La garrapata dejó de ser únicamente un problema sanitario para transformarse en un factor que condiciona cada vez más las decisiones productivas y comerciales de la ganadería uruguaya. Así lo afirmó Gonzalo Ducós, coordinador ganadero de Fucrea y director de Campo Capital, quien advirtió que ya existen diferencias de precios entre ganados provenientes de zonas limpias y aquellos ubicados en áreas con alta incidencia del parásito. En diálogo con Hablemos de Agro, este domingo por Canal 10, el técnico analizó además los resultados del tercer diagnóstico de gestación, el escenario de precios de la carne, la integración agrícola-ganadera y los desafíos que enfrenta el país para seguir aumentando la producción de terneros y expandir su rodeo de cría.
La cría consolida un piso superior al 80% y apunta a un nuevo desafío productivo
El resultado del tercer diagnóstico de gestación confirmó una preñez promedio de 81,1%, consolidando tres años consecutivos por encima del 80% y reforzando la percepción de que la ganadería uruguaya atraviesa un cambio estructural en sus niveles reproductivos. Para Ducos el dato era esperable por las condiciones de la primavera y por el mayor nivel de intervención que realizaron los productores para sostener los índices de preñez.
“El resultado es muy bienvenido, pero también era esperable”, afirmó. Explicó que la mayor parte de las preñeces ya estaban definidas antes de que las dificultades climáticas se intensificaran desde mediados de enero, especialmente en las zonas más afectadas por la sequía. En esos casos, destacó que muchos productores recurrieron a herramientas de manejo como el destete temporario y el destete precoz para sostener los resultados.
Según Ducos, mientras en el centro y este del país hubo una fuerte intervención para corregir los efectos del clima, en el norte y noreste, donde las condiciones fueron excepcionalmente buenas, varios productores optaron por una menor intensidad de manejo. “Creo que allí se perdieron tres o cuatro puntos de preñez que se podrían haber captado con algunas intervenciones”, señaló.
Más allá del resultado puntual, el técnico considera que el país está consolidando un nuevo piso productivo. “Creo que sí es estructural. Se ve un esfuerzo muy importante de los productores por mejorar la cría”, sostuvo. Como referencia, mencionó que los grupos Fucrea registraron este año un promedio de 86% de preñez y acumulan un promedio de 84% en los últimos seis años.
Para Ducos, el desafío ya no pasa por alcanzar los tres millones de terneros, una meta que durante años pareció lejana y que hoy se considera consolidada. “Los productores demostraron que era posible. Ahora la vara tiene que estar en los cuatro millones de terneros”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que el crecimiento del rodeo de cría será determinante. Recordó que en la última década el stock de vacas de cría aumentó a razón de unas 70.000 cabezas por año, aunque entiende que ese proceso podría acelerarse impulsado por los buenos valores del mercado. “Me imagino que la tasa de crecimiento se va a duplicar”, señaló.
El especialista también remarcó que los elevados precios del ternero están modificando las decisiones productivas. Con valores que superan los US$ 800 por cabeza en muchos casos, cada preñez adquiere un valor económico cada vez mayor. “Hoy una vaca vacía o una vaca preñada que se manda por error a faena cuestan mucho dinero”, indicó.
A su juicio, los actuales precios de la carne y la firmeza del mercado permiten sostener valores elevados para la reposición. “No veo argumentos para que el ternero baje. Si algo tiene margen para subir es el valor de la vaca de cría”, afirmó.
Ducos también observó señales positivas en la retención de terneras registrada durante la última zafra, un indicador que considera clave para expandir el rodeo nacional. Sin embargo, advirtió que el crecimiento del stock requerirá acompañamiento técnico y una adecuada planificación forrajera.
“El desafío no es solamente preñar una ternera de 15 meses. Lo realmente difícil es que se preñe por segunda y tercera vez. Ahí es donde hay que trabajar mucho desde el manejo y la alimentación”, dijo.
Una oportunidad histórica que exige pensar la ganadería a largo plazo
Más allá de los excelentes precios que atraviesa la ganadería, Ducos entiende que el verdadero desafío pasa por aprovechar este contexto para construir una estrategia de largo plazo. El técnico recordó que hace un año advertía sobre la necesidad de capitalizar los momentos excepcionales del mercado, ya que históricamente los ciclos favorables no suelen ser permanentes.
