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Ir paso a paso

El gobierno anunció el inicio formal de negociaciones con China con el objetivo de firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC), que sería ventajoso para el Uruguay. Pero aún debe sortear los reparos del Mercosur.

Es difícil exagerar la importancia de China en la economía mundial y en el caso específico de Uruguay. El gigante asiático es el principal destino de las exportaciones de bienes de nuestro país y con un saldo comercial favorable creciente (gráficas). El aumento de las exportaciones a China ha sido un factor central para la dinámica de los agronegocios. Al establecer una exitosa política de crecimiento por varias décadas -que elevó el nivel de vida de millones de personas año a año- el consumo de alimentos y otros productos aumentó permanentemente y Uruguay, entre otros proveedores, cubrieron el aumento de dicha demanda, en una de las historias de progreso económico más significativas de la historia.

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Aún con este escenario ya de por sí positivo, el gobierno -como lo hicieran anteriores- se propuso avanzar negociaciones con China con el objetivo de firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC). El Estudio de Factibilidad culminó y sus conclusiones fueron positivas, dijo el Presidente Lacalle Pou. Ahora se abren formalmente las negociaciones.

Una preocupación válida es plantear si un TLC con China no llevaría a profundizar aún más la predominancia del gigante asiático como destino de nuestras exportaciones, pero la preocupación puede no estar bien fundamentada. Es cierto que China es el principal mercado y casi dominante (en particular en el caso de la carne). Pero la dinámica de la demanda china puede tener fluctuaciones, en particular en el actual contexto global, que muestra tantas tensiones.

Sin ir más lejos, los últimos datos de la economía china muestran un crecimiento más moderado: en el trimestre abril-junio el PBI cayó 2,6% respecto al trimestre anterior, y se ubicó apenas 0,4% por encima del nivel de abril-junio 2021. Se espera que haya una mejora en el segundo semestre. Los problemas financieros del sector inmobiliario y la estrategia de Covid 0 para combatir la pandemia han implicado un costo económico significativo. Por esto, ante un eventual “afloje” de esa demanda, muy bueno sería ganar ventajas arancelarias, en especial considerando las que ya tienen nuestros competidores.

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Además, cuando los precios llegan a récord históricos, el efecto de los aranceles tiende a diluirse. Un 12% de arancel actual cuando la carne vale 5.000 US$/ton es importante pero no determinante. Pero cuando la situación se normaliza, bajan las aguas y se ven las “rocas del lecho”, las tasas arancelarias para ingresar a los mercados pueden incidir en la propia concreción de los negocios, en especial para un país como Uruguay que tiene costos relativamente altos. En 2021 el sector cárnico pagó a China más de US$ 200 millones de dólares en aranceles.

Por otra parte, analizar el comercio y los potenciales efectos de un acuerdo en base a los datos actuales o pasados, puede ser equívoco. El comercio es consecuencia de la competitividad de los países y su diferente nivel de inserción, que es cambiante y se mueve en términos relativos. Se exporta a los mercados que pagan más y/u ofrecen las mejores condiciones comerciales y de estabilidad; y se importa de los proveedores más fiables y que ofrezcan mejor relación calidad-precio. En muchos casos, son los mismos países los primeros y los segundos. Por esto, abrir mercados para exportar siempre es positivo, aunque hay que prepararse.

Con China tenemos un saldo comercial en bienes claramente superavitario por el gran empuje de los agronegocios exportadores. Los datos de la gráfica adjunta muestran una exportación dinámica pero que podría ser más diversificada. Para esto, hay oportunidades dentro de los propios agronegocios, en los mismos rubros y en otros, como frutas y alimentos preparados. A su vez, las importaciones desde China están más balanceadas, casi en tercios entre bienes de capital (que entran con arancel muy bajo), bienes intermedios (con aranceles variados) y bienes de consumo (con arancel promedio de 20%, según datos de la Cámara de Industria). Un TLC bajaría esos aranceles y puede tener impacto en la producción local y regional; nuestros vecinos no tienen buena mirada sobre la iniciativa uruguaya, no solo por el mercado uruguayo en sí mismo (que es pequeño pero no desdeñable) sino porque contraviene el Mercosur. Habrá que ver cómo resuelve el gobierno este asunto en la próxima cumbre del bloque, que será esta semana.

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Más que un país

China es un fenómeno global que ha sido el principal motor del crecimiento mundial en los últimos años. Tiene acuerdos de libre comercio con muchos países, incluyendo Latinoamérica, caso de Chile, Perú y Costa Rica. Es el centro de varias cadenas logísticas globales y no en vano -con las dificultades que tuvo con su política de Covid 0- generó los problemas conocidos en el comercio global. De tal forma que muchos países comienzan a cuestionar la excesiva chino-dependencia.

Para Uruguay también es un riesgo, pero es un mercado tan central que avanzar en un mejor acceso luce esencial. Hay que recordar que las cadenas exportadoras suelen pagar salarios que están por encima del promedio nacional. Además, un TLC -tal vez es su impacto más profundo- abre oportunidades para otros negocios, acuerdos, cooperación, a veces de rubros o iniciativas que no se prevén. Complementaciones que pueden surgir por el propio cambio de condiciones. Las relaciones comerciales -obviamente- se sostienen si son recíprocas y hay una complementación real o potencial, como es el caso de China con Uruguay. Claro que -para China- el acuerdo comercial con Uruguay sería esencialmente político, una forma de avanzar en una región donde los grandes mercados están en nuestros países vecinos.

Avances

El avance en las negociaciones con China es parte de una política que ya han impulsado gobiernos anteriores en Uruguay, y si comienza a sumar señales concretas es posible que despierte la atención de otros socios comerciales como la UE y EEUU, que deberían motivarse a ampliar comercio también, aunque este efecto seguramente sería mayor si el Mercosur actuara en conjunto.

Al respecto, una de las posibilidades que tendría Uruguay para conciliar su pertenencia a Mercosur con un acuerdo con China es plantear una negociación desde el bloque (al menos nominalmente) y abrir la opción de que los socios avancen a distintas velocidades, aunque esto también exige el visto bueno de los vecinos y un coordinación que hoy está lejos de plantearse. Uruguay no la tiene fácil.

Si el acuerdo avanza, otro aspecto esencial es la logística. El puerto tiene que aumentar más su productividad, bajar costos y ampliar capacidades. Un contenedor demora entre 45 y 60 días en llegar a China y eso acota los márgenes de maniobra, en especial en alimentos. Todo esto fluiría mejor también si en la región imperara mayor cooperación.

Los asuntos comerciales y especialmente los eventuales Acuerdos de Libre Comercio suelen sobreestimarse en el corto plazo y subestimarse en el largo. La negociación con China aún no arrancó y demorará en concretarse un acuerdo. Pero si se hace realidad, seguramente será un cambio muy profundo, como lo fue el propio ingreso al Mercosur.

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