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Que se repita

En este ejercicio 2022/23 es muy difícil que se dé un nivel de ingresos similar. Uno de los principales determinantes de este récord es la cantidad de vacunos enviados a faena que, es un hecho, no se repetirá

Rafael Tardáguila
Rafael Tardáguila

El agro en el ejercicio 2021/22 se vio favorecido por altos precios que se complementaron con abultados volúmenes de producción, lo cual permitió que la facturación de los principales sectores por concepto de ventas finales alcance niveles récord del orden de los US$ 7.000 millones. Por cierto, una porción de ese crecimiento se vio contrarrestado por un aumento también considerable de los costos de producción, por lo que todo el aumento no se refleja en una suba de igual tenor en los márgenes. Pero una cosa no quita la otra. El desafío es que se logren sostener resultados similares en el mediano plazo.

Tanto la agricultura como la ganadería lograron niveles de facturación récord en 2021/22. En el caso de la agricultura, se superaron en unos US$ 400 millones los picos que se habían alcanzado en la zafra 2013/14, de unos US$ 2.500 millones, cuando se dio el anterior boom de precios de los commodities. En el de la ganadería de carne el crecimiento fue explosivo, con unos US$ 1.000 millones más que el anterior máximo, que se había dado en 2017/18. No sucedió lo mismo en la lechería. La facturación por remisión de leche a planta quedó unos US$ 70 millones por debajo del máximo de 2013/14.

En el ámbito de la ganadería es difícil que se dé lo que sucedió en 2021/22. Años de abundante oferta solían ser acompañados por precios de venta bajos, dado que ese aumento de la salida de animales era consecuencia de un proceso de liquidación de existencias debido a algún problema climático que obligaba a alivianar la carga. Ahora fue todo lo contrario. El récord de faena se dio por el incentivo que dio la industria por el lado de los precios, que alentó a una salida más rápida de los animales, con inversiones en las fases de recría y engorde para llegar a peso de faena a edades más tempranas.

Con ello, la facturación bruta porconcepto de ventas finales pegó un gran salto de más de US$ 1.100 millones respecto al ejercicio anterior, un aumento porcentual de 54%.

Facturación por ventas finales

El grueso de este aumento se dio por el crecimiento de la faena, de 20% -parcialmente contrarrestado por un menor peso de las carcasas- y por una suba de 31% en el precio medio de venta a frigorífico a US$ 1.156 por cabeza.

La combinación de producción y precios récord determina un explosivo aumento de la facturación por concepto de envío de vacunos a plantas de faena. Se estima que alcanzó los US$ 3.173 millones, con un fuerte salto anual de 57%, más de US$ 1.100 millones.

A esto se deben agregar los exportados en pie, cuya facturación aumentó 19% a US$ 167 millones.

La suma de animales vendidos a frigorífico y exportación en pie es de 2,94 millones que determinaron una facturación de US$ 3.340 millones de la ganadería de carne, un aumento anual de 54%.

En la agricultura se dio la doble combinación de muy buenos resultados productivos tanto en invierno como en verano, potenciados por excelentes precios para los productos. Con la soja como estrella, lo que más cifra son los cultivos de verano que aumentaron en US$ 750 millones en el ejercicio a US$ 1.880 millones, pero también aumentaron los cultivos de invierno en más de US$ 200 millones y el arroz en unos US$ 32 millones. Con ello, la agricultura en 2021/22 facturó unos US$ 2.900 millones, unos US$ 1.000 millones más que en 2020/21.

Fue también un ejercicio en el que comenzó a mejorar la lechería. El precio medio de la remisión a planta fue de US$ 0,38 centavos por litro, unos 6 centavos por encima de 2020/21. Sin embargo, quedó lejos de los US$ 0,44 por litro de 2013/14, por lo que la facturación bruta, de US$ 800 millones, no alcanzó los niveles de aquel ejercicio.

Al pasarle raya a los tres rubros, la facturación -sin tener en cuenta los costos- osciló en US$ 7.000 millones, lejos por encima del anterior máximo de unos US$ 5.000 millones -que se había dado en 2013/14- y casi 50% más que los US$ 4.700 millones de 2020/21.

Ciertamente, parte del aumento ha debido solventar un crecimiento de los costos de producción. Fertilizantes y demás insumos acompañaron la evolución alcista de los precios de los productos.

Otros costos que subieron en dólares son los que cotizan en pesos uruguayos. Al pasarlo a pesos constantes, teniendo en cuenta la evolución del tipo de cambio y la inflación, el aumento es menor. El tipo de cambio en 2021/22 promedió $ 42,8, con una moderada valorización anual de 0,7% en términos nominales. Pero, a su vez, en el período la inflación fue de 9,3%, por lo que en pesos constantes el aumento de la facturación, en lugar de ser de 49%, fue de 35% anual. El pago de salarios, tarifas públicas, así como algunos insumos (como el combustible) e impuestos, son en pesos uruguayos. Es, de todas formas, muy significativo, pero no se puede obviar el peso negativo de la pérdida de valor de la moneda estadounidense en el ejercicio.

En este ejercicio 2022/23 es muy difícil que se dé un nivel de ingresos similar. Uno de los principales determinantes de este récord es la cantidad de vacunos enviados a faena que, es un hecho, no se repetirá. Pero eso no quita que no se pueda esperar que, con las inversiones que estos ingresos adicionales determinarán, se dé un salto productivo en el mediano plazo que posicione la producción uruguaya un escalón por encima de los ejercicios anteriores. Eso será fundamental -sumado al factor precios y clima- para que se repita prontamente un ejercicio tan bueno como el que acaba de terminar.

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