Zafra de toros

El futuro de la cría

La meta es reducir la pérdida que se registra entre la gestación y el destete de los terneros en cada zafra.

Existe suficiente tecnología validada para producir más terneros y llegar a la meta de faenar 3 millones de cabezas bovinas cada año, para poder aprovechar las oportunidades que ofrecen los mercados cárnicos y poner a Uruguay en el pedestal de las carnes de elite más valiosas.

Pablo Antúnez

Los criadores buscas levantar la cabeza y apuestan fuerte al futuro del sector. Reducir esa pérdida histórica de 10% entre el diagnóstico de gestación y el destete en la ganadería de cría, es posible y debe ser una de las metas de productores, investigadores y técnicos. El sector está lleno de diagnósticos, tiene detectados sus problemas y lo más importante, existe tecnología validada en las condiciones productivas de Uruguay, como dar un salto cuantitativo y cualitativo.

La meta de algunos veterinarios que trabajan con el sector de la cría bovina es formar un grupo de técnicos, buscando analizar cada falencia en las principales zonas productoras de terneros y atacarlas. Ya se están movilizando, con la meta de producir más para llegar, en poco tiempo, a una faena de 3 millones de bovinos anuales. “Si seguimos hablando y no haciendo, vamos a seguir con el mismo problema”, afirmó el Dr. Gabriel García Pintos a El País. El experto, conjuntamente con un grupo de selectos veterinarios, viene trabajando junto a la Dra. Graciela Quintans (INIA Treinta y Tres), para levantar las restricciones que hoy impiden producir más terneros.

“Si aumentamos dos o tres puntos en dos años el porcentaje de preñez y de 75% nos vamos a 77%.

¿Cuántos terneros más se podrían producir cada año? ¿Y si nos proponemos bajar dos o tres puntos las pérdidas reproductivas?”, dijo a modo de ejemplo García Pintos. “Se puede avanzar más, el problema es decidirse. Para hacer un trabajo lo principal “es el convencimiento y no esperar a ver qué hace el vecino”, admitió.

En 2003 se hablaba que el diagnóstico de gestación en los rodeos de cría apenas abarcaba el 10% del rodeo. Hoy esa técnica estaría alcanzando el 60% de la masa de vacas entoradas. “Hay que llegar a ese otro 40% de productores que tendrían que manejar los rodeos como empresa, porque viven, producen y pagan sus rentas con los terneros que van a producir y año tras año, no saben qué cantidad de vacas tienen preñadas”, admitió el profesional. Consideró que el deber de los veterinarios de campo y otros técnicos, es llegar a asistir a esos productores, en un sector muy particular donde el 80% del rodeo de cría lo tiene el 20% de los productores y esos son los que sacan los terneros.

Gabriel García Pintos reconoció que “Uruguay tiene una muy buena investigación”, pero en paralelo se registra “una baja asimilación de los productores a esa investigación. ¿Dónde está el paso de la cañada para cruzarla? No sabemos, pero nos cuesta y mucho”. Es por eso que insistió en formar un grupo de trabajo que con el diagnóstico actual de la problemática, se plantee metas y analice el camino para bajar pérdidas.

Las enfermedades venéreas son una limitante importante para producir más. “El día que el productor use vacunas por convencimiento y no por publicidad, se dará el gran cambio”, estimó el Dr. Gabriel García Pintos, uno de los especialistas en el segmento de la cría bovina.

Tres rodeos. Al igual que sus colegas, considero que hay tres tipos de rodeos. El rodeo trabajado es aquel en que el productor “revisa los toros, clasifica sus vacas, aplica destete precoz, suplementa las vaquillonas de primer entore antes del servicio y utiliza vacunas reproductivas aprobadas”, explicó.

García Pintos hizo hincapié en que “el día que el productor aprenda a utilizar vacunas por inmunidad y no por publicidad habrá mayor avance. Son dos cosas opuestas”, dice sin empachos.

Los productores que usan las buenas vacunas, demostraron en 18 años que “en años buenos su preñez es alta, en los malos bajan 1 o 2 puntos, pero nunca caen de un 80% o 90% de preñez. Esos son los que mantienen el piñón alto de la balanza”, agregó el profesional y asesor. Los otros rodeos son los que aplican algunas tecnologías y en la vereda de enfrente está el grupo que no hace nada.

“Hay que ponerse a trabajar. El taller de diagnóstico dice que hay un 75% de preñez pero se calcula un 10% de pérdidas. Ese es el engranaje que no se mueve desde hace 35 años?, reconoció García Pintos.

