La zafra de girasol 2025/26 cerró con números por debajo de las expectativas iniciales, pero con una conclusión que productores y técnicos no dudan en subrayar: en un año de sequía, el girasol fue el cultivo que rindió. Mientras la soja en chacras vecinas no llegó a cosecharse en muchos lotes, el girasol promedió 1.455 kilos por hectárea de chacra, con picos cercanos a los 2.000 kilos y hasta un poco más, y marcó una media de 55,5% para la materia grasa, un valor excepcionalmente alto que se tradujo en una bonificación del 24% sobre el precio, con hasta 100 dólares adicionales por hectárea.
“El negocio no terminó siendo lo que esperábamos, porque esperábamos 2.000 kilos y fueron 1.800, lo que en nuestro caso marca una rentabilidad de 90 dólares por hectárea”, sintetizó Klaus Hartwich, productor de Young que además fue el anfitrión de la Inauguración de la Cosecha de Cultivos de Verano, edición Girasol, organizada por Copagran. “La soja al lado cerró en 2.000 kilos y 200 dólares abajo”, comentó.
Para él, el valor del cultivo va más allá del resultado económico de una campaña: “En un año seco, el girasol aportó. Tenemos los rastrojos libres temprano, permite una gran diversificación de maquinaria, de personal, de transporte y tenemos los campos disponibles para pasturas tempranas o avenas. Como siempre decimos, la diversificación defiende los intereses de los productores.”
Desde la gerencia comercial de Copagran, Alejandro Nopitsch ofrece el contexto técnico de lo ocurrido. El año seco impactó de manera específica en el proceso de formación del grano: la planta se preparó muy bien para generar rendimiento (de ahí el alto contenido graso) pero la falta de disponibilidad hídrica en el período de llenado impidió que los granos alcanzaran su peso normal. “El efecto de concentración en el grano hizo que no se hincharan bien, que no formaran peso”, explicó Nopitsch. Eso también generó dificultades durante la cosecha, ya que los granos pequeños presentan mayor pérdida en las máquinas cosechadoras.
La comparación con la alternativa disponible deja al girasol en una posición claramente favorable. “Un cultivo que rindió 1.600 o 1.800 kilos: para tener la misma rentabilidad con soja necesitás arriba de 2.000 kilos, pero la soja al lado no dio cosecha”, remarcó el gerente. La bonificación por materia grasa juega un papel central en esa ecuación. Con 55,5% de materia grasa promedio esta campaña, la bonificación alcanzó el 24% sobre el precio base, lo que representa entre 80 y 100 dólares por hectárea adicionales, una diferencia determinante en años de márgenes ajustados, como claramente ha sido la última zafra.
La campaña confirmó además una tendencia que Copagran viene impulsando con fuerza: la expansión sostenida del área sembrada. Si el año anterior la cooperativa había trabajado con 7.000 hectáreas, esta zafra alcanzó las 13.000. Con una superficie nacional estimada en 25.000 hectáreas, Copagran concentra aproximadamente el 50% del girasol que se produce en Uruguay, una posición de liderazgo que le da a la cooperativa un peso importante tanto en la comercialización como en el desarrollo técnico del cultivo en la región.
Desafíos. Uno de los aspectos donde más se ha avanzado es el manejo agronómico. Las fechas de siembra se han ido adelantando y la siembra de octubre se consolidó como la referencia para el girasol de primera. Los productores llegan cada vez mejor preparados, con mayor conocimiento del híbrido, la fertilización y las fechas óptimas. Eso se refleja en rendimientos que, año a año, mejoran respecto a los promedios históricos. “El manejo va mejorando mucho. Los productores se preparan cada vez más y mejoran los rindes”, destacó Nopitsch.
Las ventajas del girasol en la rotación van más allá de lo económico. Una de las más valoradas es la posibilidad de liberar el rastrojo antes que la soja, lo que permite instalar un cultivo de invierno en fecha óptima. En un año normal, el campo queda disponible un mes antes, y ese tiempo es crítico cuando la ventana de siembra es estrecha y los días contados. El cultivo puede plantarse desde la primera quincena de setiembre y cosecharse a fines de febrero o comienzos de marzo, lo que permite aprovechar mejor la maquinaria que también se usa para soja y maíz. El costo de implantación, de entre 500 y 600 dólares por hectárea, es competitivo, y el cobro ocurre 30 días después de la cosecha, lo que permite escalonar el flujo financiero de la empresa y, en algunos casos, cobrar el girasol antes de la siembra invernal.
