Publicidad

Ferber: “China nos va a comprar todo lo que producimos, pero Uruguay debe resolver su competitividad”

El presidente de la Asociación Rural del Uruguay analizó la misión oficial a China, el escenario internacional de la carne, la firmeza del negocio ganadero y los desafíos internos del país, con foco en el dólar, los costos y la necesidad de decisiones estructurales para sostener al sector productivo

Rafael Ferber, presidente de ARU, en la quinta temporada de Hablemos de Agro.
Rafael Ferber, presidente de ARU, en la quinta temporada de Hablemos de Agro.

Recién llegado de la misión oficial a China e invitado al primer programa de la quinta temporada de Hablemos de Agro, de Canal 10, el presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), Rafael Ferber, realizó un amplio repaso de la agenda del sector. Desde las oportunidades comerciales con el principal socio de Uruguay hasta la coyuntura del negocio ganadero y los problemas de competitividad interna, el dirigente sostuvo que el país enfrenta un escenario favorable en los mercados pero con desafíos estructurales que requieren definiciones de fondo para no perder dinamismo productivo y exportador.

Balance de la misión a China y primeros resultados

Esta semana arribó la delegación que viajó a China y, a propósito, Ferber realizó una primera evaluación del viaje, diferenciando entre la experiencia personal y los resultados concretos de la agenda oficial.

En el plano personal, el dirigente destacó el impacto que genera el gigante asiático. “China impresiona por la organización, por la estrategia de largo plazo y por la forma en que empuja su gente. Es un país que transmite planificación en todo lo que hace”, señaló, remarcando la magnitud del desarrollo y la visión estructural que caracteriza al país.

Desde el punto de vista oficial, consideró que el gobierno uruguayo logró cumplir con la agenda que se había planteado previamente. “Se firmaron la mayoría de las cosas que estaban previstas. No todas, pero la mayoría. Se fue con objetivos concretos y se cumplieron”, resumió, en referencia a los acuerdos y habilitaciones que quedaron operativos tras la visita.

Entre los avances más relevantes mencionó la habilitación para el comercio de productos avícolas, un paso que, a su entender, puede tener impacto en el corto plazo y en la inserción internacional del rubro. Según explicó, la apertura del sector aviar no solo tiene valor comercial directo, sino que también mejora la posición de Uruguay en otras negociaciones internacionales. “Es un rubro que hoy está relativamente cerrado en Uruguay y eso muchas veces nos juega en contra en las negociaciones con otros países. Que se abra al mundo es importante”, afirmó.

También destacó la habilitación de mercados para subproductos de la faena, como los cálculos biliares, un nicho comercial de alto valor que hasta ahora no tenía canales formales de exportación. Aunque no se detallaron cifras globales de impacto económico, indicó que este fue el único rubro en el que se manejaron montos concretos durante las reuniones.

Otro de los puntos señalados fue la operativa para la exportación de caballos deportivos, un proceso que ya venía avanzando y que quedó habilitado formalmente. En paralelo, se registraron avances en genética animal, particularmente en el comercio de embriones, aunque este último punto aún se encuentra en etapa final de concreción. “Nos transmitieron que es inminente. Puede ser cuestión de horas o días”, sostuvo.

Sin embargo, no todos los temas lograron avances. Persisten demoras en la habilitación de plantas frigoríficas para exportar mondongo a China, una situación que genera pérdidas económicas para la industria al tratarse de un producto con valor comercial. “Son tiempos de China. Desde acá cuesta entender por qué algunas plantas se trancan, pero es el método que tienen. Era una buena instancia para presionar y no se logró”, señaló.

En el plano lácteo, donde existían expectativas por posibles avances hacia arancel cero o mejoras comerciales, el resultado fue más moderado. La delegación lechera —que incluyó autoridades de Conaprole y del Inale— mantuvo contactos y abrió líneas de trabajo, pero no se concretaron acuerdos. “Es un tema complejo. Hay que seguir insistiendo y trabajando. Son de esos puntos donde hay que ir y pelear”, afirmó.

Consultado sobre una calificación global de la misión, Ferber optó por una mirada prudente. “Las expectativas que teníamos se cumplieron. Se firmaron las cosas que se sabía que se iban a firmar. En ese sentido, para mí tiene un seis”, expresó. También relativizó las críticas por descoordinaciones logísticas durante la gira. “Son anécdotas. Fue una delegación muy grande y es difícil que todo salga perfecto. Lo importante es que se cumplió con el objetivo”, sostuvo.

