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Lanas ultrafinas con valor agregado

El Consorcio Regional de Innovación de Lanas Ultrafinas (Crilu) entrega hoy más carneros de 14,5 micras y apunta a certificar procesos productivos.

 


Pablo Antúnez
Uruguay continúa produciendo lanas ultrafinas y no tiene nada que envidiarle a Australia, ni en calidad, ni en otros atributos.
Sus lanas se destacan en las pasarelas de la moda de Italia y otras grandes metrópolis, pero lo más importante, es que se producen con responsabilidad social y ambiental, con integración a partir del ovino y se busca continuar valorizando la producción, ahora certificando atributos e incluyendo la carne Merino.

Hoy se realiza la 11ª entrega de reproductores del Consorcio Regional de Innovación de Lanas Ultrafinas (Crilu) y los carneritos están pesando 75 kilos y están con 14,5 micras. El núcleo de 500 ovejas Merino Ultrafino que están en INIA Glencoe, tienen un peso corporal de 50 kilos y producen 4 kilos de lana anuales de 15,5 micras. El Crilu comenzó en 1998 con el proyecto Merino Fino del Uruguay y en sí mismo se creó en 2011, en el marco de una alianza entre los productores, instituciones y la industria textil.

Futuro. Mirando al futuro, el consorcio está inmerso en dos acciones. La primera es el Planeamiento Estratégico, que comenzó un año antes de que termine el Crilu. “Este proceso está acompañado por consultoras nacionales e internacionales y por las capacidades propias que tenemos, de plantearnos la visión hacia adelante, la misión, los valores y los hechos que va a tener la nueva versión de Consorcio”, explicó a El País Fabio Montossi, investigador de INIA Tacuarembó e integrante de la Comisión Directiva del Crilu. El proyecto de medición del impacto y planeamiento estratégico, se hizo en conjunto entre Crilu e INIA y ganó al ser presentado ante la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE).

“En un mercado que cambia abruptamente se precisan esos espacios de planeamiento estratégico para ver claramente cómo se mueve el rubro lana y este tipo de lanas ultrafinas”, admitió Montossi.

El otro proceso en que está inmerso el Crilu de cara al futuro, es la medición de impactos. “Hemos utilizado los recursos de los productores, los recursos de la sociedad, vía la participación del INIA en el Consorcio. Es clave tener la medición de impacto social y económico que tuvo el Crilu en esta década. Estamos en pleno proceso con una consultora que está haciendo este trabajo”, detalló el investigador de INIA e impulsor de esta movida que le mostró al Uruguay que puede producir lanas ultrafinas de altísima calidad.

“Está claro que hay cosas que siguen siendo importantes”, admitió Montossi, citando como ejemplo producir una genética que no solo tenga ciertas características de diámetro de fibra, donde se capturan los mejores precios del mercado, sino también importa la calidad de esta lanas.

Ambiente. El directivo del Crilu adelantó que en una segunda fase del consorcio, “estamos viendo que en una pirámide de agregado de valor, además de lo más convencional como diámetro de fibra, peso de vellón, aspectos reproductivos y producción de carne, para nosotros también será fundamental demostrar cómo se produce esta lana”.

Recordó que “ahí hay muchos aspectos que van desde el predio del productor hasta el consumidor de esa fibra -que está en distintas partes del mundo-, que cada vez adquieren mayor relevancia. La huella de carbono con que se generó esa lana, el mantenimiento de la biodiversidad de los recursos naturales, temas éticos como el bienestar animal y la forma en que se vincula el capital, el trabajo y el bienestar humano, son elementos que serán fundamentales”, consideró el investigador. El consumidor busca un producto que tiene un valor agregado ambiental y ético.