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Saman: arroz en su historia y arroz en su futuro

Raúl Uraga, gerente de operaciones, habló de eficiencia y diversificación

Saman.
Saman.
Saman.

En 1942 se creó la Sociedad Anónima de Molinos Arroceros Nacionales por iniciativa de Milton Laurence y Armando Laxalde. Así fue en primera instancia, pero ya en los primeros meses tuvo cambios de significativa importancia, como el ingreso de Pedro Ferrés y Cía, liderado por Don Ricardo Ferrés, quien a la postre sería el que manejaría los hilos de la industria arrocera nacional y también conocido como el “padre” del precio convenio.

El origen de Saman se da en medio de la Segunda Guerra Mundial, en un contexto en el cual se dificultó el abastecimiento de arroz a Montevideo, dado que en esa época el cereal consumido en nuestro país era mayoritariamente importado, sobre todo desde Italia. Los barcos comenzaron a tener problemas para llegar al Río de la Plata y la creación de Saman se da con ese fin: expandir las fronteras del arroz en Uruguay y poder generar una industria que colabore al abastecimiento interno. Ya desde los primeros años posteriores a esto, comienza a crecer la superficie cultivada.

En la figura de Ricardo Ferrés y el molino Saman se encarnan los inicios del precio convenio, sistema ideado hace más de 60 años que logró unificar al sector arrocero nacional, tendiendo puentes entre industria y productores, con una cabeza netamente exportadora y la búsqueda permanente de fortalecer las bondades y mitigar las debilidades.

En 2007, la familia Ferrés vendió Saman a capitales brasileños, más precisamente a la firma Camil. Al día de hoy, es el molino con mayor participación en la superficie por una diferencia importante, y prueba de la fortaleza del rubro unido, de la industria nacional, pero sobre todo de la importancia del productor arrocero nacional, es que la firma brasileña decidió no modificar el funcionamiento del molino, enmarcado dentro del sistema precio convenio para seguir caminando junto a los productores en el desarrollo del sector arrocero nacional.

Raúl Uraga, gerente de operaciones de Saman, se refirió también a la actualidad de la empresa en nuestro país y la visión hacia adelante. “Estamos con un proceso de diversificación tanto en el sistema productivo como en la llegada a los consumidores, anexando la firma La Abundancia”, comentó.

La certificación forma parte también de ese proceso de adaptación. Es preciso recordar que Carolina Zunino, gerente del grupo SRP de Saman, expuso sobre este tema en la conferencia “Arroz: una marca país con desafíos crecientes”, organizada por Rurales El País, Valor Agrícola y Valor Agregado en noviembre de 2025 en Treinta y Tres.

“Si miramos los últimos años la producción ha venido estable, con el molino ocupando un 45% del volumen total producido, algunos años el 42% y otros el 48%, pero en ese eje”, indicó Uraga. Desde el punto de vista productivo y acompañando este proceso de diversificación, comentó que se están explorando variedades alternativas al largo fino, utilizando entre 6 y 7 diferentes. “Hay cortos, medios, aromáticos, Carnaroli, hay varios”, describió.

Sobre el proceso de certificación antes mencionado indicó que van por el tercer año comercializando producción bajo este sello, en una empresa que busca explorar nuevos horizontes para acceder a los consumidores más exigentes, como sucede con la Unión Europea.

Saman, acompañado por Coopar, son los principales actores del mercado interno. “Con La Abundancia queremos penetrar con frutos secos, legumbres, harinas, condimentos, etc”. De esta forma, la firma ha crecido en la facturación y la participación dentro del mercado interno.

Uraga explicó que el molino sigue desarrollando un modelo que ha llevado adelante durante toda su historia, que es que no tiene originación propia y el 100% de la producción se basa en acuerdos con productores. “Somos el único molino grande que no tiene chacra propia”, describió.

En el plan estratégico se busca crecer en el agregado de valor y continuar con la senda de variedades alternativas, respetando el proceso ambiental, la certificación de proceso y producto y la eficientización de procesos. “Quiero destacar la incorporación de tecnología de punta en los procesos industriales: somos el único molino de Uruguay con embolsadora automática, robot palletizador y carga mecanizada de contenedores”, comentó. En un país de altos costos y con un sector que atraviesa un panorama complejo de precios, este tipo de mecanismos cobra mayor relevancia aún.

Para cerrar y en este proceso que se encuentra el rubro de buscar diferentes soluciones, Uraga comentó que están trabajando en el “arrendamiento global”, acompañando a los productores en el desarrollo no solamente del cultivo de arroz, sino en la ganadería u otros cultivos bajo este proceso de diversificación. Precisamente en este tema el sector ha avanzado bastante, permitiendo una mejor defensa del productor en años de precios bajos.

Esto principalmente se debe a la compleja situación que atraviesa el núcleo agrícola del país

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