En un proyecto que ya va por su segundo año, financiado por ANII y ejecutado por Asinagro y Latitud, se están evaluando el uso de productos biológicos en el arroz. “Trayectorias agroecológicas y sostenibles en el cultivo de arroz” es el nombre correcto, en búsqueda de ir sustituyendo algún producto de síntesis química por bioinsumos y bioestimulantes. Hay una primera trayectoria de sustitución intermedia y una segunda mayor. Aborda además otra temática relevante que tiene que ver con el análisis de los fertilizantes inteligentes o con mecanismo de protección de nutrientes, con el que se pueden usar menores dosis de nutrientes en referencia a un testigo convencional, contribuyendo eventualmente a una mayor sostenibilidad. Sobre esto, se realizó una jornada de campo la semana pasada en Treinta y Tres.
“Tenemos una premisa de al menos mantener la productividad”, comentó el Ing. Agr. Emiliano Ferreira, uno de los directores de Asinagro, agregando que se busca un estudio analítico de la calidad del agua, el suelo y el grano, desarrollándose en parcelas de 3 hectáreas en una chacra comercial con manejo independiente de cada una. “Buscamos un estudio general que muestre cómo impacta en los recursos, en el rendimiento del cultivo y cómo se modifican los costos”, estableció.
El Ing. Agr. Gonzalo Zorrilla comenzó como coordinador técnico técnico del proyecto, puesto que ahora ocupa la Ing. Agr. Fernanda Fariña.
A modo de ejemplo, una de las acciones es la sustitución en tratamiento de semillas del Tebuconazol, un fungicida de síntesis química por Rizoderma, que son hongos que controlan hongos.
“Trabajamos con criterios que nos implican bajar el nivel de fertilización con fósforo, potasio y nitrógeno. En el primero de los casos bajamos un 25% de las dosis de fósforo y potasio y 10% de nitrógeno. En la máxima se exploraron descensos de 50% en fósforo y potasio y 20% en nitrógeno. A su vez se añadieron bioinsumos como promotores de crecimiento que no fijan nitrógeno pero permiten al cultivo una mayor toma de nitrógeno del suelo”, comentó Ferreira.
El proyecto se desarrolla en dos sitios: uno en La Charqueada con rotaciones agrícola ganaderas y el segundo en Vergara con rotaciones agrícolas con soja.
“La primera conclusión es que en todos los sitios se lograron rendimientos excepcionales, superiores a 10 toneladas con todas las alternativas, pero en ambos sitios el testigo convencional superó la trayectoria”, añadió.
En Vergara, según dijo Ferreira, el rendimiento convencional fue de 10.700 kilos, la trayectoria intermedia rindió 5% menos y la máxima 3%. En La Charqueada el convencional alcanzó 12.000 kilos, mientras la relativa siguiente llegó a una penalidad de 9% y la sustitución mayor 6% menos rendimiento.
En el estudio de costos también hubo novedades. Quitando los costos que son equivalentes, como renta de tierra y agua, se analizaron los diferenciales por cuestiones de manejo. “Las trayectorias agroecológicas son más caras que el testigo, con valores que van de 10 dólares a 50 dólares más”, sostuvo.
De todos modos, el mayor problema no es el de costos, sino un menor ingreso que repercute en menor margen bruto aún. “Si sumas menor ingreso y costo mayor, hablamos de un margen bruto de menos 200 dólares en algunos casos, hasta menos 130 dólares en otros.
Es así que Ferreira estableció que se precisaría un sobreprecio de al menos un 3% del total para compensar y tener un margen equivalente. “Esto sería viable si alguien estuviera dispuesto a pagar más con bases agroecológicas para que compense el ingreso al productor”.
Por otro lado, se destacó en el resultado de los suelos que todas las condiciones han detectado indicadores por debajo de los valores internacionales de agroquímicos y las mayores diferencias son entre sitios y no entre tratamientos. “El testigo nos muestra que la forma en la que producimos es sostenible, no teniendo un impacto significativo en la calidad de los recursos y sin detectar problemáticas severas en el agua”.
Al final, Ferreira explicó que “mi posición no es que mañana se logren extrapolar estos tratamientos a chacras comerciales, pero son 3 años de evaluación para poner números a un montón de premisas que se manejaron inicialmente, consiguiendo cuantificar la penalidad en la producción y el impacto en la calidad de los recursos. La idea no es ir de un extremo a otro que inviabilice las empresas”.
La reunión aún no es abierta a productores, pero se involucraron instituciones trascendentes para conocer lo que el sector está haciendo, como la Dirección General de Servicios Agrícolas y el Centro universitario Regional del Este.
El Ing. Agr. Hernán Zorrilla, también director de Asinagro y especialista en arroz con varios años de trayectoria, comentó que “hay una evolución rapidísima y día a día vemos que cada vez más las diferencias se achican en base a nuevas tecnologías”. De todos modos, explicó que siempre hay que hacer ensayos y trabajos de investigación porque “no solamente por ser biológicos significa que sean más amigables con el ambiente, creemos sí que la ciencia va avanzando y vemos a nivel mundial un alcance mayor en todo momento para este uso”.
Además, indicó que se precisa avanzar en los productos registrados y trabajar en el costo alto de los mismos. Sobre el futuro de estos proyectos y las conclusiones en el uso de bioinsumos, Zorrilla agregó que es un trabajo que continúa zafra tras zafra, y tanto para la determinación del impacto ambiental como para el avance de la estructura del negocio en función de la sustitución de los de síntesis química, “es probable que los plazos del proyecto, que le queda un año, no permitan demostrar en su totalidad estas cuestiones, hay que seguir”.