Las exportaciones en el mes de mayo cayeron 3% respecto al mismo mes del año pasado, medidas en dólares, aunque en el acumulado anual muestran una suba de 3%, sumando US$ 5.271 millones.
Hubo un descenso en los dos principales productos: la celulosa por menores precios y la carne por una menor faena, que derivó en menores volúmenes exportados, a pesar de qué los precios están en niveles cercanos a los récord históricos.
En efecto, el precio de exportación de la carne vacuna se acercó a los 6.500 US$/ton eq. carcasa para el promedio de las últimas 4 semanas. Al ser menores los volúmenes, ponderan más los negocios más valiosos, y el precio promedio sube (dinámica habitual en el comercio exterior de los frigoríficos); pero esto no quita que el escenario exportador de las carnes sea muy bueno, con el impulso adicional del nuevo acuerdo Mercosur-UE, con la consabida baja de aranceles.
Aún con este escenario auspicioso, la industria frigorífica está exigida por altos costos y la menor cantidad de cabezas de ganado para faenar complica la cobertura de los costos fijos (que han subido y se sobrellevan si hay escala, más volumen). Por otra parte, la exportación en pie sigue firme (el número de cabezas es similar al del año pasado, en el primer cuatrimestre), lo que mantiene un escenario de tensión en la oferta para la fase de engorde.
En celulosa el ciclo de baja en el precio que se produjo el año pasado parece haber culminado y se está dando cierto avance en los valores, entre otras cosas porque la oferta comenzó a moderarse (las grandes productoras mundiales lograron consumir stocks y han hecho paradas estratégicas para acompasarse a la demanda de mercado). En la comparación interanual el monto de exportaciones aún muestra un descenso, pero el mercado ingresó en un escenario más auspicioso.
Hubo una interesante recuperación en las exportaciones de lácteos con el aumento de las colocaciones a Brasil. Esta semana, además, el sector recibió la buena noticia de que nuestros vecinos archivaron el caso que acusaba de dumping a las exportaciones uruguayas y argentinas de leche en polvo, un caso que nunca tuvo fundamento y que respondía básicamente a presiones internas de algunos productores. Brasil es un mercado clave para los lácteos, por volumen y cercanía;la decisión despeja la cancha en una relación bilateral, que es muy relevante en varios agronegocios.
En las exportaciones agrícolas la colza triplicó el monto exportado en el acumulado anual, luego de la gran cosecha del último año (cuadro). Y dados los precios actuales, la oleaginosa de invierno se encamina a un nuevo aumento del área, que con seguridad marcará un récord. Las ventas de arroz retrocedieron, algo esperable por la caída en los precios.
Mayo fue un mes positivo en ventas de soja, en especial por volúmenes importantes de colocaciones a Egipto. De todas formas, este año será negativo por el impacto de la dura sequía (el rendimiento promedio difícilmente alcance 1.500 kg/ha, lo que haría caer la producción a menos de la mitad de la del año pasado). A esto hay que agregar que en los últimos días hubo una corrección muy fuerte a la baja en el precio internacional de la oleaginosa, lo que seguramente también incidirá en las ventas, aunque ya se ha fijado precio para buena parte de la producción.
Las exportaciones de madera y sus productos suben 13% y ya superan los US$ 200 millones de dólares. Para el segundo semestre se espera que comiencen a operar las nuevas plantas de tableros y otros productos en este rubro, lo que dará seguramente impulso a las ventas al exterior.
Mercados y competitividad
Todo el análisis de las exportaciones se hace a partir de los datos en dólares, pero si se toma en cuenta el valor real de la moneda estadounidense (es decir, su capacidad de cubrir costos locales), el escenario es algo más complejo. Pasadas a pesos y descontando IPC (valor real) las exportaciones caen 8% en el acumulado anual (cuadro). Obviamente, parte importante de los costos de los negocios de exportación están en dólares (no se trata de un cálculo de resultado económico); pero la caída enciende una luz amarilla en términos de competitividad y -en especial- en cuanto a la capacidad de los negocios de exportación de sostener y/o aumentar el empleo asociado.
Los últimos datos de Tipo de Cambio Real a abril (gráfica) muestran una mejora en la competitividad con Brasil y Argentina, pero retrocesos con casi todo el resto de los socios comerciales. En una mirada más larga, la competitividad con EEUU y Europa ha mejorado. Con la UE, esto debería aprovecharse en combinación con el nuevo Acuerdo, aunque habrá que ver cómo se van desarrollando los negocios.
Con EEUU la carne es el rubro principal por mucha distancia, y ha estado preservado de discrecionalidades arancelarias (aunque seguimos con la cuota histórica de 20.000 toneladas, mientras Argentina ha multiplicado la suya).
Esta semana, la Oficina del Representante Comercial de EEUU (USTR, su sigla en inglés) anunció que EEUU se apresta a aplicar aranceles a varios países que -a juicio del gobierno de Trump- no han hecho lo suficiente para evitar las compras de bienes con sospecha de ser producidos con trabajo forzado.
El concepto puede sorprender pero es el que la administración Trump ha planteado para contrarrestar las exportaciones asiáticas (especialmente de China); que puede haber problemas de este tipo en algunos lugares no se descarta, pero de allí a la generalización que se plantea, hay un salto sideral.
En realidad, el planteo llega luego de que la Suprema Corte estadounidense decretara que los aranceles que anunció Trump el año pasado en el “Liberation Day” (con un mínimo de 10%) eran ilegales. Ahora propone este argumento laboral, con la amenaza de un arancel mínimo de 12,5%.
Entre los países que estarían alcanzados está Uruguay, aunque queda excluida la carne. De todas formas, desde el gobierno uruguayo ya se está trabajando para responder al planteo estadounidense. Se apunta a dar una respuesta formal este mes y -además- se estudia políticamente si corresponde incluir alguna medida, en línea con el reclamo de EEUU, en el Proyecto de Ley de Competitividad que irá próximamente al Parlamento.
El comercio global está en permanente cambio y con las nuevas oportunidades llegan nuevos desafíos. En todos los escenarios, mejorar la competitividad propia, sistémica, será siempre una ayuda; para aprovechar nuevos acuerdos y mercados, o para sobrellevar nuevas barreras o dificultades.