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Ganar entusiasma, pero los desafíos crecen...

“En el fútbol, es más difícil ganar cuando ya ganaste. Es más complicado salir campeón después de haber salido campeón. El 2021 marcó un gran año para la agricultura y la forestación. Ahora, ¿qué pasará en 2022? ¿Los desafíos son más grandes?

Hernan Zorrilla
Hernan Zorrilla

En los primeros meses del año recibimos la gran noticia de que las vacunas llegaban a Uruguay, y gracias a una gestión digna de destaque de todos los actores involucrados, nuestro país alcanzó altos niveles de vacunación rápidamente. Con gran responsabilidad y sobre todo agradecimiento a la oportunidad de seguir trabajando, la gente de campo siguió con sus labores, reivindicando el valor esencial de los sectores productores de alimentos.

El fortalecimiento de precios, como consecuencia en buena medida de los impactos de la pandemia, alcanzó casi todos los rubros de la agropecuaria nacional. Los valores de la carne estuvieron muy altos, los lácteos que venían golpeados tuvieron una gran recuperación, algo similar sucedió con algunas lanas y otros subsectores de la cadena agroindustrial mostraron un repunte. En un escenario de gran inestabilidad a nivel mundial, el trabajo serio y responsable de Uruguay, cumpliendo con los protocolos y entregando sus mercaderías en tiempo y forma pasó a valorarse el doble.

En lo que tiene que ver con la agricultura y forestación, hay que reconocer que hubo muchas más ganadas que perdidas. Los agricultores encontraron en primer lugar una administración que le prestó una especial atención al sector. En algún momento incluso, fue mencionado por distintos protagonistas como el sector malla oro que iba a empujar a la economía nacional para levantarse luego del fuerte golpe de la pandemia. En oportunidad de la inauguración oficial de la cosecha de trigo en noviembre, el presidente Lacalle Pou dijo que “si al agro le va bien, al país le va bien”.

Cultivos de verano. La seca del verano pasado dio un golpe fuerte a los cultivos de secano en nuestro país. La soja quizás fue el más afectado, siendo el principal cultivo en superficie de nuestro país. Según datos estadísticos de DIEA, se cosecharon en promedio 1881 kilos por hectárea, habiendo lugares en los que llovió más y se tuvieron mejores números, pero también otros en los que los rendimientos casi no ameritaron la trilla. Por este motivo, ese pico de precios que tuvimos en la soja por encima de US$ 500 no pudo ser aprovechado por el productor: no se puede vender una producción que no se cosecha. De todas formas, la soja va a volver a crecer este año, ubicándose bastante por encima del millón de hectáreas. El cultivo rey del país quiere revancha a pesar de las predicciones climáticas, buscando captar ya sea con seguros y coberturas de precios como con ventas cerca de la cosecha este escenario internacional que parece fijar buenos precios, al menos en el mediano plazo.

Para el maíz, se obtuvieron 5.396 kilos por hectárea como rendimiento promedio nacional. Esto marca que con sus buenos valores, quizás tuvo un golpe menor que la soja, aunque en muchos casos igualmente hubo chacras que no se llegaron a trillar. Hay una gran expectativa para esta campaña por un avance genético importante en los materiales, que pueden permitir sembrar este cultivo en zonas que no son las de campos con mayores requerimientos.

En el arroz, la situación fue bien distinta. Luego de varios años con los números en rojo, la producción nacional promedio superó los 9.400 kilos por hectárea. Muchos productores ya están rayando hace años por encima de las 10 toneladas en sus chacras. No es un dato menor porque se trata de producciones de punta a nivel mundial, cuando además debemos sumar la calidad, inocuidad y diferenciación del arroz uruguayo. Pero lo más importante: los impactos de la pandemia generaron una mayor demanda en el mundo, y Uruguay pudo cumplir con sus compromisos y vender a buenos valores. Es así que se cerró a US$ 12,30 el precio provisorio al 30 de junio de 2021. Esta situación acomodó en gran medida los números de productores que venían en la “bicicleta” de refinanciar sus deudas, y acompañó un crecimiento de más de 20.000 hectáreas a nivel país para esta siembra. Esto es una gran noticia para las zonas más relegadas del país por el dinamismo que genera. Si bien agrícolamente hasta ahora se viene muy bien, las baterías están puestas en destrabar las complicaciones logísticas y poder vender el arroz que resta de la zafra pasada a buenos valores en el corto plazo, para poder consolidar un buen precio definitivo hacia febrero de 2022.

