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Partidos en dos

Los agronegocios muestran escenarios contrastantes en varios planos. En mercados, entre ganadería y el resto de los rubros; en clima, entre norte y sur. Y en costos, entre el dólar y los precios internos.

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Por estas horas el sur del litoral agrícola mira con ansiedad los pronósticos climáticos, para ver si llegan -finalmente- algunas lluvias a las zonas más afectadas y que -hasta ahora- han tenido poca suerte con las lluvias de verano (Colonia, sur de Soriano, San José, etc.). Allí el maíz ya está golpeado y la soja está caminando por la cornisa, esperando agua que permita seguir adelante con el ciclo del cultivo, aunque ya se da como un hecho la pérdida de cientos de kilos en varias chacras.

La agricultura viene de una muy buena cosecha de invierno (gráfica) aunque con algunos problemas de calidad. Los volúmenes fueron altos, con rendimiento promedio récord en trigo y muy buenos en cebada. Pero la rentabilidad es baja, salvo en el caso de la colza, que defiende los números de los que la plantaron. Así, se entró a la fase de verano sin demasiado resto; por esto es clave que el de arriba abra la canilla, de lo contrario muchos productores enfrentarán una situación complicada.

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Esta semana hubo buenas lluvias en el litoral centro y norte, y en el este, lamentablemente con un temporal que echó a perder casi 5.000 hectáreas de arroz en Cebollatí (Rocha). Los productores tienen seguros contra granizo, establecidos por el propio sector en un sistema sectorial, pero los daños de vuelco por viento, son más difíciles de asegurar y evaluar. Se estiman pérdidas por más de US$ 5 millones, un duro golpe en un sector que no tiene precios excepcionales en esta zafra.

Que la agricultura está sujeta al riesgo climático no es un misterio. El problema es que el sector aún no se recuperó del todo de la sequía de 2023, para sobrellevar la cual hubo que incurrir en deudas a pagar con cosechas posteriores. Hasta ahora los precios venían flojos, en el promedio histórico o por debajo. El último informe del Departamento de Agricultura de EEUU (USDA, su sigla en inglés) no reportó mayores sorpresas ni factores alcistas. Elevó a 180 millones de toneladas la proyección de producción de soja en Brasil (un récord histórico), aunque preocupa que la calidad no sea buena en ciertas zonas con lluvias excesivas. También aumentó la proyección de producción de Paraguay en medio millón (a 11,5 millones de toneladas), mientras la producción proyectada en Argentina se mantuvo en 48,5 millones (casi 3 millones menos que el año pasado). La relación global stock/consumo de soja -si bien muestra un mínimo retroceso respecto a la zafra anterior- sigue en altos niveles históricos (gráfica).

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Aún así, el precio de la soja ha tenido un aumento apreciable en los últimos días, luego de que el presidente de EEUU, Donald Trump, manifestara que China aumentará sensiblemente las compras de soja estadounidense. Esto motivó una suba importante del precio en el mercado de Chicago, que -en dos “escalones”- subió del eje de 400 a 420 US$/ton, y en los últimos días remontó nuevamente hasta casi 430 US$/ton en la posición julio. La noticia es alcista para Chicago, aunque no necesariamente para el precio de la soja en la región, pues podría implicar menos compras chinas en Brasil. Aún así, la caída del tipo de cambio en el país vecino le suma dólares también al precio regional.

La suba externa se trasladó al mercado local, con varias empresas pasando precios arriba de 380 US$/ton puesta para la soja de la próxima cosecha. De todos modos, los productores están enfocados en las chacras y en cuánto será el rinde efectivo, lo que hace que sean pocos los negocios concretados.

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En el caso del maíz se evalúan las pérdidas por el clima, mientras se ruega por más agua. El precio local sube ante la menor oferta prevista y un mercado que está en paridad de importación. Las referencias ya están por arriba de 240 US$/ton puesta. El otro factor clave para el mercado maicero es la evolución del precio del ganado, que se afirma una semana tras otra; será el mercado el que defina cuál es el punto de equilibrio para un resultado equitativo entre un precio que retribuya al agricultor, pero que mantenga resultados razonables para el ganadero, en especial para el negocio del feedlots. Éstos también están presionados por valores de la reposición que “vuelan”, estrechando los márgenes.

Es que así como en el clima el país está “partido” entre sur y norte, en los rubros la ganadería se está cortando sola, con precios excepcionales que -hasta cierto punto- pueden darle un sostén al grano forrajero. Para consumidores de maíz de otros rubros, como lechería o avicultura, no es la mejor noticia, pero así es la dinámica del mercado.

Precios relativos.

Mientras en los campos la peripecia productiva continúa, en las pantallas de los operadores financieros (y también de los productores) se sigue de cerca la cotización del dólar, en particular luego de la decisión del BCU de bajar anticipadamente la tasa de interés. En la gráfica que compartimos semanalmente se muestra que la cotización se estabilizó en torno a 38,5 pesos, para subir algo más en los últimos días. Al mismo tiempo, las tasas de las letras de regulación monetaria (LRM) a un año siguen bajando, cerrando en 5,76% el viernes. La tasa bajó 2 puntos porcentuales en 3 meses y está casi 4 puntos debajo de su nivel de hace un año.

1 Cotización diaria dólar.jpg

Con este cambio, el dólar tiene más “espacio” para fortalecerse, en la medida que las colocaciones en pesos son menos atractivas. De todas formas, también incide el contexto externo, con un dólar que se muestra relativamente débil, aunque con volatilidad. De hecho, en el último mes el dólar bajó en Brasil y en Argentina, mientras en Uruguay está 1% arriba. Son movimientos modestos, pero reflejan la preocupación en el equipo económico de no quedar en los extremos de los cambios de precios relativos en la región.

1 Salarios y dólar.jpg

En cualquier caso, la evolución del dólar es solo parte de la historia. Lo clave en términos de competitividad es la relación entre precios locales y externos, o -yendo un poco más allá- entre no transables y transables. Aquí es donde la luz amarilla sigue encendida. En los últimos datos del IPC (correspondientes a enero), con una inflación que sigue bajando (3,46% anual), los precios transables subieron 1,6% mientras los no transables “viajan” a una tasa de aumento anual de 5,6%. La inflación está en un promedio casi exacto de ambos. Detrás de esto está -en buena medida- la evolución de los salarios, que se han ajustado notoriamente por encima de la inflación y -en los últimos meses- van en trayectoria opuesta al dólar (gráfica). Esta tendencia sólo podría sostenerse con un aumento de productividad del trabajo en la economía que no se está dando, ni de cerca. Aquí también tenemos una economía “partida en dos”, con sectores no transables con un poder adquisitivo en dólares acrecentado, mientras los sectores que compiten en mercados abiertos (exportadores, industria, software, turismo) enfrentan un escenario cada vez más complicado, que urge corregir.

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