Finalmente, el presidente de la ARU aclaró que la participación de las gremiales y empresarios se realizó con financiamiento propio. “Cada institución hizo un esfuerzo grande para estar. Es un viaje caro y se asumió como tal”, indicó, remarcando que la presencia del sector privado formó parte del acompañamiento a una misión considerada de carácter estratégico para el país.

Rafael Ferber, presidente de ARU, en la quinta temporada de Hablemos de Agro.
Rafael Ferber, presidente de ARU, en la quinta temporada de Hablemos de Agro.

China, un mercado que seguirá demandando alimentos

Para el presidente de la ARU el viaje a China también permitió dimensionar de primera mano la magnitud del principal socio comercial de Uruguay y las oportunidades que se abren hacia adelante. Desde su mirada, el gigante asiático seguirá demandando los productos que el país genera, aunque la variable precio continuará siendo determinante en la relación comercial.

“Podemos esperar que China nos compre todo lo que tenemos. Después el precio será otra cosa, pero claramente lo que Uruguay produce, China lo precisa”, afirmó, al analizar el rol del país asiático como destino clave para la carne vacuna, la lana, los granos y otros productos agroindustriales.

Durante la recorrida por ciudades como Beijing y Shanghái, Ferber destacó el nivel de desarrollo, organización y dinamismo económico. Mencionó, por ejemplo, la experiencia de trasladarse en tren entre ambas ciudades, atravesando cientos de kilómetros de infraestructura moderna, con autopistas, parques automotores nuevos y una planificación urbana que evidencia décadas de inversión sostenida. “Todo está ordenado, planificado. El auto más viejo que ves en la calle parece tener cinco años. No ves autos sucios, no ves desorden. Hay una forma de ser del chino que quiere progresar, que quiere estar mejor”, describió.

A su entender, la historia reciente del país explica parte de ese empuje. “Muchos tienen detrás generaciones que pasaron hambre o grandes dificultades. Hoy la generación que está trabajando tiene eso presente y tiene una capacidad de trabajo impresionante. Es un pueblo que quiere salir adelante y consumir”, señaló.

También lo sorprendió el grado de automatización e innovación tecnológica. En el puerto de Shanghái —uno de los más grandes del mundo— observó operaciones completamente automatizadas. “No ves personas trabajando en el puerto. Todo está robotizado. En un país con millones de habitantes, la eficiencia es total”, comentó, marcando el contraste con la realidad uruguaya en materia de costos, productividad y conflictividad laboral.

Esa comparación lo llevó a reflexionar sobre la competitividad de Uruguay y el impacto de los conflictos sindicales en sectores clave. En ese sentido, se refirió a la situación de la industria láctea y a los episodios de conflictividad que afectan la operativa de empresas como Conaprole. Según Ferber, existe una desconexión entre ciertas posturas sindicales y la realidad del mercado global. “Si las empresas no logran ser eficientes, pierden competitividad y terminan perdiendo todos, incluidos los trabajadores. El mundo va a otra velocidad y no siempre se entiende”, sostuvo.

Si bien reconoció que no todos los sindicatos actúan de la misma manera, advirtió que en algunos sectores las medidas de presión terminan generando perjuicios estructurales. “Es un problema que vamos a tener que resolver si queremos que el mundo no se nos siga alejando. China y los países desarrollados avanzan a gran velocidad y nosotros no siempre tenemos claro si avanzamos o retrocedemos”, afirmó.

En el plano geopolítico, el presidente de la ARU también analizó el posicionamiento de Uruguay en un contexto internacional marcado por la competencia entre Estados Unidos y China. Consideró que la participación en misiones oficiales al país asiático implica un equilibrio diplomático delicado. “Ir a China en este contexto siempre tiene un componente geopolítico. Quedás bien con un lado y tenés que cuidar la relación con el otro”, señaló.

No obstante, recordó que Uruguay mantiene desde hace décadas una política de Estado en su vínculo con China y que, dadas las características del comercio exterior, resulta imprescindible sostener ese vínculo. “China es nuestro principal socio comercial. Hay que navegar en ese escenario con inteligencia y cuidar que no se rompan otras relaciones”, indicó.

Finalmente, al analizar las perspectivas de acuerdos comerciales, señaló que hoy el foco parece desplazarse desde un eventual tratado bilateral hacia negociaciones a nivel Mercosur o a través de bloques como el RCEP. “Hay que seguir buscando caminos para mejorar aranceles y condiciones de acceso. Es un mercado que va a seguir demandando alimentos y Uruguay tiene que estar ahí”, dijo.

