Agricultura

Hernán Zorrilla: “El arroz le dio vida a algunas zonas olvidadas del país”

El Ing. Agr. Hernán Zorrilla de San Martín, productor arrocero, habla de su temprana vinculación con el agro y su desarrollo profesional dentro del sector arrocero. Vivió en el campo hasta los 15 años, en el establecimiento familiar en Treinta y Tres, el cual siempre estuvo relacionado a la ganadería y al arroz. Su vinculación con el sector viene desde la infancia. “Mi tío, Enrique Zorrilla, formó parte del primer cuerpo técnico que tuvo Saman, en conjunto con “Ricardito” Ferrés”. Manifestó que el cultivo del arroz demanda “mucha pasión, porque es como manejar un ser con vida propia” y destacó al arroz uruguayo como uno de “los más eficientes a nivel mundial”. Aseguró que la agropecuaria nacional está “llamada a hacer crecer a todos los uruguayos” y dijo que la “soja vino para quedarse dentro de las rotaciones del este”. Lo que sigue, es parte de la historia misma del cultivo en el país. Además de agrónomo, productor, asesor, integró por años la ACA y tiene mucho para decir. En una entrevista diferente, realizada por su hijo, encargado del rubro agrícola en Rurales El País.

 

Ing. Agr. Hernán Zorrilla de San Martín, 

 

Hernán T. Zorrilla 

-¿De dónde nace su vínculo con el sector agropecuario y cómo comienza su desarrollo profesional?
-En el establecimiento familiar, a principios de 1970, se hizo una represa para regar arroz, que fue la segunda o tercera a nivel nacional. Pudimos seguir esa evolución, y hoy el 50% del área nacional es regada de esta forma. Me recibí de ingeniero agrónomo en 1985 y volví a Treinta y Tres. Comencé trabajando con la soja hasta que en el año 1990 tuve mi ingreso como técnico al sector arrocero a través de la consultora Asinagro (Asesoramiento e Investigación Agronómica), la cual formamos en conjunto con el “Ruso” Chebataroff, con quien tuve un gran aprendizaje.

-¿Cómo fue esa tarea?
-Comenzamos trabajando en arroz en Argentina, con visitas a Brasil y Paraguay y lógicamente Uruguay. La consultora se dedicó a los asesoramientos y al desarrollo de productos agroquímicos, lo cual nos vinculó a todas las empresas que tienen que ver con el sector arrocero en particular y agropecuario en general. Esa investigación privada que iniciamos con el “Ruso” por casi 20 años nos permitió conocer profundamente todo lo relacionado al cultivo y su entorno. Lamentamos su temprana desaparición física, y hoy continuamos la consultora con mi socio Emiliano Ferreira. El arroz para un agrónomo es uno de los cultivos que más pasión demanda, porque es como manejar un ser con vida propia. Uno puede intervenir en muchas etapas del cultivo, ya sea vía riego, vía nutrientes y otros manejos que lo hacen diferente a otros cultivos.

-¿Fue un salto importante pasar del desarrollo profesional a ser arrocero?
-Fue un gran salto. En nuestro desarrollo profesional logramos cosas importantes, pero llega un momento en el que uno siente un cierto techo, y quiere hacer más. En 2003 surge la posibilidad a través de Arrozal “33”, mediante el “Gordo” Varela, un referente, quien me ofrece la posibilidad de ingresar como empresario arrocero. Fue un crecimiento el conocer el cultivo desde adentro, y ha sido una muy buena decisión para el crecimiento personal el hecho de mantenernos en el trabajo profesional y a su vez la realización del cultivo. El sector arrocero uruguayo es un caso único.

-¿En qué sentido?
-Por la integración que presenta, que es lo que le ha permitido mantenerse exportando el 95% de lo que se produce. Es un cultivo hecho para el mercado internacional, donde la integración entre la Asociación de Cultivadores de Arroz, la gremial de molinos, las empresas oficiales y privadas ha sido lo que ha permitido que el cultivo perdure en el tiempo. La exportación de arroz está plagada de subsidios y aranceles, y tal vez el único cultivo que convive en una forma de libre mercado es el uruguayo. Esa posibilidad de integración que culmina en el sistema de precio convenio, que es única en el mundo, es lo que le ha permitido mantenerse en el tiempo. Soy gran defensor de este mecanismo. Al respecto, en 2007 ingresé a la parte dirigencial de la ACA por 10 años, lo cual me permitió conocer desde adentro lo que significa este sistema. El sector arrocero fue pensado hace años con la inteligencia de algunos antecesores que pusieron las estrategias de trabajo integrado, y esa es la base de su suceso.

-¿Cómo ha visto la evolución del sector a lo largo de los años?
-La evolución del sector arrocero es como un serrucho de situaciones. Normalmente un productor tenía un año bueno para tirar dos o tres malos. Se deben capitalizar los años buenos sabiendo que van a venir difíciles. Es bien diferente a otros cultivos, ya que necesita de la vinculación de dueños de campo, dueños de agua, arrendatarios, y son relaciones que llevan a contratos de largo plazo. Es complejo entrar en el sistema porque hay que mover todas estas variables, y si uno sale es muy difícil volver a entrar. Hoy el 70% de los productores somos medianeros de tierra y agua. Esas vinculaciones son fundamentales.

-¿Cómo ve la situación del sector?
-Hay que separar la evolución del sector a lo largo de los años de lo que fueron los últimos 6 años. No se había dado un período tan largo de años con números rojos. Esto ha llevado al sector a una gran encrucijada. Venimos en una caída de área histórica. En 5 o 6 años se perdieron en el orden de 50.000 hectáreas de arroz, se cerraron plantas de acopio, hubo salida de productores del sistema, lo cual habla a las claras de la situación actual. Es una situación muy comprometida donde una de las características fundamentales fue el gran desconocimiento por parte de las autoridades del momento. En ese período el sector hizo un enorme ajuste de todas las medidas de manejo para lograr la mayor eficiencia, tal vez la mayor eficiencia a nivel mundial, logrando los mejores rendimientos como país y con la mejor calidad de arroz en los mercados internacionales.

