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El mundial agrícola

A pesar de la falta de agua los rendimientos de invierno son mejores a los esperados. Pero el partido no terminó y el segundo tiempo -cultivos de verano- puede estar complicado si La Niña sigue despierta.

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Ing. Agrónomo MBA / Periodista

Esta semana ocurrió un hecho singular desde el punto de vista de las estadísticas de población a nivel global, asunto que - obviamente- está en el trasfondo de las tendencias de los mercados internacionales de granos. Según las proyecciones de las Naciones Unidas la población mundial alcanzó esta semana las 8 mil millones de personas.

El crecimiento de la población mundial se ha desacelerado, por la caída en la natalidad en varias áreas geográficas importantes del mundo. Pero en términos absolutos la población sigue creciendo y por lo tanto la especie humana sigue exigiendo cada vez más al planeta en términos de producción, particularmente de energía y alimentos. En ambos planos los agronegocios están directamente involucrados. Buena parte de la producción agrícola y forestal del mundo se destina a la energía; pero en el caso de la agricultura, obviamente, el destino clave es la producción de granos para alimento.

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La trayectoria reciente de la agricultura global es una de las historias de éxito más destacadas de las últimas décadas, a pesar de que se la reconoce poco y se la crítica mucho. En efecto, sí bien millones de personas padecen todavía -y lamentablemente- problemas de acceso a los alimentos, la proporción de estas situaciones en la población global ha caído consistentemente según han transcurrido los años. Menos de un siglo atrás, cerca de la mitad de la población del mundo vivía en condiciones de pobreza; hoy el porcentaje está cerca de 10%.

Esto se debe a múltiples factores, entre los cuales el éxito de las economías asiáticas (en especial de China) es uno de los principales. Pero sería impensable una evolución como la que se dio sin el persistente aumento de los rendimientos agrícolas en todo el mundo. Es cierto que también han avanzado algunas fronteras agrícolas que han sumado más áreas a la producción (por ejemplo en Brasil). Pero en casi todos los granos el aumento de la demanda se ha cubierto mucho más por aumentos de rendimiento que por sumar áreas a la producción, que resultan cada vez más escasas. Así, la producción logra cubrir la demanda, aunque no le sobra nada. Como ejemplo véase el caso de la soja (gráfica).

Esto le da sustento al precio de la tierra a largo plazo y -en consecuencia- ofrece base sólida a la incorporación de tecnología e inversiones en las tierras de cultivo, para seguir mejorando la productividad y la calidad de las cosechas.

En Uruguay el precio de la tierra también se sostiene, a pesar de los vaivenes de las finanzas globales. Por la tierra, hay una demanda firme y la oferta es acotada, porque es un bien finito y porque además, las aspiraciones de los eventuales vendedores son altas. En este Mundial de la agricultura Uruguay está clasificado y está jugando - como nos caracteriza- con dientes apretados, recursos limitados y sin dar una por perdida.

Escalones de rendimiento

A pesar de las grandes distorsiones recientes que han tenido las economías del mundo -incluyendo la uruguaya- por la ocurrencia de la terrible pandemia de coronavirus y luego el conflicto en Ucrania, parece claro que el camino de avance de la agricultura tiene hoy rasgos bien diferentes a los de la gran expansión que ocurriera hace ya 15 años. En efecto, entre 2003 y hasta 2014 las áreas agrícolas del Uruguay se expandieron notablemente en la medida que partían de bases muy bajas y se apoyaban -al principio- en costos relativamente bajos luego de la crisis del año 2002. La dinámica hoy es otra muy distinta y los avances son más trabajosos, hectárea por hectárea y kilo por kilo de rendimiento.

Pero tal vez por esto mismo los avances resultan más genuinos y -seguramente- más permanentes. Esta semana se inauguró la cosecha de trigo en Dolores, en el marco de la cual los directivos de la Asociación Agropecuaria de Dolores destacaron los trabajos que vienen desarrollando los productores con sus técnicos, para aumentar los rendimientos manteniendo y mejorando la sostenibilidad. Entre otros asuntos se está buscando impulsar el encalado, materia pendiente que tiene la agricultura uruguaya y a la que hoy se le abre un espacio de avance en la medida que se han ido levantando otras limitantes.

