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Nicolás Lussich: se complicó el vecindario

Para la economía, empleo y agronegocios, la política comercial es clave. Pero el asunto se mencionó poco en la campaña electoral.

Tipo de cambio.

Ing. Agr. Nicolás lussich[email protected]

No lo va a saludar. Al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, no le cayó bien la elección del peronista Alberto Fernández en Argentina, y el Mercosur sin una sociedad entre las dos grandes economías de la región no tiene razón de ser. Más aún: el presidente brasileño dijo que “si Argentina cierra su economía, promoverá un acuerdo con Paraguay y Uruguay para alejarla”; sin indirectas. Luego matizó, pero no mucho.

Si la región está con estos ruidos, parece difícil avanzar en el acuerdo con la Unión Europea, que tiene también sus trabas internas. Sin embargo, hay quienes opinan que -si los europeos aprueban el acuerdo- Uruguay puede aprovechar a aprobarlo individualmente (se puede) y que el resto del Mercosur lo haga cuando lo considere adecuado.

Es una opción pragmática que -en todo caso- muestra que Uruguay debería empezar a pensar con mayor énfasis su propia agenda de inserción internacional. Lo ha hecho, pero siempre con el Mercosur como punto de partida, que se ha convertido muchas veces -en los hechos- en un punto de llegada, es decir, de no avance.

Clarificar la política comercial y priorizarla es clave porque condiciona la capacidad de generar empleo de calidad y -por ende- de bienestar. A no engañarse: Uruguay tuvo un gran crecimiento entre 2007 y 2014 porque las exportaciones se expandieron a niveles máximos históricos; no fue el único factor, pero seguramente de los más importantes. A la demanda de China se agregó la expansión de nuestros vecinos. Pero eso no duró: hoy Argentina está en crisis y Brasil busca salir del estancamiento. Mientras, China entró en guerra comercial con Estados Unidos y su crecimiento se modera.

Fronteras adentro, Uruguay tiene que hacer un ajuste de sus cuentas estatales -sea cual sea el gobierno-, por lo que el mercado interno -con suerte- mantendrá su nivel de consumo; no avanzará. Por eso las exportaciones son claves y para eso se necesita dinamizar la inserción internacional (que, además, mejoraría la captación de inversiones).

Lo preocupante es que las cuestiones comerciales han estado casi sin mencionarse en la campaña electoral, lo que habla de las dificultades que tenemos en el país para encarar en profundidad los temas del comercio. Ciertamente, no somos Argentina, donde un retorno del proteccionismo y la sustitución de importaciones, está a la vuelta de la esquina; y tampoco somos Chile, que -más allá de los fuertes conflictos actuales- tiene incorporada hace décadas la política de apertura económica, y la practica firmando múltiples acuerdos. Los problemas sociales son grandes, pero -creo- tienen claro que no se resuelven afectando el comercio, sino desde las políticas públicas sociales, cuyo financiamiento -claro está- llega en buena medida por la actividad económica que el comercio externo estimula.

Uruguay es una economía abierta, pero podría serlo más. Y la política comercial no es clara. Condicionados en los últimos años por afinidades ideológicas que sustituyeron una estrategia comercial de largo plazo, hemos tenido la suerte de tener el impulso de la demanda China, hoy principal socio comercial y destino de más de casi 50% de nuestras exportaciones. A China -que está bien lejos- accedemos pagando aranceles importantes, que no pagan nuestros principales competidores. Lo mismo con Estados Unidos y la Unión Europea. Hemos demorado la mejora en el acceso a mercados y ahora -con cambios políticos en ciernes y un escenario global más adverso- todo será más complicado.

Fronteras afuera, la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha casi paralizado negociaciones comerciales entre bloques o países. El comercio mundial está en retroceso y eso -para un país como Uruguay- no es bueno. Pero además tenemos nuestros líos internos: el Frente Amplio ha gobernado con el freno de mano puesto en materia comercial, con algunos de sus sectores y el PIT-CNT (con fuerte influencia política) trancando prácticamente todo tipo de avance en materia de negociaciones, sea con China, Chile o cualquier otro país. El Mercosur condicionaba, pero si hubiera habido vocación política, se podrían haber configurado excepciones para avanzar. Pero cuando no hay vocación política para comerciar más, no hay nada para negociar.

Si el Frente Amplio deja el gobierno y éste pasa a una eventual coalición opositora, podría esperarse una predisposición mayor a comerciar; el concepto de “regionalismo abierto” aparece en los programas del Partido Nacional y Cabildo Abierto; en el del Partido Colorado no está explícitamente, pero hay varias coincidencias. En lo previo, pensaba que el énfasis de Cabildo iba a ser más nacionalista y que podría emerger algún sesgo proteccionista, pero -al menos en el programa- eso no se lee. El tema es que los asuntos comerciales nunca son urgentes y -siendo importantes- quedan en segundo plano en la discusión política.

Para los agronegocios el escenario es desafiante. Siguen liderando las exportaciones y la fiebre porcina en China ha puesto al sector cárnico en el mejor de los mundos. Pero -una vez más- nos movemos al ritmo de lo que pasa afuera. No es poca virtud poder captar estos empujes de demanda, pero se precisa algo más: una estrategia que asocie comercio y desarrollo. Si se lograra el acuerdo con la Unión Europea y con otros grandes destinos (China, EE.UU.), la gama de productos exportados aumentaría y -con ello- las posibilidades de empleo y mejora de los salarios.

Este año las exportaciones vienen mejorando, por lo referido a la carne, la recuperación de la soja y la celulosa (cuyo precio ahora ha corregido a la baja). Además, el tipo de cambio ayuda; pero la mejora cambiaria es modesta y solo se ve fuera de la región, justo con destinos donde no tenemos buen acceso y pagamos aranceles. Con la región tenemos el Mercosur… pero estamos quedando fuera de precio.

Por eso se precisan acuerdos comerciales más firmes, amplios y profundos, con las principales economías del mundo, que den garantías de largo plazo a las empresas locales para invertir y crecer. Y con ellas los trabajadores y el país.