Agricultura

Felipe Ferrés: “El arroz mueve las economías locales”

Con una historia de 50 años dentro del sector, realizó un repaso de lo que ha sido el camino del rubro. “Veo que los muchachos hoy logran rendimientos muy buenos”, aseguró. Y se mostró “ilusionado” con las políticas del gobierno. “Con apoyos, se puede producir mucho más”.

 

Hernán T. Zorrilla (*)

-¿Cómo evalúa la evolución del sector arrocero?
-El sector comienza a tomar forma en la década de 1950. En 1947 se formó la Asociación de Cultivadores de Arroz, que comenzó a mostrar cómo los productores se unieron por la necesidad de crear las fortalezas que dan forma al sector. En 1961, un grupo grande de productores forma Coopar, y se da el caso de que productores que eran remitentes a Saman integran la cooperativa, si bien siguen vendiendo su arroz al propio Saman u otros molinos. Para ese momento el precio convenio no existía, y la cooperativa es una herramienta para buscarle un precio real a la bolsa. No había referencias y el productor vendía si le servía.

-¿Cómo estaba el negocio?
-En la zafra de 1969-1970 se cae en una crisis tremenda, provocada por un gran atraso cambiario. Se desploma el precio del arroz. Para que tengas una idea, se hacían negocios en el orden de los US$ 70 la tonelada, y solamente cuando se podía vender. En esos momentos, se colocó buena parte del arroz en Brasil. Esta crisis deja mal parados tanto a los molinos como a los productores, pero sucedió algo que muestra la fortaleza del sector: se consiguió una financiación de la deuda de los molinos, pero los productores salieron como garantías para apoyar a la industria y poder seguir.

-¿Y cómo siguen?
-En 1971-1972 comenzamos a plantar de nuevo para Saman, y se inventó el sistema de medianería. La crisis que mencionaba generó un cambio importante para el sector.  Coopar había iniciado una pequeña área experimental, donde comienzan a formarse sus ingenieros. Saman colaboraba con Coopar económicamente para sustentar dicha planta. De aquí surge que los molinos y la ACA forman el CIAAB (Centro de Investigaciones Agrícolas “Alberto Boerger”).
En 1970-1971 se traen las primera variedades americanas: Blue Patna y Blue Belle. Esta última demuestra adaptarse bien y ya en la zafra de 1971-1972 se plantó gran parte del área con ella. Esta variedad se convierte en una de las mayores fortalezas del sector y, a mi entender, crea el sello de calidad del arroz uruguayo.

-¿Cuál era el área?
-De ahí en adelante comienza a crecer el área, y de 30.000 hectáreas sembradas en 1970 se llega incluso hasta las 204.000 hectáreas en 1998.
En la salida de la crisis antes mencionada, los molinos comenzaron con los sistemas de riego que hoy tenemos, además de los secadores comunitarios, con Saman, Coopar y Casarone a la cabeza. Esto marca que cualquier persona, si tenía afición a la agricultura, podía convertirse en un productor de arroz.
Por esos momentos, el CIAAB había trabajado mucho en el cultivo de arroz, pero también lo habían hecho en las posibilidades que el cultivo daba a la rotación con ganadería. Esto ayudó a conseguir campos para el arroz, con el fin de aprovechar ese uso también por parte de los ganaderos, que al principio se mostraban reacios a este tipo de implementaciones.

-¿Había créditos?
-El BROU por esos momentos concedía créditos para el cultivo a los productores, pero como muchos de ellos no tenían las garantías suficientes, se exigía el aval de los molinos. Esto muestra una debilidad del productor, ya que como vemos en estos procesos, los molinos deciden quién planta y quién no.
El Blue Belle fue la variedad más usada por unos 20 años, pero luego apareció otra que rendía más, y aunque no tenía la misma calidad se vendía bien: El Paso 144, creada en el CIAAB con el Ing. Agr. Nicolás Chebataroff a la cabeza. Por esas épocas, se hacía algo de dinero con un buen manejo del cultivo. El problema se agravó en los últimos tiempos.

-¿Cómo ve hoy a las nuevas generaciones que participan del cultivo de arroz?
-Los cambios han sido muy rápidos, y vinieron para quedarse. Hoy veo que los muchachos que lideran las chacras logran resultados extraordinarios en los rendimientos. Si sacás 160 bolsas te preguntan qué te pasó. Los grandes éramos más reacios a aplicar las nuevas tecnologías, pero hoy los muchachos las utilizan y no cabe duda que son buenas. Ellos son muy exigentes en lograr los mejores resultados posibles. Se aferran a lo que dicen los técnicos, y cuando el negocio es tan ajustado manifiestan no poder bajar los costos en el paquete tecnológico. Eso los lleva a lograr los máximos rendimientos.
Es lamentable que en los últimos 6 años los resultados económicos sean cada vez peores cuando las cosechas fueron las mejores. Esto nos deja claro que lo que podíamos hacer en nuestra época es casi imposible para los productores que se inician: hoy con estos márgenes no podés comprar campo plantando arroz, algo que nosotros en nuestra época logramos.

-¿Cómo es el productor arrocero uruguayo?
-Es una persona que se propone metas y las logra. El negocio a veces lo lleva a arriesgarlo todo y lo hace, y esta filosofía llevó a mucha gente a perderlo todo. Hoy en día tal vez el productor es más cauteloso, pero con esta crisis mucha gente va a quedar complicada. Los que están batallando arrastran un pasivo importante.

-¿Qué alternativas productivas se manejan en las zonas donde se planta arroz?
-En el norte hay campos que pueden permitir hacer algún otro tipo de agricultura. En la zona este se está trabajando bastante con la soja. Hoy con la baja de precios es un negocio muy ajustado, y solo con riego se pueden lograr rendimientos aceptables. Con la implantación de soja, se limpian los campos de malezas que son un problema para el arroz, y para eso es una herramienta que tiene buenos resultados. De todos modos, creo que la mejor rotación es con pasturas. Si hay algo que en Uruguay se sigue demostrando es que la carne sigue siendo lo que funciona, más allá de los márgenes. No solo desde el punto de vista económico, sino para la conservación del suelo.

-¿Qué importancia tiene el cultivo donde se realiza?
-Mucha. Cuando la crisis llega a los pueblos, la gente dice “ojalá anden bien ustedes”. Mueve todo. Si los molinos o instalaciones arroceras achican el personal y envían a los empleados al seguro de paro, se puede cortar la cadena de pagos dentro de las ciudades. Lo sufren los pequeños comerciantes, los torneros, los talleres: todos reciben el golpe.

¿Cómo ve el sistema del precio convenio?
-No hay muchas más opciones para los productores. Son muy pocos los que pueden negociar su arroz. No veo forma de cambiar, pero además de esto no sé si vamos a encontrar algo mejor. En la medida que seamos productores dependientes, es lo mejor. Hay que seguir, no tenemos otra salida.

-¿Cómo evalúa las políticas agropecuarias de la nueva administración?
-Tenemos muchas ilusiones. En el caso del sector arrocero se puede producir mucho más y tiene capacidad de volver a crecer. Si se lo apoya, y acompaña un buen precio internacional, es negocio. Con estos rendimientos y mejores valores tendríamos un resultado más que interesante.

(*) Encargado de Agricultura en Portal Rurales El País.