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Federación Rural no quiere un valor del dólar a gusto propio

El economista y asesor de la Federación Rural dijo que “si hay algo que estamos convencidos es si las gremiales no se hubieran puesto al hombro este problema, y si no salían adelante a plantear la situación, el dólar hoy valía 36,50. Es decir, la reacción que se logró es porque se está planteando el problema y se está diciendo acá hay un problema”.

Milton Ramallo, asesor de la Federación Rural

Con un gasto público rígido, políticas monetarias que priorizan el valor del peso frente a su par estadounidense, y una variabilidad climática adversa, la economía del sector agropecuario se encuentra en un escenario complejo. El economista Milton Ramallo, asesor de la Federación Rural, remarcó que la gremial ha expuesto claramente su visión sobre la situación.

Durante meses, el reclamo por el atraso cambiario fue una constante en las mesas de diálogo, encontrando inicialmente una resistencia oficial que atribuía la situación exclusivamente a factores externos. Sin embargo, la reciente admisión de la problemática por parte del Ministerio de Economía y Finanzas marca el inicio de una nueva etapa en la relación entre el campo y el Gobierno, aunque para los productores, esto es apenas el primer paso de un camino que requiere soluciones estructurales, profundas, y una revisión exhaustiva de la intervención del Estado en el mercado de divisas.

La preocupación por el valor de la moneda extranjera no es un fenómeno coyuntural para la Federación Rural, sino el resultado de un proceso acumulativo que ha erosionado la rentabilidad del productor. En este sentido el economista Milton Ramallo señaló que “evidentemente el problema del dólar no empezó ayer cuando el ministro asumió la situación, e hizo las declaraciones que hizo, diciendo tenemos un problema con el dólar. El problema lo tenemos hace rato y no se quería asumir que teníamos un problema, eso era lo que pasaba”.

Según el análisis del asesor de la gremial, la discusión se vio empantanada durante mucho tiempo en una simplificación de los términos, donde el discurso oficial se amparaba en la debilidad global del dólar para justificar la situación local. La visión de la Federación Rural es que el país está operando con un sesgo que perjudica la exportación y en este sentido el economista manifestó “le estamos poniendo un ancla a ese dólar que estamos generando” y aclaró que “cuando uno hace declaraciones no pretende que el dólar tenga un valor específico, a gusto propio. Lo que pretendemos es que tenga el valor que tiene que tener”.

El concepto del “ancla” es fundamental para entender la frustración de los productores agropecuarios. Se argumenta que, si bien el contexto internacional influye, la política doméstica ha sido el actor principal en la determinación de un tipo de cambio que consideran artificialmente bajo. Para la gremial, el valor de la divisa no debe ser una construcción caprichosa de los sectores interesados, sino el reflejo de una paridad real con los costos de vida y producción en Uruguay. Ramallo afirmó que el valor actual no ha surgido de forma orgánica, sino que ha sido inducido por una serie de decisiones administrativas. El objetivo de la gremial, dijo, es que el dólar recupere su valor real y “no que nosotros se los demos como se venía haciendo hasta ahora. Que mediante ciertas medidas, básicamente del Banco Central, como principal actor, estaba generando para que esa divisa tenga el valor que tiene hoy en día”.

La discusión técnica sobre las herramientas disponibles para el Gobierno es extensa, pero para el productor que debe liquidar sus divisas para pagar los costos en pesos, la ecuación es muy simple: los ingresos en dólares no alcanzan para cubrir los egresos en moneda local. Ramallo explicó que las acciones tomadas hasta el momento parecen insuficientes frente a la magnitud del desajuste acumulado, entre ambas divisas. Incluso con las recientes bajas de las tasas, el impacto esperado en el tipo de cambio es moderado, y la gremial sostiene que el valor de equilibrio debe situarse significativamente por encima de los niveles actuales, entendiendo que el dólar “tiene que estar en niveles de 40 pesos, que todavía es un valor sumamente bajo”. Ante esto, el economista remarcó que si las gremiales agropecuarias “no se hubieran puesto al hombro este problema”, el dólar seguiría estando en $ 36,50.

Un aspecto que preocupa a la Federación Rural es el desfase persistente entre el dólar y la inflación local. Este fenómeno genera una distorsión en los rendimientos financieros que desestimula la inversión productiva en favor de la especulación o el ahorro en moneda nacional. Ramallo señaló que “lo que necesitamos acá es que el dólar acompañe la inflación local y no quede tan desfasado, que eso es lo que genera esas altas tasas de rendimiento, porque obviamente pagás tasas en pesos, en dólares, obtenés otros rendimientos”. Según el asesor de la Federación Rural, se ha fomentado una estructura donde los bancos encuentran más rentable operar en pesos, trasladando esa preferencia a sus clientes y depositantes. Esta estrategia de pesificación de la economía, “genera incentivos para que el sistema bancario se pesifique. Entonces cuando sistema bancario se pesifica, empieza a ejercer presión al opuesto, vende continuamente o capta pesos en vez de dólares, o va al depositante y le dice te conviene depositar pesos, no te conviene depositar dólares”. El resultado final es un depositante que, asesorado por su agente bancario, se vuelca al peso, consolidando la tendencia a la baja de la moneda estadounidense.