Sin embargo, considera que existen fundamentos que permiten pensar en un escenario más duradero que en otros períodos de bonanza. Uno de ellos es la creciente dificultad que enfrentan los principales países productores para sostener y aumentar sus rodeos de cría.
“Hay algo que me hace pensar que esto puede durar varios años más, y es que generar un ternero no es un proceso industrializable”, afirmó. Según explicó, mientras actividades como la producción avícola o porcina pueden integrarse completamente en sistemas industriales, la cría vacuna mantiene un fuerte componente artesanal que depende de personas, conocimiento y dedicación diaria.
Como ejemplo, relató una reciente visita de productores canadienses cuya edad promedio rondaba los 64 años y donde prácticamente no existía recambio generacional. A su entender, esa situación se repite en buena parte de los países desarrollados y constituye uno de los principales límites para expandir la oferta mundial de carne vacuna.
“Generar un ternero requiere un trabajo que sigue siendo artesanal. Esa es una ventaja que Uruguay tiene frente a otros competidores”, sostuvo.
Ducos señaló que el país cuenta con mayores posibilidades de incorporar nuevas generaciones a la producción ganadera, aunque advirtió que para lograrlo será necesario invertir en infraestructura y condiciones de vida en el medio rural.
“Necesitamos escuelas, caminos, acceso a servicios de salud y mejores condiciones para que la gente joven quiera quedarse y trabajar en el campo”, afirmó.
Bajo esa visión, entiende que Uruguay debería fijarse objetivos ambiciosos para las próximas décadas. A su juicio, el país necesita discutir seriamente hacia dónde quiere llevar su ganadería y definir metas productivas concretas. “Deberíamos estar pensando dónde queremos estar dentro de 15 o 20 años. Hay que animarse a proyectar el país ganadero que queremos construir”, expresó.
En ese escenario, volvió a plantear como meta alcanzar los cinco millones de vacas de cría y acercarse a una producción anual de cuatro millones de terneros, objetivos que considera posibles si se mantienen los actuales incentivos económicos y se acompaña el crecimiento con políticas adecuadas.
Para Ducos, el desafío trasciende la coyuntura de precios y obliga a pensar la ganadería como un proyecto nacional de largo plazo. “Tenemos que definir a dónde queremos ir. Después podremos corregir el rumbo si es necesario, pero primero hay que tener claro el destino”, concluyó.
La integración agrícola-ganadera amortiguó un año difícil para los cultivos
Al analizar el ejercicio 2025/26, Gonzalo Ducos sostuvo que las empresas que combinan agricultura y ganadería fueron las que mejor pudieron absorber el impacto de una campaña agrícola marcada por rendimientos inferiores a los esperados y precios de la soja por debajo de los US$ 400 por tonelada.
Según explicó, la principal fortaleza de estos sistemas es que la ganadería funciona como una herramienta para sostener el flujo financiero cuando la agricultura atraviesa dificultades. “Las empresas que integran ambos rubros tienen un salvavidas. Cuando la agricultura se complica, la ganadería permite acomodar los problemas financieros y seguir adelante”, señaló.
El técnico destacó que, pese a las dificultades de la última campaña, los productores mantuvieron la apuesta agrícola, reflejada en una importante superficie sembrada de colza y una buena intención de siembra de trigo.
“La deuda de la agricultura se tapa con agricultura. Los productores siguen apostando y continúan invirtiendo”, afirmó.
No obstante, aclaró que el peso de la ganadería como respaldo depende de la estructura de cada empresa. Mientras en establecimientos con una participación relevante del componente ganadero el impacto agrícola puede amortiguarse, en esquemas altamente agrícolas la situación se vuelve más compleja. “Si una empresa tiene 80 o 90% de agricultura y apenas un 10% de ganadería, la ayuda existe, pero es más difícil compensar los malos resultados agrícolas”, explicó.
Ducos también remarcó la importancia de mantener una agricultura económicamente viable dentro de los sistemas mixtos, no solo por los resultados directos de los cultivos, sino por el aporte que realiza a la productividad ganadera a través de las rotaciones y las pasturas.
“Hay sistemas donde las pasturas producen 250 kilos de carne por hectárea y otros donde producen más de 600 kilos. La agricultura bien integrada transforma completamente la ganadería”, indicó.