-¿A qué lo adjudica?
-Esto se da con base en toda la integración que el sector tiene, desde la semilla y la producción de variedades por vías de la investigación, hasta mantener una venta de arroz por variedad que es diferencial a nivel del mundo. Por este tipo de ventas se paga un plus. A pesar de eso se llegó a tildar al sector de ineficiente, y esto lleva a una desconexión total con una producción que en los últimos años no recibió posibilidades externas de ayuda a una situación muy compleja. A su vez, el cultivo derramó muchos recursos a la sociedad. El sector arrocero es el que tiene el mayor consumo de combustible y electricidad por hectárea, un trabajador cada 60 o 70 hectáreas y si bien es un cultivo extensivo tiene mucha intensidad. Si exportamos el 95% de lo que producimos, somos tomadores de precios, y en ese aspecto el tipo de cambio adquiere un rol fundamental. Hoy el sector se está intentando recomponer. Estamos en una situación en la que se empieza a escuchar mejor lo que puede aportar este cultivo a nivel nacional.

-¿Qué influencia tiene el sector en las zonas donde se cultiva?
-El arroz se cultiva en zonas donde casi no hay posibilidades de otro cultivo de forma extensiva. El cultivo ha impulsado esas zonas, desarrollando la caminería, la electrificación y llevando a la gente a instalarse en el campo. No se analiza en el contexto nacional, sino muchas veces en esas zonas. Eso es un patrimonio del país. Tener un sector arrocero como el que hoy tiene Uruguay es un privilegio, y el país no se puede dar el lujo de perderlo. Debemos entrar en un proceso fuerte de recuperación donde las condiciones sean dadas por la macroeconomía y mirando lo que el sector significa en las zonas donde se cultiva, pensando más allá de lo que muchas veces dan los números.

-¿Cómo está posicionado el arroz uruguayo en los mercados internacionales?
-Está muy bien posicionado en lo que es largo fino. Es la mejor calidad e inocuidad sin lugar a dudas, porque además se paga más por un arroz uruguayo. A pesar de esa diferencia, la pérdida de competitividad ha llevado a perder licitaciones y mercados que eran cautivos del Uruguay. Si hay países que pueden vender a valores muy inferiores al nuestro, la calidad a veces es superada por precio. Hoy en día hay que trabajar en la competitividad interna y los aranceles externos. Hemos pagado millones de dólares de aranceles por la falta de acuerdos. Hay una esperanza cifrada en el manejo de Cancillería, buscando lograr acuerdos que permitan bajar sustancialmente los aranceles. Hay un gran trabajo para realizar en ese sentido.

-¿Qué importancia tienen hoy las rotaciones en el país?
-Las rotaciones de agricultura y ganadería son fundamentales. En particular quien pueda tener una rotación de arroz con pasturas es quien probablemente tenga los mejores resultados económicos, pero también ambientalmente presenta las mejores situaciones. En la zona este estamos acotados al arroz, al sorgo y la soja, entonces las rotaciones deben darse dentro de este contexto. Hay que seguir estudiando las diferentes opciones y trabajar en el relacionamiento del agricultor con el ganadero, que ha sido uno de los escollos máximos para este desarrollo. En lo personal realizamos cultivos de arroz en rotación con soja, y soja con pasturas.

-¿Cómo analiza la situación actual del cultivo de soja?
-Hoy la soja en la zona este se vincula a través de las rotaciones, como opinamos siempre debió ser. Ese es el posicionamiento que creemos debe tener. Para el cultivo de arroz, la soja forma parte de las rotaciones de la mano del avance de las condiciones de nivelación y drenaje, y si bien muchas veces no presenta un resultado económico directo, permite bajar costos y controlar malezas. Se está incursionando en la posibilidad de utilizar los sistemas de riego de arroz para el riego de soja, sobre el cual tenemos cifradas esperanzas. La soja vino para quedarse dentro de las rotaciones, y muchas veces la inversión de la soja se cosecha con otros cultivos.

“El agro está llamado a hacer

crecer a los uruguayos”.

 

¿Cómo viene evaluando el negocio agropecuario en su conjunto?
-El agro ha sido castigado en los últimos años. A pesar de ser un país que su mayor riqueza es la agropecuaria, hay una gran pelea a nivel nacional que no le ha dado al sector el lugar que debe tener. El agro está llamado a hacer crecer a todos los uruguayos. En ese contexto es fundamental la visión que se tiene del mismo. La pandemia ha llevado a la necesidad de atender otras prioridades, pero hoy tenemos autoridades que nos ven como aliados y no como enemigos. Hay mucho por trabajar también internamente para que el posicionamiento sea distinto, y convencer a la población de que el sector es amigo de todos los uruguayos.

“Sentimos que hay un oído

que escucha al sector…”

 

¿Hay esperanzas de una recuperación del sector?
-Considero que sí porque insisto en que el país no se puede dar el lujo de perderlo. El arroz le dio vida a zonas olvidadas del país. Hay mucha población del interior profundo que vive de esta actividad. Hoy sentimos que tenemos un oído que empieza a escuchar al sector. La esperanza está intacta, si no se es optimista no se puede encarar un cultivo con la dinámica que tiene el arrocero. El sector continúa trabajando en crecer, incluso en lograr aún mayores rendimientos y mantener la calidad de los granos. Esto debe ser acompañado con una mejora en la competitividad que nos permita retomar sendas de crecimiento.