Revisar toros. Por su parte, el Dr. Eduardo Texeira, otro profesional destacado que trabaja en los departamentos del norte del país, afirmó que son pocos los productores que revisan los toros antes del servicio y sostiene que, incluso, “hay algunos ganaderos que tienen temor en revisar los toros cada año, porque implica eliminar animales” y en esos casos, hay que salir a reponerlos.

Un análisis sanitario y de la capacidad de monta, ahorra dolores de cabeza y posibilita “sacar los toros turistas del rodeo, que no van a trabajar”, explicó Texeira. Es que hay toros que tienen patologías alimentarias, porque ya no tienen dientes, otros poseen problemas motrices como callos interdigitales que no les permite caminar. No van a trabajar como deberían en el rodeo.

En los primeros 17 días de servicio un toro llega a caminar 12 kilómetros por día buscando vacas en celo.

Si será importarte la parte motriz. Si ese reproductor tiene fuerza suficiente como para montar dos veces cada vaca, mucho mejor.

“Los toros con patologías, al tercer o cuarto día de estar en el rodeo, están durmiendo tranquilamente debajo de la sombra en lugar de trabajar”, sostiene García Pintos, apoyando a Texeira.

Venéreas. Por otro lado, los veterinarios aseguran que hay productores que “no saben qué enfermedades tienen en sus rodeos porque no hacen diagnóstico de venéreas”. Eso también implica abortos y pérdidas de terneros, por consiguiente, menos ingresos para la empresa.

Un trabajo técnico realizado por el Dr. Federico Fernández con la Dirección de Laboratorio Veterinario (Dilave “Miguel C. Rubino”) y el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), indicó que en 2015, enfermedades como la rinotraqueítis infecciosa bovina (IBR) y la leptospirosis eran las principales en el rodeo de cría. La primera estaba presente en el 92% de todos los rodeos bovinos, la leptospirosis se encontró en el 60% y la neospora en casi el 80% de los rodeos (en este último caso es una zoonosis, no tiene vacuna, ni tampoco hay tratamiento).

¿Cuál es la salida?: “Detectar las vacas que tienen abortos para sacar sangre, hacer análisis y en caso de que sea positivo, eliminar ese animal del rodeo”, respondió Texeira.

Conocimiento. Pero los veterinarios constatan problemas más básicos y de fácil resolución en algunos establecimientos. “Se dan casos en que la época de entore no es la correcta”, admitió Texeira. O en otros casos, se dejan los toros hasta fines de febrero y pensando que van a producir más: se alargan los entores innecesariamente.

En cuanto a manejo, tanto García Pintos como Texeira , concuerdan en que hay acciones de manejo que se pueden adoptar y describen: el diagnóstico de la actividad ovárica y el diagnóstico de preñez.

Para ellos, ambas “son herramientas que permiten proyectar en la empresa cuántos terneros se van a tener” y aseguran la posibilidad de manejar mejor las vacas gestantes para evitar pérdidas productivas y menos ingresos cada año.

Según la visión de los veterinarios, es básico en una empresa, saber cuántos terneros se van a producir para saber qué ecuación económica hay que hacer en el futuro. Producir más terneros es posible, hay que remangarse los pantalones y trabajar a fondo para lograrlo.

Preparan plan productivo nacional para la cría. Desde la óptica de la investigación es posible crecer más en la producción, calidad y cantidad de carne. Por consiguiente, optimizar la cría es la clave. “Desde el punto de vista de INIA, podemos decir que, tecnológicamente, es posible apostar que al 2030, se puede aumentar la producción de peso vivo hasta 130 kilos por hectárea, podemos llegar a 3 millones de cabezas faenadas y mantener estos 4,5 millones de vacas de cría con niveles de destete de 77%”, afirmó días atrás el investigador principal de INIA del programa carne y lana, Fabio Montossi.

Se prepara un plan productivo nacional para el sector. Montossi planteó entre otras metas la posibilidad de reducir la edad de faena de bovinos a 25 meses (promedio) y que el 75% de las vaquillonas se preñen a los dos años. Con ese aumento de la producción de 25%, que significa llegar a 130 kilos de peso vivo por hectárea, se puede bajar 25% las emisiones por kilo de peso vivo, bajar 27% la cantidad de nitrógeno usado por kilo de peso vivo y mantener la biodiversidad, sin tocar los 10 millones de hectáreas de campo natural”, detalló el investigador.