Para llegar a hablar de carne se empezó hablando del mundo. La Sociedad de Criadores de Hereford del Uruguay eligió abrir el lanzamiento de Copayan Selección Hereford, el pasado viernes, en la Sala de Conferencias de la Rural del Prado, con una conferencia sobre geopolítica. Y en qué momento. Gonzalo Oleggini, consultor, docente e investigador en Negocios Internacionales y Logística, se encargó de dibujar el tablero sobre el que hoy se juega el negocio de la carne uruguaya: el del nuevo orden del comercio internacional.
Su recorrido fue una sucesión de crisis, desde el petróleo en los setenta a la pandemia y la guerra en Ucrania, para llegar a una foto del presente en la que la triada de poder de 1945 ya no es la de 2026, según dijo. Estados Unidos aparece con una estructura productiva insuficiente y un déficit comercial que lo obliga a mover fichas: entre las “medidas urgentes” figura la importación de 300.000 toneladas de carne vacuna, sin aranceles, de los últimos días. China, en cambio, entra con su demografía y una clase media que empuja el consumo, mientras el mapa se tensa en cada cuello de botella logístico como el Estrecho de Ormuz, el Canal de Panamá con menos buques por la sequía o el caso de Ceuta y Melilla. La pregunta que dejó abierta sobre qué podemos esperar, se responde con inestabilidad, fenómenos ambientales adversos, restricciones comerciales y temas sanitarios, pero también con una oportunidad concreta para el Uruguay: su inserción internacional (destacando casos como Japón, Vietnam, Corea del Sur, India, el CPTPP) y un dato que resume el clima de estos meses: un índice que cotiza los commodities, encadenó once días de suba consecutiva, algo que no sucedía desde 1994.
Sobre ese telón de fondo se desarrolló la posterior mesa redonda “Innovación en el sector cárnico”, moderada por Martín Olaverry, con tres miradas complementarias: la del campo, la de la industria y la de la institucionalidad.
Alejandro Costa, productor y socio de Hereford, destacó un momento principal en el paso de la ganadería tradicional a la moderna: el decenio de crecimiento de 2004 a 2013. “Irrumpió Asia, el mundo nos descubrió”, resumió, y con ese descubrimiento llegaron los cambios en los precios relativos de la tierra y la renta, acompañado de un proceso de intensificación que encadenó el boom agrícola, el ganadero, los corrales y la forestación. Los resultados, dijo, se leen en el volumen exportado, en los pesos de carcasa y en el aumento de la producción de terneros: “La cría empuja, vamos a pasar de tres millones de terneros”. Si tuviera que elegir un punto simbólico de esa transformación, fue contundente: la llegada de la cuota 481 y el cambio “impresionante” que trajeron los corrales.
Costa describió una ganadería que hoy incorpora tecnología a diario (como por ejemplo inseminación a tiempo fijo desde hace una década, diagnóstico de actividad ovárica, uso de drones y más) y que dejó de mirarse a sí misma como productora de un commodity. “No producimos más un commodity, vamos un poco más allá”, afirmó, y planteó una definición que ordena todo anterior: el productor es, antes que nada, un gestor de riesgos que actúa en función de las expectativas. Por eso reservó un lugar para el reconocimiento: “Lo primero es felicitar a Copayan y a la institución Hereford por animarse a dar un paso difícil, en un país caro como Uruguay, que es agregar valor”, cuando “es fácil recostarse en los procesos primarios, que es donde más competimos”. Además dijo que el propio consumidor local sabe leer: “Los consumidores uruguayos conocen de carne mucho más que el resto del mundo, más todavía cuando hay una marca detrás”.
Esa marca fue el eje de Josefina Valenti, gerenta de Marketing del INAC. “La carne con marca definitivamente es un sí”, sintetizó. Su argumento parte de un consumidor global que cambió: “Cada vez pide, y le interesa más, de dónde viene, quién lo produjo, cómo lo hizo, la trazabilidad”. Sobre ese cliente, el instituto trabaja con una estrategia segmentada para los tres grandes mercados que son Europa, China y Estados Unidos, “pensando en lo que valora cada uno”.
China, según apuntó, es un nicho que consume carne importada y de calidad, cada vez más atento a la seguridad alimentaria. Ese trabajo de posicionamiento se hace en ferias, con chefs, importadores y compradores, y hoy encuentra al INAC “logrando posicionar al Uruguay y a la marca Uruguay Meats”, mientras en lugares como Emiratos Árabes, Japón o Singapur la tarea todavía es que “nos conozcan”. El activo con el que sale a jugar es insustituible: la gente vinculada al producto “queda anonadada” al venir al país y recorrer los campos, ver el ganado a cielo abierto, las leyes de crecimiento natural, el no uso de hormonas. “Atributos únicos”, cerró: la carne con marca “es el camino a los consumidores de hoy, que leen las etiquetas y quieren saber qué están consumiendo”.
Le tocó a Fernando González, director de Frigorífico Copayan, cerrar el panorama desde la industria y hacerse cargo del capítulo más sensible: el precio. Empezó por el contraste histórico. “Hace años vendíamos un commodity en forma zafral, con los frigoríficos parados en invierno, totalmente pastoril y con grandes limitaciones de mercado”, recordó. El gran diferencial, para él, fue “el proceso de país luchando por el acceso a mercados” de las últimas tres o cuatro décadas. A eso se suma una ventaja natural: “Tenemos razas que nos permiten una calidad de carne que los grandes competidores en volumen, como Brasil, no pueden lograr por clima”.
Salir del commodity, sostuvo, “siempre es una parte”: hay que jugar en ese mundo duro del precio y, a la vez, diferenciarse “como hacemos con el rump and loin en Europa o la carne de grano en China”. Luego también se refirió al precio: “Hay algo que está primero, que es la demanda. La demanda está. Y si está, y nosotros hacemos bien las cosas, el precio siempre nos acompaña”. No lo lee como un momento coyuntural: “No hay dudas de que es estructural”, dijo, y lo ató a un fenómeno global: con el protagonismo de la proteína a partir de nuevos medicamentos como el Ozempic, y una franja de consumidores de mayor poder adquisitivo que “no solo buscan proteínas, sino un placer, un disfrute, una experiencia”.
La relación entre el precio del ternero y el del ganado gordo, agregó, “nunca estuvo tan sostenida en el tiempo como hoy en el Uruguay”. Su síntesis es también la del negocio que Copayan viene a proponer: “Tenemos el privilegio de trabajar la proteína vedette, la elegida por los de mayor poder adquisitivo. Tenemos la demanda, el precio acompañará. Hay que producir más y aprovechar el momento”, para “llegar al consumidor final con nuestra marca, acompañando al Hereford”, porque “la carne cada vez más es una experiencia”.
Las tres voces, distintas en su lugar dentro de la cadena, terminaron con muchos puntos en común. Costa destacó, desde el campo, animarse a agregar valor; Valenti confirmó desde INAC que el consumidor del mundo pide marca, origen y trazabilidad y González cerró desde la industria, con la certeza de que la demanda es estructural y el precio la acompaña.
Todas encajan en la oportunidad del tablero que había dibujado Oleggini: un mundo que se reordena, con Estados Unidos importando carne, China empujando con su clase media que crece en poder adquisitivo y el Uruguay buscando su lugar en nuevos mercados. En ese escenario, el lanzamiento de Copayan Selección Hereford, la apuesta de la Sociedad de Criadores de Hereford del Uruguay a una carne certificada, con marca y con una historia en conjunto, aparece menos como un producto nuevo y más como una respuesta: la de un país que decidió que su carne dejara de ser un commodity para ser algo más.