A pesar de algunas lluvias esporádicas y desparejas, la falta de agua sigue condicionando la evolución de los cultivos de verano, en especial en el sur del territorio. Hay diferencias entre zonas, pero la preocupación es general: si no hay un episodio contundente en pocos días, el recorte de rendimientos será un hecho, en especial en soja. El cultivo tiene capacidad de sobrellevar períodos secos, pero todo tiene un límite y se está entrando en etapa de definiciones, con poca agua.
En las gráficas adjuntas se expone la evolución de las lluvias en el centro y suroeste; muestran que el ingreso al verano fue con poca agua, con precipitaciones claramente inferiores al promedio histórico. Y las lluvias de verano no han logrado compensar ese déficit inicial y en muchos lugares ya las pérdidas son significativas.
En el caso de los maíces, las pérdidas en los cultivos de primera ya se han informado; ahora toca el desafío a los cultivos de segunda, que están expuestos a dificultades similares si no se configura una lluvia importante en pocos días. Lógicamente, si la producción queda recortada se reflejará en un precio mayor a la cosecha y en los meses siguientes, pero eso es un magro consuelo si no aparecen los quilos.
En el mercado sojero, el mensaje de Donald Trump (presidente de EEUU) acerca de una posible expansión de las compras chinas de soja en su país impulsó una fuerte suba en el precio en Chicago, pero su reflejo local es relativo: si China compra más en EEUU comprará menos en Brasil y nuestros vecinos deberán salir a paso redoblado a colocar su gigantesca cosecha (nuevo récord). De manera que los precios regionales (referencia para Uruguay) están bajo presión. En los días siguientes al comentario de Trump, hubo ofertas por soja futura en torno a 380 U$S/ton puesta, pero luego el precio corrigió a la baja y el viernes terminó con ofertas en torno a 370 U$S/ton; se concretaron algunos negocios, pero la comercialización de la soja viene bastante demorada.
Cortes y cuotas
El panorama de dificultades en la agricultura contrasta con un escenario particularmente firme en el sector ganadero. El precio medio de exportación de la carne vacuna se mantiene en el eje de los 5.400 U$S/ton eq. carcasa, lo cual no solo es un valor destacado en sí mismo -ya cercano a los récord históricos en dólares- sino en la comparación con el resto de los principales productos de la agronegocio.
De tal manera que en el sector es cada vez más relevante la capacidad del rubro cárnico no solo de producir por sí mismo sino de incorporar el alimento que provee la agricultura, principalmente a través del maíz, aunque también se suman otros cultivos.
Con estos precios de la carne que vuelven a niveles altos, el sector va componiendo un panorama de firmeza que va más allá de la coyuntura. La demanda cárnica global es fuerte y permanente, y la oferta acotada, una buena noticia para los ganaderos. Aún así, Uruguay está expuesto a los cambios en las circunstancias externas, sobre lo cual tiene casi nula incidencia.
En este plano, la novedad destacada esta semana fue la firma del acuerdo comercial entre Argentina y EEUU, que implica una cuota adicional de 80.000 toneladas para nuestros vecinos en sus ventas a EEUU. Con esto, Argentina accede a una ventaja contundente en el mercado que -en los últimos años- ha sido el principal para Uruguay; nuestro país tiene una cuota de 20.000 toneladas con arancel mínimo (igual que lo que tenía Argentina antes de firmar el acuerdo), por fuera de lo cual tiene que pagar 26% para ingresar a EEUU.
Argentina tuvo varias décadas de una verdadera política “anti carne” desplegada por los gobierno K, que apuntaban a restringir la importación en aras de “proteger la mesa de los argentinos” (argumento típicamente populista que terminó empobreciendo a productores y consumidores). Ahora los vecinos están buscando revertir esa historia; tienen un innegable potencial para incrementar su producción y de hecho ya en 2025 esboza un avance. Además, Argentina tiene un tremendo potencial para producción de carne aviar y porcina, parte de lo cual cubrirá el consumo interno “liberando” carne vacuna de alto valor para la exportación. No descubro nada si advierto que Argentina puede ser un duro competidor en años próximos, a pesar de los duros retrocesos que su sector cárnico sufrió en años previos.
Oddone en Punta
En el trasfondo de los vaivenes de cada rubro, el escenario macroeconómico también agregó novedades en los últimos días. El dólar -que salió del mínimo en el que había caído en la semana del 20 de enero- se estabilizó esta semana en torno a 38,5 pesos. De manera que luego de la corrección al alza que generaron las medidas del BCU y el MEF, la cotización se ha mantenido y la moneda estadounidense parece haber “perdido fuerza” (gráfica). Las tasas de las letras del BCU bajaron sensiblemente, pero parecería que siguen siendo suficientemente atractivas para retener las colocaciones en pesos y restringir la liquidez; así, no hay mucho espacio para una suba del dólar que, además, se mantiene relativamente débil a nivel global. Así, todo indica que los problemas de competitividad-precio persistirán.
Es interesante ver cómo -en este plano- el agro no está solo: la Cámara Uruguaya de Turismo (sector exportador de servicios) divulgó un comunicado en el que manifiesta su preocupación por la caída del dólar y la pérdida de competitividad, con potencial impacto negativo en el empleo.
En este marco, el ministro de Economía Gabriel Oddone brindó una conferencia en Agro en Punta, en la que abordó varios temas de la coyuntura económica. En un reconocimiento al sector, destacó al agro como ejemplo y referencia para el resto de la economía, por su incorporación de tecnología y aumento permanente de la productividad, con una inserción internacional dinámica. Los últimos datos de la cosecha de cultivos de invierno corroboran los dichos del jerarca, con el trigo marcando un récord de rendimiento (gráfica)
Los halagos estuvieron acompañados de cierta resignación en el plano cambiario. El ministro remarcó (no por primera vez) que Uruguay seguirá siendo un país caro y que -desde el punto de vista macroeconómico- no hay mucho para hacer.
En consecuencia, argumentó, el camino es seguir insistiendo con reformas regulatorias y apertura (el plano microeconómico) para bajar costos y facilitar los negocios. Para eso anunció que seguirá adelante con la agenda de reformas, que implicarán -en algunos casos- proyectos de ley. Oddone fue enfático en reconocer que Uruguay debe crecer más si pretende mejorar la calidad de vida y mantener -y mejorar- la convivencia y estabilidad que lo caracteriza.
El problema es que no está creciendo. Los últimos datos del BCU y el Índice Líder de CERES reflejan que la actividad económica se mantiene estable, sin crecer apreciablemente, desde mediados del año pasado. De no variar este panorama, el 2026 será complicado y no hay muchos factores de dinámica visibles para cambiar la pisada.
Desde la producción, la forestación puede ofrecer algo más de dinámica con los nuevos proyectos para procesar madera sólida (Lumin, Urufor, Braspine) que tienen suficiente envergadura para “mover la aguja”; el sector cárnico hará su aporte. Desde la demanda, el aumento de los sueldos y jubilaciones en términos reales puede motivar una mayor dinámica de consumo.
Pero Uruguay sigue teniendo problemas sistémicos de competitividad, más allá del dólar. Entre otras cosas porque el gasto estatal sigue a alza y -para subsanar el creciente déficit- hay que echar mano a más impuestos, con posibles consecuencias negativas sobre la economía. El gasto del Estado uruguayo está sesgado hacia el “bienestar” y el servicio social (efectivo a veces, otra no), con poco de inversión de soporte a la producción. Si esto no cambia, el escenario macroeconómico se podría parecer bastante al de los años de pobre crecimiento (2016-2019). Para evitarlo, hay que reaccionar a tiempo.