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Lo que viene y lo que falta

Las exportaciones comenzaron a reflejar el “agujero” en las ventas de soja, por la sequía. Pero la agricultura tiene un escenario positivo y va por la revancha. Mientras, la carne vacuna sigue con demanda firme. Los problemas son hoy más propios que ajenos

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Nicolás Lussich /Ing. Agrónomo MBA / Periodista


La dinámica económica del Uruguay tiene alta dependencia del exterior, pero fronteras adentro se juega otro partido clave, el de la competitividad, la productividad y la inversión. El último dato del Índice Líder de Ceres, correspondiente a junio, marcó el tercer aumento consecutivo y permite concluir que el primer semestre cerró con una economía en crecimiento, aunque seguramente modesto.

Sin embargo, sigue habiendo luces amarillas encendidas en el tablero. En el último informe del IPC se muestra a los precios de los bienes transables subiendo apenas 1,5% anual, mientras los no transables (básicamente servicios locales), suben 5,8%. Tomando la evolución desde 2022, los no transables subieron 13% más; un empresario me comentaba esta semana cómo se “ha logrado” dejar de hablar de atraso cambiario, cuando -en su visión- está más claro que nunca.

Que el BCU ha logrado bajar la inflación con una buena instrumentación de política monetaria profesional es innegable y positivo, como también es innegable que el Uruguay se ha encarecido. Pero los problemas de productividad y baja inversión no deberían adjudicarse a la política monetaria en sí misma, sino a que no está siendo coherentemente acompañada por la política fiscal y la política laboral.

Tipo de cambio real.

Pasado el límite. Esta semana la gota rebasó el vaso: las principales cámaras empresariales del país reclamaron al gobierno medidas urgentes para resolver la situación de continuos conflictos en el puerto de Montevideo, en especial en la Terminal Cuenca del Plata (TCP) especializada en contenedores. En el comunicado, firmado por las cámaras de Industria y de Comercio, la ARU, la CMPP y la Unión de Exportadores, se plantea que “mientras el gobierno remite un Proyecto de Ley de Competitividad (...) al mismo tiempo se permite la generación de sobrecostos y se profundizan los problemas de conectividad”. Concluyen que “el Puerto de Montevideo no debe, ni por un conflicto ni bajo ninguna otra circunstancia, detener su actividad; es urgente que el gobierno tome medidas para asegurar el comercio, ahora y en el futuro”. El comunicado se queda a pocos metros de un pedido de esencialidad.

A las pocas horas, se agregaron en su reclamo las cámaras de la industria frigorífica (CIF y Adifu), pidiendo que “el Poder Ejecutivo adopte medidas para asegurar la operativa del puerto de Montevideo, como forma de proteger la competitividad, la reputación y la inserción internacional de Uruguay”. La situación es grave: no solo hay una afectación directa, por las demoras efectivas por los paros, que han hecho que -en las últimas semanas- el Puerto haya trabajado normalmente muy pocos días; además, se genera una gran incertidumbre sobre la concreción de los negocios en tiempo y forma. Las mercaderías importadas demoran en llegar y los negocios de exportación se retrasan, con casos extremos de directa anulación del negocio, que lleva -cuando se puede- a redireccionar mercadería, con el costo asociado. Además, el Puerto acumula antecedentes negativos, justo cuando necesita -por el contrario- afirmarse como terminal y Puerto Hub para la región.

Gráficas

Todas estas cosas hacen deslucir y erosionar los esfuerzos que, tanto empresas como gobierno, han hecho para configurar un Proyecto de Ley de Competitividad que apunta a reducir costos y comerciar más y mejor. Todo indica que los reclamos sindicales se han radicalizado a extremos irracionales. Piden una partida extra mientras se negocia (poco entendible) y reclaman un mínimo de 25 jornales mensuales para los trabajadores, es decir casi efectividad, en un rubro que tiene variaciones fuertes de actividad, según las cargas. Además, TCP ha informado que 197 de sus 554 trabajadores tiene garantizados 20 jornales, otros 69 tienen garantizado 25 y 156 son mensuales.

