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La innovación como necesidad

En Israel, más allá de las fuertes discusiones y polémicas que habitualmente genera, hay una cosa que parece clara: existe una capacidad de enfocar y abordar los problemas de una manera más efectiva, con visión estratégica y de largo plazo

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Desde Israel.

Remontando de sur a norte la Ruta 90 el paisaje va cambiando. Quedan atrás las áridas montañas del sur y centro de Israel y comienzan a aparecer los pastos, al principio tímidos luego más continuos, mientras que los valles se ven cada vez más aprovechados por cultivos de toda índole. En Galilea --zona norte de Israel- se concentra buena parte de los plantíos agrícolas de este país, tan singular por su historia, su situación actual y su agricultura.

En el norte no solo se encuentran las tierras más aptas para el cultivo -repartidas en los diversos valles de la región-: también es el origen de las principales fuentes de agua, que llega mayoritariamente del deshielo de las montañas. Es que en Israel llueve muy poco (700 mm como mucho en el norte, mucho menos en el desértico sur) y hay que aprovechar cada gota de agua.

En efecto, es difícil explicar la dinámica de la agricultura israelí sin entender previamente toda la peripecia para lograr una gestión eficiente del agua en este país, tanto la de superficie como de los importantes acuíferos que posee.

En Israel toda la gestión del agua es estatal a través de la empresa Mekorot. El Mar de Galilea o Lago Tiberiades es el reservorio clave en torno al cual se hace la gestión del agua en todos sus usos, desde los comienzos de la fundación del Estado y en paralelo a los desafíos de la defensa. Israel construyó un sistema de cañerías y bombeo a partir de dicho lago y otras fuentes para abastecer todos los usos, principalmente del doméstico y -por supuesto- el agrícola.

Desde su origen hasta hoy es un sistema centralizado en el que se destina más de cuarenta por ciento a las zonas urbanas, una cifra similar a la agricultura -que obviamente cuenta además con las lluvias- y el resto se destina a países vecinos. Hoy Israel es excedentario en agua, en buena medida gracias al aporte de las plantas desalinizadoras, que toman agua del Mediterráneo.

Con este escenario no es de extrañar que la agricultura israelí apunte a un uso intensivo de la tierra, con alta inversión en los sistemas de cultivo y de riego.

En la historia de Israel han tenido un rol clave los kibuts y moshavs, formas cooperativas de producción muy relevantes en la agricultura. Además, desde los principios de los asentamientos judíos en la región se apuntó a reforestar intensamente los campos.

Según los últimos datos, se plantan en Israel casi un millón y medio de hectáreas de cultivos, la mitad de las cuales corresponde a frutales y horticultura.

Israel. Cultivos de frutales y horticultura, con el Mar de Galilea al fondo

Nación start up.

En la localidad de Kiryat Shmona, cerca de la frontera norte, se encuentra Fresh Start una incubadora de empresas dedicadas a la tecnología alimentaria. Con financiamiento de capitales de riesgo y crowdfunding, Fresh Start impulsa ideas innovadoras en este sector que tengan proyección para constituir productos y empresas exitosas.

Trabaja desde el concepto inicial, su implementación en el laboratorio y la configuración de prototipos de productos que -de resultar potencialmente interesantes- se promueven ya para una escala más amplia fuera de la incubadora. Según comentaban sus directores Fresh Start tiene un 27% de ideas exitosas, cuando el promedio en situaciones similares en otros sectores es de un 10%.

Varias de las iniciativas apuntan a constituir ingredientes alimenticios naturales, sustitutos de los químicos que se usan hoy en la industria alimentaria. Es el caso de empresas incubadas como Bio preservatives y Sugar Replacements. En el caso de la empresa Made Wright su objetivo es producir envases reciclables en base a material aportado por hongos, producidos en laboratorio. Empresas como Profuse y Culture Fish apuntan a mejorar la calidad de las carnes de laboratorio, mientras Pigmentum es una empresa que se plantea producir caseína a través de las lechugas, incorporando el gen correspondiente en la planta. El éxito de estas iniciativas no está garantizado; es parte del proceso innovador que se plantean mirando no tanto el mercado local sino el mercado global.

Cultivos en el norte de Galilea. Fertirriego por goteo, invernáculos y sistemas de protección

Israel es una economía pujante más allá de las dificultades compartidas hoy por hoy por casi todas las economías desarrolladas. El aumento en el poder adquisitivo per cápita ha hecho que se vaya ampliando el déficit comercial en el sector alimentos, por un aumento permanente de las importaciones en los últimos años, según datos del USDA.

En efecto, Israel importa alimentos por unos 7.000 millones de dólares y tiene exportaciones por algo más de 2.000 millones. La agricultura israelí es especialmente fuerte en productos frescos, como frutas y verduras, pero cada vez más dependiente de la importación de granos para la producción de huevos y carne aviar, entre otros productos. La industria agroalimentaria factura casi 20.000 millones de dólares y representa el 20% de la producción industrial.

Durante años la experiencia agrícola de Israel tuvo consideración en Uruguay y fueron varios los técnicos y empresas que ofrecían y promovían la experiencia israelí como ejemplo exitoso de intensificación agrícola. Pero -en general- los números no daban: el precio de la tierra en Uruguay era bajo, las oportunidades de mercado para los agronegocios eran acotadas y muy volátiles. Las iniciativas exportadoras en el sector granjero tuvieron muchas dificultades. Sin embargo, la situación ha cambiado: el Uruguay ha transcurrido un proceso de intensificación en la producción, con una mayor inversión por hectárea en todos los rubros por la valorización de los productos y de la propia tierra, tendencias que van de la mano. Así, las tecnologías y técnicas israelíes tienen hoy por hoy -a mi juicio- mayores posibilidades de aplicación, tanto las conocidas (riego por goteo, etc.) como las nuevas. Y seguramente también las experiencias uruguayas pueden ser consideradas en los diferentes rubros de la producción israelí.

El desarrollo agrícola depende obviamente del agua pero también de la energía, que Israel busca asegurarse y desarrollar. En estos días tuvo lugar un acontecimiento clave en el plano energético, pero con consecuencias políticas y geopolíticas.

Israel y Líbano firmaron un acuerdo para la explotación del gas recientemente descubierto en el Mar Mediterráneo, que implica también un acuerdo limítrofe en aguas territoriales. El acuerdo tiene varias derivaciones: por un lado Israel se asegura la paz para explotar dos importantes yacimientos en sus aguas territoriales mar adentro, a la altura de Tel Aviv y Haifa. A su vez un tercer yacimiento ubicado en el límite entre las aguas de Israel y Líbano se compartirá en un tercio para Israel y dos tercios para el Líbano. La obvia derivación del asunto además es que el Líbano reconoce implícitamente al Estado de Israel. El tema ha sido discutido en la campaña electoral, hoy a pleno en Israel.

Todos estos asuntos se desarrollan sobre una base histórica presente en Israel desde los inicios: la necesidad de innovar para lograr seguridad y supervivencia. No en vano muchas de las innovaciones en agricultura, industria y servicios, provienen de conocimientos generados en el propio ejército.

En este país, más allá de las fuertes discusiones y polémicas que habitualmente genera, hay una cosa que parece clara: existe una capacidad de enfocar y abordar los problemas de una manera más efectiva, con visión estratégica y de largo plazo. Y por eso es un ejemplo que vale.

Nicolás Lussich estuvo en Israel invitado por la B'nai B'rit.

Daniel Gamsu, Director de Desarrollo de Negocios de la incubadora Fresh Start. Innovación en agro, alimentos y biotecnología

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