Entramos en el segundo semestre del año y el panorama económico y de los agronegocios tiene más preocupaciones que satisfacciones, si bien nunca todo es adverso. El Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) que elabora el Banco Central cayó 1,6% en abril respecto al mes anterior (desestacionalizado) y quedó 1,3% debajo de su nivel de un año atrás (abril 2025). En el acumulado anual, promediando los primeros 4 meses del año, la actividad prácticamente no se movió (avanzó apenas 0,3% respecto al mismo período de 2025). Y no se vislumbran cambios sustanciales para los meses de mayo y junio.
Desde el equipo económico se enfatiza que estos datos incorporan el impacto de la sequía, que no solo afectó la producción agrícola directamente, sino los servicios asociados (transporte, logística) y los encadenamientos que -se sabe- la producción agrícola genera, y que este año tienen menos dinamismo porque la producción de soja cayó a la mitad (no superará los 2 millones de toneladas).
Pero analistas independientes y empresarios de diversos sectores (incluido el agro) tienen otra mirada. Observan que Uruguay sigue aquejado de problemas de competitividad: altos costos que dificultan la inversión y la concreción de ventas, o el propio desarrollo de nuevos negocios.
Ambas visiones no son excluyentes: en efecto, la sequía impacta, pero hay problemas más permanentes. Sin ir más lejos, el gobierno ya había anticipado una baja en la proyección de crecimiento para este año (de 2,2% en la estimación presupuestal a 1,6%); ahora, en la Rendición de Cuentas presentada esta semana, también baja la proyección para el 2027, de 2,4 a 2,1%.
También ha incidido, obviamente, el impacto de la guerra, que ahora parece haber culminado; hay tregua y negociaciones entre EEUU e Irán, lo que llevó el petróleo casi a niveles previos al conflicto. En este contexto, el Poder Ejecutivo decidió bajar 5% el precio de los combustibles. La paridad de importación indicaba una baja mayor (7 y 14% para nafta y gasoil, respectivamente), pero el Ejecutivo aclaró que los aumentos previos no habían seguido la paridad, sino que fueron menores. Mientras, los precios en los países vecinos también bajan, de manera que -en gasoil- se ha vuelto al escenario de siempre: Uruguay con combustibles más caros que en la región. Y -como muestra la gráfica- la evolución del precio de los combustibles (sobre todo la nafta) ha quedado por encima de la del petróleo (tomando los valores a pesos corrientes).
Así, el precio del gasoil en Uruguay quedó levemente por debajo de 1,5 US$/l, mientras en Argentina y Brasil está en torno a 1,3 US$/l. Si el petróleo sigue en los niveles actuales (debajo de 73 US$/barril Brent) debería haber otra baja; pero las últimas compras de petróleo por parte de ANCAP se hicieron a precios superiores, por lo que habrá que ver cómo el ente gestiona este desfasaje. Los últimos embarques de petróleo se descargaron a fines del mes pasado, a precios de 97 US$/barril al momento de la compra, aunque es posible ajustar el precio definitivo a la baja, tomando el precio actual del mercado internacional.
Salvando las distancias, un desafío similar tienen los compradores de fertilizantes, que compraron en momentos de precios altos y ahora enfrentan un descenso de precios a nivel internacional (gráfica). Son vaivenes que exigen una gestión financiera meticulosa, para evitar pérdidas serias. En el mercado local, la urea granulada -que estaba en torno a 530 US$/ton antes de la guerra- saltó a más de 900 US$/ton en el momento álgido del conflicto en Medio Oriente. Con la tregua y las negociaciones de paz, la suba se revirtió, aunque no totalmente; la urea granulada está valiendo hoy en torno a 640 US$/ton, lo que agilizó los negocios.
Es un asunto importante porque -dados los altos costos y precios no muy destacados para los cereales-, es imprescindible lograr altos rendimientos, para lo cual se precisa aplicar nutrientes para que las variedades expresen el mayo potencial; todo esto aún considerando los lógicos resquemores por el sobreviniente Niño, previsto para la próxima primavera, que puede traer lluvias abundantes y complicar la sanidad de los cereales de invierno. No en vano hay una tendencia a resignar área de trigo para ir a maíces de primera, de gran potencial y que pueden verse -en este caso- beneficiados por una primavera lluviosa.
Provisorio en baja. Es en este difícil escenario que la agricultura tiene que sobrellevar las pérdidas por la sequía (en el caso de los sojeros) o por los bajos precios, en el caso del arroz. El precio provisorio de 9,10 US$/bolsa acordado entre la ACA (Asociación de Cultivadores de Arroz) y los molinos, está 2 dólares por debajo del equilibrio, según los productores. Es el más bajo en casi 20 años (gráfica); en un cultivo con costos promedio en torno a 2.000 US$/ha, esto implica una pérdida de al menos 300 US$/ha, si no hay cambios en el precio definitivo. En la mayoría de los casos esto hay que cubrirlo con financiamiento adicional.
El referido precio provisorio se estableció con el 34% de la zafra vendida, pero en el sector se estima que el mercado puede mejorar, en la medida que la propia baja global de precios desalienta las siembras en los principales países productores, lo que constituye un factor alcista; de hecho ya hay cierto alentador repunte de precios en las últimas semanas.
Esto es lo que fundamenta desplegar financiamiento para sostener el área. El BROU ya ha tomado medidas especiales para refinanciar a los productores arroceros de cara a la próxima siembra y en el sector, por su parte, se está pensando en un fideicomiso para obtener fondos a pagar con plazo, para sortear la situación y sostener el área, de manera que la producción no se resienta. Es algo que hay que evitar a toda costa, entre otras cosas porque la industria necesita volumen para licuar costos fijos cada vez más altos.
Desafíos y oportunidades. Esto razonamiento vale para otras industrias, caso de la frigorífica, que recién ahora está faenando a niveles similares al año pasado (en el acumulado, la faena es 16% inferior a la del año pasado, medida en cabezas totales).
Para los productos del campo hay nuevas oportunidades comerciales y hay que aprovecharlas; entre las principales, está el ya vigente acuerdo del Mercosur con la UE. Lo que es difícil es avanzar comercialmente con la actual alta carga de costos locales y -por si fuera poco- con un conflicto portuario permanente, que afecta múltiples negocios de exportación/importación; la terminal de TCP trabajó “normalmente” apenas 2 o 3 días, en las últimas 2 semanas, y el conflicto sigue, complicando negocios y generando falta de confianza de los compradores del exterior. Grave es poco.