaria de Lavalleja han manifestado reparos respecto al proyecto, señalando que existen alternativas para aumentar la disponibilidad de agua potable con menor impacto sobre el territorio y las familias rurales.
Mientras tanto, desde el gobierno se sostiene que Casupá constituye una obra clave para garantizar el abastecimiento futuro de agua potable a más de la mitad de la población uruguaya. El debate continúa abierto y enfrenta dos visiones contrapuestas: la necesidad de asegurar el suministro de agua para las próximas generaciones y la preocupación de quienes pueden perder el lugar donde han vivido y trabajado durante toda su vida.