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Un micrófono, cuatro generaciones y 58 años sin distraerse del campo

Desde 1968, Palenque Agropecuario acompaña al productor rural con información clara y constante; hoy, Miguel Ángel Aldabe comparte el legado con sus hijos, manteniendo intacta la cita diaria de las 11:30 en Radio Zorrilla

Palenque Agropecuario, desde 1968, informa al productor rural y hoy continúa en la voz de la segunda generación de la familia Aldabe
Palenque Agropecuario, desde 1968, informa al productor rural y hoy continúa en la voz de la segunda generación de la familia Aldabe

En Tacuarembó, donde la radio siempre fue una forma de compañía y orientación para el hombre de campo, la vida de Miguel Ángel Aldabe tomó un rumbo inesperado. No soñaba con el periodismo ni con un micrófono. Soñaba con estudiar Veterinaria.

Palenque Agropecuario” nació casi como una prueba de tres meses y terminó convirtiéndose en una cita inalterable para el productor rural. Desde aquel enero de 1968, cada mediodía encontró a la misma voz ordenando precios, remates, clima y noticias del sector, con un estilo sereno y directo. Sin golpes de efecto ni discursos grandilocuentes, el programa radial fue creciendo a fuerza de rutina y confianza, hasta transformarse en un hábito transmitido de padres a hijos, de la radio de la cocina a la camioneta en el campo.

Palenque Agropecuario es un programa con 58 años en la información agropecuaria. Desde 1968 al aire en Radio Zorrilla de San Martín 1400 AM.

A los 81 años, Miguel Ángel Aldabe acompaña desde el estudio mientras sus hijos Miguel Andrés (50) y Gastón (47) conducen el programa, asegurando la continuidad de una tradición radial que une tres generaciones de la familia y miles de oyentes del campo.
A los 81 años, Miguel Ángel Aldabe acompaña desde el estudio mientras sus hijos Miguel Andrés (50) y Gastón (47) conducen el programa, asegurando la continuidad de una tradición radial que une tres generaciones de la familia y miles de oyentes del campo.

La infancia de Migue Ángel, conductor y fundador del histórico programa del norte del país. transcurrió entre colegios religiosos, una familia numerosa y una casa donde el estudio era parte del trabajo cotidiano. Su padre había llegado desde Treinta y Tres para dirigir una radio recién nacida; su madre enseñaba francés y tenía una academia de mecanografía, “que en aquel tiempo era como la computadora”, recuerda. Nueve hermanos, un abuelo emprendedor, un campo en Bonilla y un hogar donde siempre había algo por hacer.

A los diez años se fue al seminario, después estudió en Florida, volvió a Tacuarembó para terminar el liceo y partió a Montevideo para iniciar el camino hacia la Veterinaria. “Me desmadraron temprano”, dijo Aldabe con su voz pausada y serena. El periodismo apareció por pura casualidad y por lealtad familiar: acompañar a un primo a estudiar comunicación a Porto Alegre.

“No pensaba ser periodista, menos los soñaba”, aseguró. Pero en aquella ciudad universitaria, compartiendo clases con estudiantes de toda América y con periodistas en actividad de grandes medios brasileños, algo empezó a germinar. Aprendía de día teoría y de noche oficio. Enseñaba a cebar mate a compañeros de Colombia, Perú o Venezuela y recibía a cambio historias, acentos y miradas del continente. “No hay voces buenas ni malas, hay voces que llegan y voces que no llegan”, le dijo un profesor brasileño en 1967. Esa frase le quedó para siempre.

Volvió a Uruguay con otros planes. Pero su tío le pidió que probara hacer un programa agropecuario. “Yo voy a empezar, hago tres meses y me voy a seguir estudiando Veterinaria”, fue lo que pensó en aquel entonces Miguel Ángel.

Empezó con 23 años. Dos meses después, la tragedia. Un accidente automovilístico devastó a la familia: murió su hermana mayor y su hermano menor quedó con quemaduras gravísimas. Eso trastocó toda la familia. Como hijo varón mayor, decidió quedarse. Y ese quedarse fue el inicio de todo.

Al principio no fue fácil. “Me decían: vos no sabés nada de campo, nadie te va a escuchar”. Pero eligió la constancia. Al principio, cuando muchos dudaban de que un muchacho joven pudiera sostener un espacio agropecuario, eligió aferrarse a una regla simple que terminaría definiendo todo lo que vino después.

“No ser una veleta, mantener la misma línea de información”, se repetía.

No cambiar el discurso según el viento del día, no acomodarse a presiones ni a modas pasajeras.

Mientras alrededor todo variaba -precios, gobiernos, tecnologías, expectativas- el programa ofrecía siempre el mismo refugio: datos claros, útiles y respetuosos para el productor. Esa rectitud, casi obstinada, hizo que cada mañana sonara familiar aunque pasaran los años. Y fue esa previsibilidad, más que cualquier primicia, la que terminó construyendo un vínculo de confianza que atravesó generaciones.

Siempre a las once y media de la mañana. Primero veinte minutos. Después media hora. Hoy cuarenta y cinco. Más de quince mil programas. Sin mudarse de emisora ni de horario.

“La particularidad que tiene Palenque es que siempre fue a las once y media y siempre en la misma radio”, contó.