Dólar, costos y competitividad: la principal preocupación de la ARU

Más allá de los temas comerciales y de inserción internacional, el presidente de la ARU volvió a poner sobre la mesa el que considera hoy el principal problema estructural del país: la pérdida de competitividad derivada del atraso cambiario y del alto costo del Estado.

El dirigente recordó que, incluso antes de partir hacia China, mantuvo contactos con autoridades económicas por la situación del dólar, un tema que —según sostuvo— lleva años generando preocupación en el sector exportador. Tras reuniones con el Ministerio de Economía y medidas adoptadas por el Banco Central, el tipo de cambio mostró cierta corrección desde los niveles mínimos que había alcanzado, pero para la gremial rural el problema de fondo persiste.

“Lo positivo es que ahora todo el mundo está hablando del tema. Durante mucho tiempo parecía que era solo una preocupación del sector exportador, pero la realidad se impone”, señaló. Según explicó, el impacto del dólar bajo se traduce en un aumento significativo de los costos en moneda extranjera para producir en Uruguay.

Para ilustrarlo, Ferber recurrió a un ejemplo simple: un productor o empresa que en enero de 2025 necesitaba cambiar 10.000 dólares para cubrir salarios, aportes y tarifas obtenía unos 430.000 pesos con un tipo de cambio cercano a 43 pesos. Un año después, con un dólar en el entorno de 37-38 pesos y con aumentos salariales y de tarifas, ese mismo nivel de gastos requiere cerca de 12.000 dólares. “Eso significa que la parte productiva necesita muchos más dólares para cubrir los mismos costos. Es un deterioro enorme de la competitividad”, afirmó.

El impacto se extiende a toda la economía exportadora. Desde la compra de maquinaria hasta los servicios asociados a la producción, los costos en dólares han crecido de forma sostenida. “Un fabricante de maquinaria que en 2025 cambiaba 35.000 dólares hoy tiene que cambiar 50.000 para cubrir lo mismo. Son números reales que le planteamos al Ministerio de Economía”, sostuvo.

Ferber consideró que la situación actual es la consecuencia de un proceso de varios años, en el que el gasto público y la estructura del Estado han presionado sobre la competitividad. “El problema es estructural. Cuando el Estado gasta más de lo que puede, termina generando un peso demasiado fuerte y costos que se vuelven insoportables”, indicó.

En el sector agropecuario, el impacto es dispar. La ganadería de carne atraviesa un momento favorable de precios que, en parte, compensa el atraso cambiario. Sin embargo, otros rubros enfrentan un escenario mucho más desafiante. “Todo salvo la ganadería de carne está complicado”, afirmó. La agricultura, por ejemplo, combina precios internacionales ajustados con riesgos climáticos y costos elevados. “Una soja a 380 dólares hoy equivale a una soja de 220 o 230 dólares de hace una década en términos reales. Es un desastre el precio”, expresó.

La situación se vuelve más delicada en un contexto de rendimientos inciertos. Tras varios años con eventos climáticos adversos en distintas regiones del país, el sector agrícola depende de buenos rendimientos para cubrir costos. “Si no tenés rendimientos altos, la ecuación no cierra. Y venimos de varios años difíciles en el sur del país”, advirtió.

Consultado sobre qué medidas deberían adoptarse para mejorar la competitividad, Ferber fue claro en que no existen soluciones cómodas. Desde la ARU se plantea la necesidad de reducir costos estructurales del Estado y eliminar cargas y trámites que encarecen la producción. “Hay muchas micro decisiones que no pesan por sí solas, pero sumadas hacen un Estado pesado e ineficiente”, señaló.

Entre los ejemplos mencionó la necesidad de revisar tasas portuarias, simplificar registros y reducir trámites administrativos que encarecen la actividad productiva. “No se trata de eliminar el Estado, sino de hacerlo más eficiente. Hay decisiones incómodas que hay que tomar”, afirmó.

El dirigente también advirtió sobre el riesgo de que la falta de competitividad afecte el empleo y la permanencia de capital humano en el país. En un mundo cada vez más globalizado, sostuvo, la pérdida de dinamismo económico puede derivar en la salida de trabajadores calificados. “No hay tiempo para seguir esperando. Si no se toman decisiones de fondo, la economía se va quedando atrás”, señaló.

