Ha sido una semana intensa en cuestiones vinculadas a la economía, en especial por la discusión sobre el sistema de Seguridad Social, que condiciona mucho el Presupuesto del Estado y su situación fiscal. Hay que recordar que en el pilar de reparto que gestiona el BPS (el principal componente del sistema), los aportes (patronales y obreros) cubren solo el 60% del gasto jubilatorio; el resto se financia con impuestos afectados por ley al sistema (7 puntos de los 22 de IVA van al BPS, así como todo el IASS, de todas las cajas). De manera que cuanto mayor sea el déficit, menos recursos habrá para otras cosas.
De manera que si se suman propuestas que impliquen más gastos, el déficit tenderá a ser mayor, lo que no son buenas noticias en un contexto en el que el rojo de las cuentas del Estado ya es muy alto (4,7% del PIB) y en el que la economía crece poco o nada.
Es en este incómodo contexto económico que llega el impacto negativo desde el exterior, con el precio del petróleo cerca de 110 US$/barril brent, casi el doble de lo que valía antes de la guerra. Hay que ver cómo soporta la economía el impacto. En términos de inflación, por suerte está en mínimos históricos, por lo que hay cierto margen. En términos de actividad el asunto es más complicado.
La suba del petróleo hace subir los combustibles y los fletes; además, el conflicto hace subir drásticamente los fertilizantes, dado que en el Golfo Pérsico se produce buena parte de la urea que se exporta en el mundo. Con este panorama, llamaba la atención que los precios de los granos no reaccionaran. Finalmente lo hicieron esta semana, por lo que habrá que actualizar los números y ver oportunidades en el sector agrícola.
Combustibles.
Cómo era esperado, el gobierno definió un nuevo aumento en los combustibles a partir de mayo, con una suba del 7% en las naftas y del 14% en el gasoil. El conflicto en Medio Oriente llega definitivamente a los surtidores en Uruguay, con el segundo aumento en un mes.
Aquí cabe considerar dos planos de análisis. Por un lado, era inevitable un nuevo aumento en el precio de los combustibles, dado el encarecimiento del petróleo y sus derivados. Con el aumento de esta semana el gasoil -combustible clave para la producción y el transporte- pasó de 1,25 a 1,43 US$/l (tomando un dólar a 40,50 pesos). Pese al aumento Uruguay mantiene un cierto equilibrio con las referencias de precio regionales: los combustibles también subieron en Argentina, después de un periodo de congelamiento, y también están subiendo en Brasil, por las mismas obvias razones. Así, el gasoil mantiene precios similares en Uruguay respecto a sus vecinos.
Esto no quita que -en un análisis más estructural- Uruguay siga padeciendo combustibles caros y eso se visualiza particularmente en el caso de la nafta, que aunque en este último ajuste subió menos que el gasoil, se vuelve a acercar a los 2,20 US$/l, precio que pone a Uruguay encabezando la tabla con el precio de la nafta más caro de la región y entre los más altos del mundo. En Argentina, la nafta tiene un precio similar al del gasoil, no mucho mayor a un dólar y medio, aún con el último aumento en el país vecino.
En Uruguay, la carga de impuestos sobre la nafta es bastante mayor que en el gasoil, aunque éste último carga con el aporte al fideicomiso para subsidiar el transporte colectivo. La nafta incluye IMESI y un impuesto al CO2 que suman casi 40% del precio final; el gasoil tiene IVA (aplicado sobre precio mayorista) y el mencionado aporte al fideicomiso (3 $/l), lo que da una carga impositiva en torno a 20%.
De cada barril de petróleo se produce una cantidad similar de nafta y gasoil, además de otros productos. Hace unos años, para racionalizar la política de combustibles en Uruguay se apuntó a equiparar los precios de nafta y gasoil, pero la idea duró poco: dado que el gasoil tiene un consumo mayor en el transporte (camiones, etc.) y sumando además los problemas sistémicos de competitividad que tiene este país, los gobiernos (de todo signo) comenzaron a diferenciar nuevamente los aumentos del gasoil (menores) respecto a los de las naftas (mayores).
Esto se ve claramente en la evolución de los últimos años que se observa en la gráfica adjunta. Primero se ve el período en el que el petróleo bajó pero los combustibles no se enteraron (2014-2018), porque había que recomponer las cuentas de ANCAP luego del descalabro de la administración anterior. Luego sube el petróleo y la nafta lo acompaña, pero no así el gasoil, para moderar el impacto de costos en el sector productivo. Con la pandemia y el “rebote” posterior del crudo, acentuado por la guerra entre Rusia y Ucrania, suben tanto nafta como gasoil; cuando el petróleo revierte la suba y vuelve a bajar, baja el gasoil, pero no la nafta (2022-2025).
En esos años comenzó a implementarse el sistema de fijación de precios que definió la LUC, que apuntó a ajustar según las paridades de importación, las cuales marcaban un mayor precio para las naftas que para el gasoil. En cualquier caso, parece claro que el encarecimiento de los hidrocarburos en Uruguay se concreta en buena medida por el lado de la nafta, dado que en gasoil estamos bastante parejos con la región. Esta cierta “disonancia” entre el análisis por costo (desde la refinería) respecto a la fijación por paridad de importación, quedaría bastante más despejada si se derogara el monopolio de ANCAP y se permitiera a su refinería competir libremente.
Con este panorama, no es extraño que las ventas de automóviles eléctricos se aceleren, más todavía considerando que estos vehículos tienen exoneraciones de impuestos en la compra 0 km. Según datos de SEG Ingeniería, un vehículo eléctrico tiene un costo/km entre 3 y 6 veces menor.
Con la guerra y este nuevo “shock” petrolero, suben tanto nafta como gasoil, pero la distancia entre los precios se mantiene. Lo que cabe agregar -y es lo más preocupante- es que a pesar de las subas ANCAP está incurriendo en costos que no se cubren con los precios. Ya en el aumento de abril (7% para todos los combustibles) se asumió un costo fiscal de US$ 30 millones; con el nuevo aumento, el gobierno no informó cuánto del costo se asume a pérdida por ANCAP, pero seguramente seguirá siendo millonario. En la gráfica adjunta se muestran las compras de petróleo del ente en los últimos meses, con un precio que subió casi 40% respecto a las compras pre-guerra. El gobierno argumenta que “amortigua” el impacto del aumento del crudo en los precios, para considerar a consumidores y productores. Pero -al igual que en la Seguridad Social y en otros casos- todo termina en mayor déficit.
Aún con estas preocupaciones por el lado fiscal y en los costos, decíamos que esta semana hubo avances interesantes en el precio de los granos, lo que abre oportunidades para la agricultura, que está entrando en un ciclo de cultivos de invierno clave para compensar las pérdidas que generó la sequía y seguir adelante.
Es cierto que los combustibles son más caros y también los fertilizantes, pero las mejoras en los precios de la colza, trigo, cebada y soja, si bien moderadas, permiten abrir un escenario agrícola más auspicioso. A su vez, ya está vigente el acuerdo con la UE, con impacto positivo inmediato en el sector cárnico y otros. Así las cosas, a pesar de los obstáculos que llegan del exterior y también a nivel local, los agronegocios buscan seguir adelante. Son claves para una economía que necesita mejorar sus niveles de actividad