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Gulliver

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CAMILA_ALDABALDE

Lemuel Gulliver, el personaje de Swift, llegó a la orilla del mar extenuado tras el naufragio de su embarcación “El Antílope” en una isla llamada Liliput. Cuando volvió en sí no se podía mover. Tenía cada parte de su cuerpo atada por pequeñas cuerdas, que minuciosamente habían tramado los isleños para inmovilizarlo. Los liliputienses medían 15 cm de estatura, pero su paciente entramado había dado el resultado deseado en el gigante.

La socialdemocracia con su traje más populista, hizo en Argentina el mismo pormenorizado trabajo que los liliputienses llevaran a cabo y de la misma forma, sus pequeñas cuerdas le impiden hoy ponerse de pie.

El destino quiso que dentro de esa cuadriplejía surgiera un nativo con tal vigor y convicción, que se convirtió en presidente y sin abdicación alguna decidió cortar cada una de las cuerdas que sujetan a Gulliver. Como veremos en breve, Argentina también mostrará que es 12 veces más grande que los gobernantes que la maniatan desde hace 80 años.

No es el punto de esta columna, destacar el milagro argentino basado en los ciudadanos cumpliendo sus sueños, sin pedirle permiso al estado, eso sería una obviedad. Propongo al lector reflexionar sobre la sombra que el gigante proyectará en América Latina en general y en nuestro país en particular.

Uruguay supera a la Argentina en la calidad de sus instituciones y la honradez de sus políticos, pero solamente en eso. Nuestra socialdemocracia - un programa de viaje al socialismo en cómodas cuotas - ha depositado una capa tras otra de regulaciones, permisos y trámites por parte de cada partido que ha gobernado con independencia de su color. Si alguien se tomara el trabajo de listarlos como lo hizo Sturzenegger en Argentina, quedaríamos estupefactos.

La sola posibilidad de suceso del programa de MIlei, atemoriza a nuestros políticos porque estaría dejando en evidencia que, en Uruguay, el estatismo batllista es compartido desde la extrema izquierda a la extrema derecha, y que las opciones electorales sólo nos dan a elegir entre una buena o mala gestión del mismo. Sería una complicación enorme para los programas electorales - que los candidatos presentarán a la población - que alguien a 57 kilómetros de Colonia demuestre que el rey está desnudo. La vigencia de las propuestas electorales está en serio riesgo si en octubre de 2024 Argentina muestra signos evidentes de recuperación.

El liberalismo es una rama filosófica de la economía y como tal no tiene que constituirse en un partido político, pero promoviendo un cambio cultural en los votantes, hará que éstos sean muy críticos de la falta de propuestas liberales en serio: un Estado juez y gendarme que saque ANTEL de su torre para dársela a la justicia, una reducción del número de Ministerios e Intendencias, una privatización masiva de las ineficientes empresas públicas, la venta de colonización para sustentar la eliminación de los asentamientos, la legalización de las drogas y tantas otras propuestas que están expresamente prohibidas en el catecismo uruguayo, pero que pueden llegar a constituirse en motivos para la noche de la nostalgia si Argentina osa volverse primer mundo.

Pero es difícil ser optimista respecto a la generación de una nueva cultura y es más probable que ocurra lo que Joaquín Sabina pronostica en su canción: “pobre de ti Gulliver…el día que todos los enanos de corazón diminuto, unan sus herramientas y su odio, no podrán perdonarte que seas alto”… “Te acusarán de ser el loco en el país de los cuerdos”. Les recomiendo esa canción.

pcarrasco@conexionganadera.com

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