Desde ese estudio vio transformarse el agro uruguayo. “En los últimos años se quiere acelerar mucho más la producción”, observó. Comparó realidades viajando por Mato Grosso, por el núcleo agrícola argentino, por exposiciones y congresos. Pero entiende que la ganadería cambia más lento que la agricultura y que el rol del programa fue otro: “Brindarle la información como una herramienta para el productor rural”.

No buscó grandes editoriales ni discursos encendidos.

“Nosotros damos la información y nada más. A veces el segundo comentario lo dejamos de lado”. Prefirió la claridad al ruido.

Los recuerdos se mezclan con polvo de exposiciones y olor a ganado. Tiene muy presente la Expo Tacuarembó de antes. Ventas con “mil doscientos carneros y ochocientos toros”, tres días seguidos de remate. Viajes a Esteio, a Palermo, congresos mundiales. Pero lo que más valora no son los eventos sino la gente. Un médico que al verlo le dijo: “Yo escucho Palenque desde hace cuarenta años”. Una mujer que confesó: “En la escuela agraria ponía Palenque porque me recordaba Tacuarembó”. Un niño que lo saluda por la calle. Un desconocido que cruza solo para estrecharle la mano. “No me explico cómo llega a cuatro generaciones”, expresó con una mezcla de asombro y pudor. “A veces me pregunto por qué un niño de seis años me habla de Palenque”.

Tal vez la respuesta esté en el tono. Habla pausado, sin estridencias. “Hoy, en el mundo de la inmediatez, a veces hay que bajar un cambio para pensar qué se va a decir”. Respeta todas las corrientes del oficio: “Hay periodismo por dinero, de investigación, partidario… yo respeto todo tipo de periodismo”.

Nunca tomó la profesión como bandera ni como misión heroica. “El periodismo yo no lo tomé como una bandera; lo tomé como una cosa que ocurrió”. Y sin proponérselo se volvió parte de la vida cotidiana del campo.

Define al programa sin rodeos: “Palenque Agropecuario se metió en el corazón de la gente”.

Hoy, con 81 años, el micrófono lo comparten sus hijos, Miguel Andrés, de 50 años, y Gastón, de 47. “Nunca soñé que ellos iban a seguir”, admitió. Uno tomó antes la posta y fue haciendo su lugar con los años; el otro se sumó después, completando una transición natural, casi sin anunciarse. Él permanece cerca, acompañando y aconsejando cuando hace falta, pero con la tranquilidad de saber que la historia ya camina por cuenta propia y que Palenque encontró continuidad en la misma familia que lo vio nacer.

Miguel Ángel Aldabe recibiendo el Premio Gardel.
Miguel Ángel Aldabe recibiendo el Premio Gardel.

Si piensa en el futuro, no pide homenajes. Solo continuidad y criterio. “Que aprovechen si lo quieren escuchar, que mantengan una línea”. Y deja una advertencia que suena a consejo de vida: “Por ganar una discusión a veces nos perdemos de aprender cosas buenas”.

Cincuenta y ocho años después de aquel arranque improvisado, la rutina sigue intacta. Llega el mediodía, se enciende el aire y la voz vuelve a ordenar el pulso del campo uruguayo.

Porque, como repite desde hace casi seis décadas, con la serenidad de quien nunca quiso ser protagonista sino compañía: “Escuche Palenque y no se distraiga”.

“Ni pensaba ser periodista ni soñaba con serlo”, dijo al principio de la entrevista. Pero en aquella ciudad universitaria, compartiendo clases con estudiantes de toda América y con periodistas en actividad de grandes medios brasileños, algo empezó a germinar.

Aprendía de día teoría y de noche oficio. Enseñaba a cebar mate a compañeros de Colombia, Perú o Venezuela y recibía a cambio historias, acentos y miradas del continente. “No hay voces buenas ni malas, hay voces que llegan y voces que no llegan”, le dijo un profesor brasileño en 1967. Y esa frase le quedó para siempre.

Un estilo sin gritos en tiempos de apuro...

En una época donde la inmediatez empuja a opinar antes de pensar, Aldabe eligió siempre el camino contrario. “Hoy hay que bajar un cambio para ver si uno hiere o no hiere”, repitió.

Su forma de hacer radio nunca buscó el impacto fácil ni la discusión estridente, sino la conversación respetuosa. Por eso muchas veces dejó de lado el comentario personal y se quedó solo con el dato: precios, clima, remates, movimientos del mercado.

No por falta de opinión, sino por convicción.

Cree que “por ganar una discusión a veces nos perdemos de aprender cosas buenas” y que cada colega tiene derecho a su propia línea. Esa moderación, lejos de restarle fuerza, le dio credibilidad. Palenque se volvió un espacio donde el productor podía informarse sin sentirse empujado a ningún bando, un lugar de encuentro más que de confrontación.

Quizás ahí esté parte del secreto de su vigencia: una voz serena que, en medio del ruido, eligió siempre acompañar antes que imponer.

Licenciada en Comunicación por la Universidad ORT (2017) y máster en Dirección de Comunicación Corporativa (2024). Desde agosto de 2020 forma parte del equipo de Rurales El País. Actualmente colabora con la revista de la Asociación Rural y produce el programa #HablemosdeAgro, que se emite los domingos por Canal 10. Además, acompaña a empresas del sector agropecuario en el diseño y la implementación de sus estrategias de comunicación. Anteriormente trabajó como periodista agropecuaria en El Observador y fue productora del programa radial Valor Agregado, en radio Carve.
Activa en redes sociales, busca contar desde adentro lo que pasa en el campo, "que tenga voz para quienes no lo conocen"

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