Cultivos de invierno. En los cultivos de invierno la canola se roba todas las miradas. De 2019 a 2021, este cultivo creció de 55.000 hectáreas a cerca de 170.000. Además, tocó picos de 750 dólares por tonelada y por si fuera poco, aumentó el promedio de rendimiento a nivel país de 1600 kilos por hectárea en 2020 a unos 1800 esta zafra, con mucho potencial por crecer aún. “La soja de invierno” parece no tener techo, y se espera una gran siembra nuevamente en 2022. Con estos precios, los beneficios en las rotaciones y la estabilidad que da el cultivo de invierno de no depender de años secos en la medida en que sí dependen los de verano, ha hecho que muchos productores se planteen con seriedad usarlos como cabeza de rotación.

Este año se realizó la primera inauguración oficial de la cosecha de trigo, el cultivo con destino a grano seco más antiguo del país. La zafra pasada, se cosecharon casi 4200 kilos de trigo por hectárea, lógicamente con agricultores de punta muy por encima de esto. Además, los valores de este cultivo han acompañado en gran forma. En 2021, a pesar del crecimiento en superficie de otros cultivos como el maíz, la cebada o la canola, el trigo continúa en segundo lugar en cuanto a área, tocando las 250.000 hectáreas. Para esta campaña se esperan rendimientos promedio algo inferiores que los del año pasado, y si bien no están cerrados los números oficiales, se pueden tocar los 3.800 kilos por hectárea, lo cual indudablemente marca una excelente cosecha.

La cebada tuvo un cambio importante en el último tiempo. La habilitación de exportación de cebada forrajera a China quitó la dependencia extrema de las malterías. Si bien estas últimas pagan mejores valores, aquellos productores que tienen producciones rechazadas cuentan con un plan B interesante. En rendimientos, pasa lo mismo que con el trigo. En la campaña pasada se registraron casi 4.700 kilos por hectárea, lo cual es un récord histórico. En esta no sucedió lo mismo, pero se pueden esperar unas 4 toneladas de producción, lo cual nuevamente marca números favorables y que entusiasman al productor.

Desafíos. Con este panorama, se cuentan más ganadas que perdidas: hay voluntad política de darle mejores condiciones al sector, los agricultores (fundamentalmente en cultivos de invierno y en arroz) sacaron producciones récord y los precios para todos los granos no pararon de subir. El escenario, así como sucede con todo el sector agropecuario, es prometedor.

Ahora, cuando uno gana, tiene que prepararse para volver a ganar. Y eso es lo más difícil, porque hay que reinventarse y salir a hacerlo aún mejor que la vez anterior. Los desafíos hoy pesan el doble: agroinsumos caros (especialmente los fertilizantes), apertura al mundo (llámese tratados de libre comercio) que aún no está concretada y seguros de rendimiento (principalmente por seca) por los que se trabaja pero que aún no funcionan de la forma esperada. A mayores costos, con rendimientos no tan excepcionales, la cuenta se afina mucho más.

Para generalizar, el agricultor uruguayo cierra un 2021 positivo. A la vista está que se registra crecimiento en superficie sembrada de soja, arroz y maíz, al tiempo que el año que viene también se van a presentar crecimientos en canola, cebada y trigo, probablemente en ese orden. Los retos crecieron, y si antes se hicieron bien las cosas ahora hay que hacerlas aún mejor. A los desafíos de inserción internacional, seguros agrícolas y mejoras sectoriales hay que atacarlos, pero el productor se defiende en su chacra sacando muchos kilos. En este sentido Uruguay ha demostrado tener agricultores de punta. Si al sector se le siguen dando condiciones, el país entero crece. Siempre va a ser difícil, pero el ánimo de la tropa está renovado.

Se agrava la sequía y las consecuencias serán profundas en todas las producciones. El litoral ha tenido más suerte, aunque con lluvias muy desparejas. La falta de agua le mueve el piso a las cadenas productivas y lo sentirá toda la economía.
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La economía china promete reactivarse este año, aunque todavía plantea incógnitas. Es un asunto clave para los agronegocios, en especial para el sector cárnico. Mientras, se siguen esperando lluvias más generalizadas. Si no hay más oferta, el efecto de una mayor demanda será acotado
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