Las exportaciones de bienes en abril sumaron US$ 944 millones, 12% por debajo del mismo mes del año pasado. La caída se explica principalmente por menores exportaciones de celulosa y de carne, en ambos casos por caídas principalmente en el volumen.
Lo de la carne sorprende en su magnitud: las exportaciones cayeron casi 35% en volumen (toneladas eq. carcasa), principalmente por menor faena. Era esperable una caída en la actividad frigorífica, pero la baja en abril fue muy abrupta. El sector cárnico atraviesa un escenario de excelentes precios en dólares, a pesar de que en el último promedio mensual el precio medio de exportación bajó unos 150 US$/ton, al entorno de 5.500 US$/ton eq. carcasa. El problema es de oferta: la disponibilidad de ganado pronto bajó, en parte porque se anticipó faena en meses previos ante el buen escenario de precios y en parte porque la exportación en pie de los últimos años ha recortado la disponibilidad de cabezas para terminación local.
Pero además, desde la industria se expresa que la situación también refleja las dificultades para mantener la actividad por los altos costos locales, en especial los costos fijos y salariales. En efecto, los precios en dólares son muy buenos, pero los costos en dólares han subido drásticamente y el margen industrial se achica.
En el caso de la celulosa también se registró una caída interanual del volumen exportado (13%), sumado a cierta baja en los precios de la pulpa. China -principal destino, junto a la UE- ha moderado sus compras, al tiempo que hay altos niveles de inventarios a nivel global y mayor oferta.
En el acumulado del año (enero-abril), las ventas al exterior sumaron US$ 4.122 millones, 4% superiores al igual período de 2025. China, Brasil y la UE fueron los principales destinos, con poca diferencia entre ellos. La diferencia es que, mientras las ventas a China y Brasil caen (9 y 6% respectivamente) las ventas a la UE subieron. Las ventas a China bajan por la referida retracción en la demanda de celulosa, parcialmente compensada por mayores ventas de carne vacuna. En el caso de Brasil, cayeron las ventas de lácteos y malta.
Las exportaciones a Europa, en cambio, subieron 6% interanual en el primer cuatrimestre; las ventas de celulosa a ese destino se mantuvieron y cayó la facturación de exportaciones de carne vacuna, pero aumentaron a más del doble las ventas de colza a la UE. Estos son los principales productos exportados al bloque europeo, pero Uruguay apuesta ahora a aumentar las ventas y la diversidad de productos a ese destino, a partir de la puesta en vigencia del nuevo Acuerdo.
En el agua.
Después de décadas de negociaciones -y frustraciones- a fines del año pasado se concretó el Acuerdo entre el Mercosur y la UE, que ya entró en vigencia a partir de este mes de mayo. Varias empresas están iniciando los negocios para exportar al bloque sin aranceles. Es el caso de empresas del sector pesquero, miel y del sector arrocero.
Los empresarios están enfrentando algunas dificultades burocráticas, en parte esperables dada la complejidad del Acuerdo. Pero hay una dificultad agregada: el Mercosur (mostrando nuevamente su intrínseca debilidad) no ha logrado convenir la distribución interna de las cuotas de productos que -precisamente- quedaron cuotificados en el Acuerdo, como carne vacuna, arroz, lácteos y otros.
Si bien el sector pesquero “picó en punta” con una publicitada venta a Lituania, todo indica que es el arroz el que comenzará con mayor dinámica a aprovechar el acuerdo, junto al sector cárnico. Empresas arroceras han solicitado importantes volúmenes para exportar sin arancel. Se han hecho reuniones online con autoridades del MEF para aclarar los procesos. Hay licencias otorgadas por el MEF, pero los empresarios aún están a la espera de ver cómo los nuevos negocios se asignan al cupo establecido.
En la infografía adjunta se muestra el impacto inmediato del Acuerdo en las exportaciones uruguayas, según el análisis de Uruguay XXI. El arroz es de los rubros sujeto a una cuota que se irá ampliando paulatinamente; son 60.000 toneladas totales, que serán alcanzadas en 6 años (10.000 agregadas cada año; este año serán unas 7.000, dado que el Acuerdo se implementa desde este mes de mayo). De hecho, hay mercadería en tránsito (en el agua); cuando llegue a la UE, se verán las condiciones efectivas de ingreso.
Hacia este lado, ya se están tramitando importaciones sin arancel de vehículos europeos y algunos otros productos. Todo esto en el marco de los rubros y empresas que ya están en el mercado. Pero, obviamente, el Acuerdo va a tener un impacto más profundo y -con seguridad- habrá nuevos productos y empresas europeas que vendan en Uruguay, y -esperamos- nuevos rubros y oportunidades para otras empresas uruguayas. Esto último dependerá de la capacidad competitiva del Uruguay.
Precios relativos.
La competitividad es un concepto sistémico, que involucra productividad, inversión e innovación. Pero -al menos a corto plazo- también depende de los precios relativos, en el sentido de lograr vender un producto o servicio a menor costo.
En este plano, los últimos datos del Tipo de Cambio Real -si bien se mantienen en niveles históricamente bajos- han mostrado cierta recuperación en los últimos meses (gráfica). El propio BCU, en su último Informe de Política Monetaria, señala que el Tipo de Cambio Real está 6-7% debajo de su equilibrio de fundamentos, una diferencia menor a la de meses previos.
Por otra parte, esta semana el Instituto Nacional de Estadística (INE) divulgó los datos del Índice de Precios del Consumo (IPC) correspondientes al mes de abril, con una suba de la inflación anual (3,2%) por el aumento en los combustibles. Pero la inflación sigue casi un punto y medio debajo del objetivo del BCU, por lo que no parece ser un problema, al menos en lo inmediato.
Sin embargo, en el mismo informe mensual del IPC, el INE comenzó a divulgar un subíndice de precios de bienes transables (IPC_T) y otro de bienes y servicios no transables (IPC_NT); un aporte muy valioso, si bien diversas consultoras ya venían siguiendo estos precios diferenciados.
Y las cifras de estos nuevos índices del INE encienden una luz amarilla, porque mientras los precios de los bienes transables subieron apenas 1,3% en el último año, los de los bienes y servicios no transables subieron 5,9%. En los primeros, se refleja principalmente el impacto del dólar (que tuvo una caída anual de 5,4%); en los segundos, los aumentos salariales recientes (los costos de los servicios son, mayoritariamente, costos salariales); en promedio el salario ha subido más de 5% interanual. Y un aumento mayor de los no-transables, respecto a los transables, puede ser un síntoma de pérdida de competitividad o “atraso cambiario”.
Desde el punto de vista del consumidor-trabajador que está en los servicios, ciertamente es buena noticia que sus salarios suban más que los productos; pero para los productores de esos bienes, sucede lo inverso: necesitan más producción para cubrir los mismos servicios, porque éstos suben más. Y no todos los sectores tienen aumentos de productividad de tal dimensión como para compensar la diferencia.
Las situaciones pueden ser muy diversas, pero la prueba insoslayable de que hay dificultades es lo que sucede con la actividad, que no crece. Para aprovechar el Acuerdo con la UE, es preciso mejorar la competitividad, tanto sistémica como en términos de precios relativos. De lo contrario, lo aprovecharán otros.