Rurales El Suplemento

Volando por instrumentos

La magnitud de la pandemia es tal, que las medidas son a ensayo y error.

Soja.

Fimix Agrofinanzas
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Qué difícil escribir un artículo en estos tiempos de incertidumbre.

Y no es que haya que salir a hacer algo afuera (quédate en casa), sino que lo que estamos viviendo es algo sin precedentes para nosotros, para nuestros padres e, incluso, nuestros abuelos que, en el mejor de los casos, serían recién nacidos durante la gripe española de 1918.

Un antecedente más cercano, es el de la epidemia de Poliomielitis en Uruguay. Así fue como las clases, en 1955, empezaron recién el 2 de mayo, debido a los problemas derivados de la explosión de esa enfermedad en Uruguay.

El punto es que estamos frente a lo que los estadounidenses llaman “Uncharted Territory” (terreno desconocido, en inglés). Mientras cerramos este artículo, el Comité Olímpico Internacional (COI) acaba de anunciar que pospone los Juegos Olímpicos 2020, en Tokio. El antecedente más inmediato es únicamente con motivo de la Segunda Guerra Mundial, en 1940 y 1944, así como dos Copas del Mundo, de fútbol, en 1942 y 1946.

Esto, que es sólo un ejemplo anecdótico, sirve para ilustrar la magnitud y la gravedad de un hecho como éste, a la altura de la última guerra mundial.

En primer lugar, nunca se vio una diseminación tan rápida de una enfermedad tan contagiosa como el coronavirus.

No solo que es muy transmisible entre personas expuestas al virus, sino que la globalización aporta su granito de arena para acelerar cualquier proceso.

Por un lado, Wuhan, en donde todo empezó, es un centro logístico en China, en donde el tránsito internacional y los viajes aéreos hacen que los vuelos que salen y llegan a diario sea la mejor forma de distribuir la enfermedad.

Cierres completos, primero de viajes internacionales, después de espectáculos globales y finalmente la bajada de cortina de la economía en cada país.

“El capital es lo más cobarde que hay”, solía decir el Cr. Damiani, graficando así lo sensible que es el dinero ante la percepción de riesgo excesivo.

El mejor reflejo de esto, son los bandazos – algunos días explotando hacia arriba y al siguiente enterrándose de cabeza – en las bolsas de valores.

Durante el último mes, por ejemplo, el índice Dow Jones, que refleja los precios de las acciones en la Bolsa de Nueva York, perdió 1/3 de su valor, pasando de 29 mil puntos a caer por debajo de 20 mil, lo que implica la evaporación en muchos casos del sistema de ahorros de gran parte de la sociedad estadounidense y mundial. Las bolsas de valores están armadas en base a apuestas a hacer subir los precios de las acciones por lo que, para que ingrese más dinero, deben subir en el largo plazo.

En estos días está dándose en simultáneo, bajas de los índices accionarios, ante la búsqueda de otras inversiones que representen un riesgo menor, para el nivel de retorno que pretenden los inversores. El crudo también sucumbió y se encuentra en valores irrisorios, cercano a USD/barril 25. Las liquidaciones masivas de contratos responden, por un lado a que el mercado se anticipa a una caída vertical de la demanda de energía, al tiempo que se declaró la guerra comercial, entre los países productores (la oferta), amenazando con inundar el mundo de un crudo que nadie precisa en esas cantidades.

Es tal el perjuicio que genera toda esta inestabilidad, que los mercados y la economía parecen crujir. Lo peor no es que las economías entren en recesión sino que todas lo hagan en simultáneo. El contagio y el colapso de los sistemas: sanitarios y económicos.

Los mensajes y las señales son de unidad y de calma, en la mayoría de los casos. Sin elementos de análisis satelital un barco queda sujeto solamente al temple del capitán y su tripulación.

Qué va a pasar… nadie lo sabe a ciencia cierta, si bien se puede asumir la caída de la actividad económica en todo el mundo y la expansión monetaria, inyectando dinero barato (la FED volvió a casi eliminar las tasas de interés) buscando promover la economía Real, vía inversión de empresas y consumo de las familias. Además, expansión monetaria, vía emisión de moneda propia, lo que traerá problemas de inflación en las economías. Éste parecería ser el menos de los problemas, a esta altura. Todo lo cual dejará a las sociedades un poco más endeudadas. Muchos esperan fuertes rebotes de la actividad económica en el tercer trimestre. Pero, por ahora, es lo que hay (valor: poco).

Si hay algo positivo, es que los flujos de dinero en el mundo, eventualmente, puedan volver a fijarse en el mercado de commodities agrícolas. China parecería empezar a mostrar señales de recuperación y, en sólo una semana, hizo subir el precio de la soja en Chicago alrededor de US$/ton 20.

La incertidumbre generada en Argentina y Brasil debido a que el brote de Coronavirus pueda significar para la carga de soja sin procesar, con destino a China. En la región, sobra la soja, pese a nuestra seca, la de Argentina y de Río Grande del Sur. China tiene por delante volver a la normalidad, recuperar el consumo, entre lo que se incluye empezar a comer de nuevo.

Hoy en día el mercado ganadero está paralizado, debido a la incertidumbre. El de granos no está mucho mejor pero llovió y, aunque viene sentido, el agua frenó nuevas pérdidas.

Lo más importante no es lo que vaya a ocurrir en el mediano plazo sino estar cubierto si algo malo, como este cisne negro, se posa sobre nuestra realidad.

Manejar los peores escenarios no es cuestión de adivinar, es asunto de tomar los recaudos económicamente viables para que la realidad no nos sorprenda con la guardia baja.