Para la Federación Rural, no se puede hablar de atraso cambiario sin abordar el problema de fondo que condiciona toda la macroeconomía uruguaya: el déficit fiscal. Esta variable es descrita como un mal crónico que el país arrastra desde la crisis del año 2002 y que no ha logrado ser corregido con éxito por las sucesivas administraciones. Al respecto Ramallo advirtió que este es un problema transversal a toda la sociedad y que no admite soluciones paliativas. En este sentido dijo “estamos hablando que estamos por encima de 4% y eso está generando muchos problemas porque está bastante por encima. Pero además tenemos un tema de que eso no lo podemos resolver en corto plazo porque le lleva tiempo al Gobierno lograr cambiar esa variable”.

La crítica gremial apunta a la filosofía con la que se gestionan los recursos públicos, según explica el asesor de la Federación Rural, se percibe una lógica de gestión invertida, donde primero se compromete el gasto y luego se busca la manera de obtener los ingresos necesarios, generalmente a través de una mayor presión fiscal o endeudamiento. Este enfoque es el que, a juicio del economista Milton Ramallo, impide que el país se retire de su dependencia del endeudamiento en dólares, lo cual retro alimenta el problema cambiario.

La propuesta de la Federación Rural es un cambio de paradigma hacia un ordenamiento previo de las cuentas públicas. Según Ramallo, “es una mentalidad casi que política la de tomar ese tipo de medidas” que se adoptan hasta el momento, por lo que se debería avanzar en decir: “bueno muchachos, vamos a ordenar la caja y después hacemos el gasto, en lugar de hagamos el gasto y salgan a buscar los recursos”. Al respecto indicó los planteamientos oficiales sugieren que el déficit debe resolverse mediante la recaudación, una visión que el sector productivo considera agotada.

Durante el último ejercicio, el agro uruguayo vivió un periodo que Ramallo califica como excepcional, donde la alineación de buen clima, altos rendimientos y precios internacionales favorables permitió disimular las ineficiencias de costos internos. Sin embargo, esta bonanza fue, en muchos sentidos, un espejismo que ocultó la gravedad del problema cambiario. Ramallo explicó que este es el núcleo del conflicto: “ese intercambio de moneda, que cuando yo tengo que asumir los problemas internos, los costos internos, necesito cada vez más ingresos”.

La perspectiva para el año en curso es radicalmente distinta y genera preocupación en la Federación Rural. Sin el colchón que brindaban los precios de exportación récord, ni la seguridad de un clima benévolo, el impacto del tipo de cambio se sentirá con toda su crudeza. El 2026 se perfila como un “año bisagra” para la producción nacional, un periodo donde se pondrá a prueba la resistencia de las empresas ante una estructura de costos que no ha dejado de subir.

Ramallo advirtió que el margen de maniobra se ha agotado, ya que “hoy en día la situación es otra, es distinta, no es la misma de lo que fue el año pasado, cuando todos los problemas no se vieron porque quedaron todos básicamente tapados con ese nivel de precio. Eso es lo que se va a ver este año y vamos a ver cómo reacciona el sector y cómo reaccionan las autoridades”. La alineación de los costos en toda la cadena productiva a los nuevos niveles de precios comienza a dejar al sector sin defensas naturales frente al atraso cambiario.

La presión de las gremiales llevaron al dólar a $ 38,5

A pesar del panorama desafiante, la Federación Rural rescata como un logro fundamental la capacidad de las gremiales agropecuarias para forzar un cambio en el discurso y la acción del Gobierno. Existe la convicción de que la leve recuperación que ha mostrado el dólar en las últimas semanas es una consecuencia directa de la presión política y pública ejercida por el sector productivo. Ramallo recordó que, poco tiempo atrás, la respuesta oficial era de una negación absoluta, sosteniendo que el valor del dólar era simplemente lo que el mercado mundial dictaba y que no habría intervención alguna. Sin embargo, la persistencia de las gremiales logró mover la aguja, pasando de un escenario donde se proyectaba un dólar a 36,50 a la cotización actual cercana a los 38,50 pesos. Para el economista, esta evolución es la prueba de que el esfuerzo gremial ha dado frutos, aunque estos sean parciales. La visión de la Federación Rural es que, sin su intervención, la situación sería hoy catastrófica para el sector agro exportador. “Si hay algo que estamos convencidos es si las gremiales no se hubieran puesto al hombro este problema, sino hubieran salido y si no salían a plantear la situación, el dólar hoy valía $ 36,50. Es decir, la reacción que se logró es porque se está planteando el problema y se está diciendo acá hay un problema”.

No obstante, el asesor advirtió que las medidas anunciadas, como las compras de divisas por parte del Ministerio o la pausa en la pesificación, son apenas “una gota en un balde de agua” y que se requiere tiempo para que estas acciones se consoliden y generen un efecto real en la economía de las empresas agropecuarias.

La expectativa está puesta en que esta nueva actitud de las autoridades se traduzca en una mejora sostenida durante el primer semestre del año, permitiendo al sector encarar el “año bisagra” con herramientas más sólidas.

Entrevista a los directores de Indarte y Cía.

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