La metodología de seguimiento directo en el predio se estructura a partir de la conformación de lotes de prueba para evaluar de forma comparativa el desempeño de diferentes grupos químicos. El protocolo sugerido por el técnico de INIA, consiste en la selección aleatoria de 20 animales por cada principio activo que el productor pretenda testear, como podría ser el caso, por ejemplo, de confrontar la eficacia de un fipronil frente a una ivermectina.
La técnica requiere el conteo al día cero, que debe ser la base para evaluar la respuesta de los productos, momento exacto en el que se procede a la aplicación del tratamiento farmacológico correspondiente a cada lote. Posteriormente, el personal debe retornar a los corrales al día diez para efectuar una segunda cuantificación de los parásitos viables sobre el lomo del ganado.
La comparación de ambos registros arroja el porcentaje exacto de reducción poblacional de la plaga, aportando un dato certero sobre la sensibilidad o resistencia de los ácaros en esa fracción específica del establecimiento.
La implementación de esta tecnología en las rutinas de trabajo del medio rural no requiere de instrumental sofisticado, pero sí demanda el entrenamiento específico del personal para asegurar la fidelidad de la información.
Al respecto, el Dr. Parodi detalla las características del procedimiento y la facilidad de su adopción por parte de los operarios: “Es una tecnología para la que tenemos necesariamente que entrenar a un funcionario rural que sepa cuantificar, a través de la técnica de palpación. Básicamente es palpar el animal e ir contando aquellas garrapatas que tengan más de 4 o 5 milímetros, ya son garrapatas visibles, fácilmente contables. Los funcionarios que se entrenan en esto son muy ágiles, lo puede hacer un funcionario, lo puede hacer el propietario o un técnico actuante. Y básicamente esa es la tecnología: contamos, tratamos y vamos a contar nuevamente”.
ANSIEDAD: En algunos casos, los técnicos consideran que existe un exceso de ansiedad a nivel de los productores. La visualización de un número marginal de garrapatas sobre el ganado suele desencadenar la aplicación inmediata de tratamientos químicos, una práctica que acelera de forma drástica los procesos de selección genética y consolidación de poblaciones multirresistentes. El técnico de INIA dijo que debe generarse un cambio conceptual a nivel productivo, invitando a los ganaderos a entender que la simple presencia del parásito sobre el animal no guarda una relación lineal directa con un detrimento en los indicadores físicos y productivos de los ganados.
En este sentido afirmó que las investigaciones en Uruguay han logrado validar umbrales de presencia del parásito en cada generación. Los registros demuestran que durante el desarrollo de la primera y la segunda generación del ácaro, la coexistencia con una carga biológica de entre cinco y ocho garrapatas por animal representa un escenario perfectamente inocuo que no altera la ganancia de peso ni la condición corporal. Asimismo, los márgenes de tolerancia se expanden en la tercera generación, etapa donde los rodeos comerciales pueden soportar una presencia de entre 20 y 25 garrapatas por cabeza sin registrar pérdidas de kilos en las pasturas.
“Tener garrapatas no es igual a menor producción. Hay umbrales, que en Uruguay se han establecido, de visualización de garrapatas por la primera generación, segunda generación y demás. Entonces eso debe ser el primer cambio de paradigma del productor es permitirse ver garrapata” dijo Dr. Pablo Parodi.
El profesional explicó que “permitirse ver garrapatas” en el ganado, reducir las aplicaciones de químicos, va de la mano de la inmunización del rodeo vacuno con la hemovacuna.