Finalmente, Ferber vinculó la situación con la dependencia del financiamiento externo y la importancia del grado inversor. Si bien reconoció que mantenerlo es clave para el acceso al crédito internacional, advirtió que no puede ser el único sostén de la economía. “Mientras tengamos financiamiento, el país puede seguir funcionando, pero eso no resuelve los problemas estructurales. Hay que encararlos”, concluyó.

Ganadería firme, pero con alertas en el horizonte

El negocio ganadero atraviesa un comienzo de 2026 con valores destacados tanto en la reposición como en el ganado gordo, en un escenario de fuerte demanda internacional. Sin embargo, desde la ARU advierten sobre la necesidad de cuidar las reglas de juego y evitar decisiones que puedan afectar la competitividad del principal rubro exportador del país.

El presidente de la gremial, describió el momento actual como muy positivo en materia de precios. Los primeros remates del año mostraron terneros livianos por encima de los cuatro dólares y referencias para novillos de corral en el entorno de los seis dólares por kilo carcasa, niveles históricamente elevados. No obstante, el dirigente señaló que existe cierta inquietud respecto a señales que puedan surgir desde el ámbito político o regulatorio.

“Vemos un mercado muy firme, pero también nerviosismo cuando se empieza a hablar de posibles intervenciones o de restricciones pensando en la industria. No se puede tocar el precio del producto ni restringir exportaciones creyendo que eso va a ayudar”, afirmó. A su entender, la industria frigorífica atraviesa un proceso natural de concentración y ajuste, producto de la necesidad de ganar eficiencia y adaptarse a la realidad del mercado global.

Ferber explicó que en los últimos años se redujo el número de plantas frigoríficas en actividad, pasando de casi 30 a menos de 20, un fenómeno que considera parte de la evolución del sector. “Hay grupos que crecen en capacidad de faena y otros que quedan por el camino. Es un proceso que se da en todo el mundo. Lo importante es no afectar el precio del ganado ni la dinámica exportadora”, señaló.

En materia sanitaria, el presidente de la ARU hizo hincapié en la responsabilidad individual de los productores en el cumplimiento de los protocolos, especialmente en lo que refiere a residuos de medicamentos en carne. Consideró clave evitar sanciones generalizadas que afecten a todo el sector por incumplimientos puntuales. “Si se identifica a un productor que envió animales con residuos, que se haga cargo. Pero no se puede complicar a todo el sistema por casos aislados. Tiene que haber garantías claras y responsabilidades individuales”, remarcó.

También se refirió a la campaña de control de la garrapata y a las medidas adoptadas por el Ministerio de Ganadería. Desde la ARU entienden que la estrategia se encuentra dentro de lo esperado y que no se podían esperar resultados inmediatos. “No hay milagros. Es un problema complejo que requiere equilibrio entre sanidad y operativa. Las autoridades técnicas han trabajado bien y están haciendo lo que se puede en una situación difícil”, sostuvo.

En el plano político-tributario, Ferber mencionó la expectativa del sector por la eliminación del adicional del 1% a la contribución inmobiliaria rural. Si bien existe el compromiso de suprimirlo, el dirigente se mostró cauto respecto a su concreción. “Espero que no se cobre más, pero viendo cómo funciona el sistema político, va a costar. Ojalá se cumpla la palabra”, expresó.

Finalmente, al referirse al acuerdo Mercosur–Unión Europea, señaló que la prioridad actual es que los cuatro países del bloque ratifiquen el tratado en sus respectivos parlamentos. A su juicio, más que una carrera por ser el primero en aprobarlo, lo importante es que el Mercosur llegue unido a la instancia final para presionar a Europa en la implementación. “La clave ahora es que los cuatro lo voten y estén prontos. Eso es lo que puede destrabar el proceso”, concluyó.

Mirá el programa completo:

Licenciada en Comunicación por la Universidad ORT (2017) y máster en Dirección de Comunicación Corporativa (2024). Desde agosto de 2020 forma parte del equipo de Rurales El País. Actualmente colabora con la revista de la Asociación Rural y produce el programa #HablemosdeAgro, que se emite los domingos por Canal 10. Además, acompaña a empresas del sector agropecuario en el diseño y la implementación de sus estrategias de comunicación. Anteriormente trabajó como periodista agropecuaria en El Observador y fue productora del programa radial Valor Agregado, en radio Carve.

Publicidad

Publicidad