Pese a las dificultades registradas en los cultivos, el coordinador ganadero de Fucrea consideró que, en términos generales, el ejercicio cerrará con resultados positivos para muchas empresas, impulsado por el excelente momento que atraviesa la producción de carne. “Vamos hacia uno de los mejores ejercicios de las últimas décadas en términos corrientes. No sé si será el primero, el segundo o el tercero, pero claramente será un muy buen año”, afirmó.
En paralelo, destacó el creciente peso que vienen adquiriendo los corrales de engorde dentro de la cadena cárnica. Recordó que actualmente cerca del 40% de la faena proviene de sistemas de terminación a corral y entiende que esa participación continuará creciendo en los próximos años.
“Todo indica que la incidencia de los corrales va a seguir aumentando”, sostuvo.
Sin embargo, advirtió que esta transformación también plantea nuevos desafíos para los sistemas productivos. Explicó que la venta de animales más livianos hacia los corrales reduce los kilos de carne producidos dentro de los establecimientos ganaderos y que, con precios excepcionalmente altos, esa menor producción pasa inadvertida.
“Hoy los precios disimulan muchas cosas, pero cuando el mercado cambie, esos kilos de carne que dejamos de producir dentro de los sistemas se van a sentir”, señaló.
Por ese motivo, considera que el gran desafío de la ganadería uruguaya será aumentar la producción total de carne por hectárea, manteniendo la eficiencia y aprovechando las nuevas oportunidades que genera la intensificación.
“Hay que encontrar la forma de producir los mismos kilos o más dentro de los sistemas. Ese es uno de los grandes desafíos que tenemos por delante”, expresó.
La garrapata, el “cisne negro” de la ganadería uruguaya
Gonzalo Ducos advirtió que la garrapata se transformó en uno de los principales factores de cambio para el negocio ganadero, no solo por su impacto sanitario, sino también por sus consecuencias comerciales y productivas.
“Sin lugar a dudas está marcando un cambio”, afirmó. Para graficar la dimensión del problema, recordó que en 1960 una consultoría solicitada por el Ministerio de Ganadería ya identificaba tres grandes desafíos para la ganadería nacional: brucelosis, garrapata y manejo del campo natural.
Según Ducos, durante varias décadas se trabajó correctamente en el control del parásito, pero luego la situación “se desmadró”. Hoy, señaló, el país enfrenta problemas de multirresistencia, dificultades de manejo, riesgos de residuos en la industria frigorífica y posibles impactos en los mercados.
El técnico sostuvo que el problema ya está generando diferencias concretas en el mercado. Aseguró que los sistemas que compran ganado empiezan a preferir animales provenientes de zonas limpias y pagan más por ellos.
“Hay una diferencia entre un ganado que está en una zona limpia y otro que viene de una zona con garrapata”, señaló.
Ducos explicó que, en algunos remates virtuales, esa brecha ya se refleja en los valores. Según dijo, cuando aparece un lote de una zona con mayor riesgo sanitario, el mercado lo castiga, mientras que los ganados de zonas limpias logran mejores precios.
A su entender, el verdadero problema no es únicamente la garrapata, sino las enfermedades que transmite, principalmente babesiosis y anaplasmosis, que provocan muertes y pérdidas productivas importantes.
Por eso, consideró que la hemovacuna debe ocupar un lugar central en la estrategia sanitaria. “La inmunización de los ganados con hemovacuna es una herramienta en la que deberíamos apoyarnos de forma importante”, sostuvo.
El especialista remarcó que hay establecimientos en zonas de alta presión sanitaria que, trabajando con protocolos adecuados, logran convivir con el problema. Sin embargo, advirtió que la situación exige mayor planificación, más asistencia técnica y una respuesta pública más operativa.
Consultado sobre la posibilidad de que la industria frigorífica acceda a información de establecimientos observados por incumplimientos vinculados a residuos, Ducos dijo que, aunque es un tema sensible, lo considera correcto. De todos modos, aclaró que el uso de esa información no debe estar orientado únicamente al castigo. “No se trata de condenar a muerte a una empresa ganadera, sino de ayudarla a salir del problema”, afirmó.
Para Ducos, la garrapata ya afecta decisiones de compra, valores de los ganados e incluso puede incidir sobre el valor de los campos en zonas complicadas. Por eso, insistió en que Uruguay debe asumir el tema como un problema estratégico. “La garrapata es el cisne negro de nuestra ganadería”, concluyó.