Los niveles salariales están por encima del sector y -por supuesto- de los promedios nacionales. A modo de ejemplo -según datos de la empresa no desmentidos por el sindicato- un auxiliar categoría B tiene un salario nominal de 128.000 pesos, casi 40% por arriba del laudo del Consejo de Salarios. Sin negar que es trabajo de valor y que hay que estar a disponibilidad, los extremos de la posición sindical llaman la atención; hay quienes lo explican por la puja política interna en el sindicato, entre otros factores.

Oportunidades y desafíos. Los problemas en el puerto sobrevienen justo cuando Uruguay está buscando comenzar a aprovechar el acuerdo entre el Mercosur y la UE, al tiempo que se busca ampliar nuevos mercados. Las exportaciones han tenido esperables caídas interanuales en los últimos meses, pero el primer semestre cerró en “empate” respecto al año pasado, medidas en dólares (cuando se pasan a pesos constantes caen 8%).

El sector cárnico sigue liderando las ventas al exterior, a pesar de la caída en la faena (cuadro). La demanda global sigue firme y la oferta es acotada, un escenario muy auspicioso que se refleja en un precio de exportación que está en máximos históricos (gráfica). Por supuesto, hay incertidumbres: las nuevas cuotas con la UE no se han acordado aún en el Mercosur y hay que ver qué pasa con Brasil (principal exportador mundial) que enfrenta restricciones en Europa y China.

El sector lácteo ha revertido las dificultades del año pasado y -con una producción a toda marcha- ha comenzado a aumentar las exportaciones en términos interanuales, con mercado nuevos, a pesar de que los precios no son excepcionales. Carnes y lácteos están particularmente afectados por el conflicto en TCP; la producción agrícola en menor medida, dado que trabaja con graneles, pero el del puerto es un problema general, no sectorial.

En la agricultura los productores buscan superar la caída de la producción de soja de este año, por la sequía. El área de cultivos de invierno alcanzó 850.000 hectáreas, según estimaciones de Urupov, con la colza como gran protagonista (se estima un área de 400.000, sumando carinata y camelina), cierto retroceso del trigo (quedaría debajo de 250.000 hectáreas), que de todas maneras cubrirá con tranquilidad el consumo interno y generará saldo exportable. La cebada sumaría algo más de 200.000 hectáreas, considerando maltera y forrajera.

En los últimos días, el escenario en Medio Oriente volvió a complicarse, luego de que Irán atacara buques mercantes y EEUU tomara represalias, con más de 80 ataques a objetivos en territorio iraní. Los iraníes respondieron y -obviamente- todo esto hizo que el petróleo subiera, cerrando la semana arriba de los 75 U$S/barril Brent. En estas últimas horas se está buscando mediar para que estos nuevos episodios de agresión no escalen nuevamente a una guerra.

Exportaciones de bienes.

La suba del petróleo incidió en el mercado de granos y la soja en Chicago posición julio-2027 (referencia para la próxima cosecha) subió casi 20 dólares y quedó en 448 U$S/ton (gráfica), lo que daría para pagar unos 420 U$S/ton a nivel local en la próxima cosecha.

Los mercados de granos también están incorporando el Niño, que puede ser positivo para nuestra soja -siempre que no se vaya a extremos- pero aumenta la probabilidad de menos lluvias en las principales zonas sojeras de Brasil (principal productor y exportador mundial), lo que es un factor alcista.

Todo esto alienta el optimismo para un cultivo de soja 2026/27 con buenos rendimientos; para el maíz el escenario es más auspicioso aún, por la buena demanda de la producción animal y los crecientes rendimientos potenciales, con expansión del riego. De manera que la agricultura puede empezar a pensar en superar el golpe de la sequía y seguir adelante. Lo que falta es resolver los problemas en la economía local, porteras afuera pero fronteras adentro.

Desde que se limitó para Uruguay la posibilidad de participar dentro de la cuota europea conocida como 481, de carne de animales terminados en corrales de engorde, la operativa se convirtió en un dolor de cabeza. La nueva cuota que surgió del TLC entre la Unión Europea y el Mercosur, que terminará siendo de 99 mil toneladas equivalente carcasa, será una gran forma de descomprimir el negocio de la carne de feedlot con el viejo continente.

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