Entre los desafíos, el problema de las aves sigue siendo el principal obstáculo para la adopción del cultivo en ciertas zonas. En la región donde opera Copagran, sin embargo, los daños son manejables y no representan pérdidas significativas para la mayoría de los productores. “Se ven aves, pero no hacen tanto daño”, apuntó Hartwich. La enfermedad phomopsis tampoco representó una dificultad esta campaña: se monitoreó de manera permanente pero no se registraron casos relevantes, gracias en parte a los híbridos actuales que ofrecen mejor tolerancia a la enfermedad. Es preciso recordar que tanto la phomopsis como los pájaros fueron dos de los principales factores que llevaron a la casi desaparición del girasol de las chacras uruguayas hace unos años, para ir regresando ahora con diferentes opciones.
Con estas bases, el horizonte del girasol en la región luce favorable. Los productores que ya están en el cultivo piensan en crecer, y la industria parece dispuesta a acompañar esa expansión. “Creería que si la industria está firme, como creemos que va a estar, hay que seguir apostando. Yo voy a crecer un poquito más todavía”, anticipó Hartwich. Una frase que resume bien el estado de ánimo con el que cerró una zafra que, sin ser la mejor en volumen, demostró que el girasol sabe rendir cuando el año viene seco.
Demanda y firmeza en el mercado internacional
El aceite de girasol atraviesa un momento de precios elevados a nivel mundial, sostenidos principalmente por el conflicto en el Mar Negro, que sigue interrumpiendo el suministro desde los dos mayores productores del planeta: Ucrania y Rusia.
Esa restricción de oferta mantiene al aceite de girasol con una prima importante sobre sus competidores directos, aunque la demanda empieza a dar señales de resistencia, especialmente desde India, el mayor consumidor mundial. El factor que podría inclinar la balanza hacia una corrección de valores es la abundante cosecha sudamericana. En Uruguay comienza a analizarse la chance de volver a construir un flujo exportador para este cultivo.
Beneficios en las rotaciones y en diversificación de riesgos
Además del propio negocio que representa en sí mismo el girasol, trae otros beneficios agronómicos enganchados en las distintas rotaciones de nuestro país.
En primer lugar, las ventanas de siembra y cosecha. Es un cultivo que se puede implantar antes que una soja y cosechar antes, lo cual permite escalonar los momentos de trabajo y esto es especialmente importante por dos factores: el uso de la maquinaria y las horas de trabajo del personal. En primavera, los productores entran antes a las chacras de girasol que a las de soja y lo mismo en épocas de cosecha, lo cual permite que con un mismo equipo de trabajo, se puedan realizar los dos cultivos.
Además, el cultivo libera un rastrojo temprano, favorable para la siembra de una pastura o un cultivo de invierno en fecha óptima. Esto también es interesante en el esquema de los productores ya que, si tiene otras chacras con soja o maíz que luego van a cebada o trigo, el girasol podría ser eventualmente el antecesor de la colza o de algún otro cultivo de invierno temprano. También podría instalarse en la previa de las pasturas e interaccionar así con la ganadería en el sistema.
Otro de los beneficios es económico e impacta directamente en el flujo de caja. El cultivo suele cosecharse 30 días después de la cosecha, lo que permitiría cobrarlo antes de la siembra de cultivos de invierno y esto ayudaría a un mejor manejo financiero de las empresas, especialmente si hay que hacer frente al pago de insumos, semillas y demás.
Al final, el girasol tiene premios por materia grasa, lo que permite que más allá de los rendimientos, en caso de tener buena cantidad de aceite los productores sean premiados. Esto, en las últimas campañas, fue de 2 puntos porcentuales por cada punto porcentual mientras esté encima de 42% de materia grasa, algo que en general los productores han venido logrando desde hace unos años a esta parte. El 55,5% de esta zafra lo confirma.
El girasol es un cultivo histórico en nuestro país, que lideró las rotaciones agrícolas durante muchos años en el pasado. Luego de bajar su superficie a cero por amenazas como los pájaros o la phomopsis, comienza a regresar con fuerza con nuevos híbridos, un plan interesante y un mejor desempeño en años de menor cantidad de precipitaciones.