Es necesario poner nuevos escalones arriba en el rendimiento. Encalar no es una tecnología nueva, claro está, lo que es nuevo es el contexto y por lo tanto la necesidad de estudiar nuevamente las respuestas, que según los datos preliminares son mejores a las esperadas, en especial en los suelos de pH bajo que vienen de muchos años de agricultura. Siguiendo con el ejemplo, encalar implica además tener una logística eficiente de extracción minera y transporte del material, que es de origen local (lo cual también abre oportunidades de actividad y empleo). Los productores piden mecanismos de exoneración o reducción de impuestos parecidos a los que tienen otros fertilizantes, en el implícito entendido que los costos en Uruguay seguirán siendo altos.

Se señala como una limitante a los contratos cortos de arrendamiento, que restringen al productor arrendatario la intención de encalar, pues su efecto positivo dura años, permanece luego del vencimiento del contrato y no lo pueden captar. Aquí seguramente hay que innovar en los contratos entre las partes; se puede.

Si de poner nuevos escalones al rendimiento se trata, hay que hablar de riego, asunto que también se planteó en Dolores. La inversión en riego ya viene andando a paso firme, con numerosos nuevos proyectos que aprovechan los mecanismos de estímulo de la ley de inversiones. Están pendientes todavía iniciativas multiprediales, de mucha mayor escala y eficiencia, más complejas de concretar pero que podrían tener un impacto notable y ser base para desarrollar incluso otras especies de cultivo.

Gratas sorpresas.

Sin dejar de mirar a mediano y largo plazo, el sector está pendiente de las cosechas y las siembras. Las últimas lluvias vinieron justas y se avanza a todo tren con las plantaciones de primera y segunda; la capacidad de siembra aumentó notoriamente en los últimos años con la acumulación de inversión en cosechadoras, lo que mejora los tiempos de trabajo y -por tanto- los rendimientos potenciales.

Y las cosechas de invierno están mostrando gratas sorpresas. Se temía que la falta de agua afectara a los cultivos, lo que efectivamente ocurrió en muchas chacras, pero en el balance general el desempeño es mejor al esperado. Las primeras proyecciones de técnicos y productores plantean que -en el caso de la colza- el rendimiento podría estar muy cerca del promedio del año pasado, lo que es un logro destacado dadas las circunstancias climáticas. Variedades, manejo y uso efectivo de agroquímicos están en la base de los buenos rindes. En cebada también los rendimientos son mayores a los esperados y en trigo hay una perspectiva parecida, si bien recién comienza la recolección. En estos cereales el clima seco complica el desarrollo de las plantas, pero tiene beneficios por el lado sanitario, en un ciclo que ha tenido muy pocos problemas de patógenos por los bajos niveles de humedad y temperaturas bajas.

Es posible que la zafra termine dando mayores niveles de grano con destino forrajero. En cebada las malterías han reducido los parámetros de exigencia en tamaño de grano y proteína, buscando mitigar eventuales problemas serios para algunos productores. Las situaciones varían mucho por zona y por chacra. En cualquier caso, el mercado de granos forrajeros es una alternativa “de segunda” pero aceptable para los productores, dada la buena demanda de la ganadería de carne y leche.

Dado el aumento en los costos, las cuentas este año lucen más chicas, pero el escenario de precios es bueno a muy bueno: si bien los valores dejaron atrás los récords, siguen claramente arriba de las referencias del año pasado, en especial al tomar los FOB regionales (gráficas).

De todos modos, la incertidumbre climática permanece para el ciclo de verano, donde el agua -aquí sí- es decisiva. Para responder a La Niña aumentan las siembras tardías y de segunda, pero si la lluvia no acompaña, el escenario puede ser complicado. En el mundial de la agricultura, el partido no termina hasta que pita el juez, y el grano está en el silo.

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