Recién llegado de China, Djalma Puppo, el principal exportador de lana sucia, o en estado natural como señalan algunos productores, participó de la tercera edición de Agro en Punta & Business, donde presentó su análisis sobre la situación actual del rubro en el país y en el exterior. Puppo explicó que participó de “una reunión de la industria lanera en China, donde era el único occidental, porque fue invitado, y ahí está toda la cadena, la industria, el hilado, la fábrica de tops y eran todos muy positivos”. Tras el diálogo con los industriales asiáticos, dijo “encontré con una industria china más alegre, más conforme, mirando para adelante, buscando realizar nuevos productos”, afirmó, y aclaró que ese ánimo no responde únicamente a una coyuntura de precios, sino a una reconfiguración más profunda de la oferta y la demanda de lanas a nivel global.
Puppo explicó que la suba reciente, especialmente marcada en la lana sucia, no se traslada de manera inmediata a los productos terminados, algo que consideró natural dentro del funcionamiento del mercado. Sin embargo, remarcó que ese retraso no opaca la señal de fondo. “Esta suba tan violenta de la lana sucia no se traslada inmediatamente a la venta, pero igual vi una industria firme y mirando para el futuro”, sostuvo, dejando en claro que la industria china no está reaccionando con cautela defensiva, sino con una mirada estratégica a mediano plazo.
Djalma Puppo aclaró que la visión o el objetivo planteado por las industrias topistas en China, no están enfocado en un aumento indiscriminado de la producción, sino en la búsqueda de segmentos específicos, nichos de alto valor. “Cuando estamos hablando de nuevos productos en la cadena, estamos hablando de prendas, prendas deportivas finas, siempre hablamos de lana fina, lana por debajo de 20 micras”, señaló Puppo. Los nuevos valores, a su entender, están impulsando el desarrollo de productos capaces de convalidar precios más altos en el consumidor final, tanto local como externo.
El final del invierno en China, un factor que tradicionalmente genera interrogantes en el mercado, sin embargo en esta oportunidad no aparece como una señal de alerta. Según Puppo, “las industrias topistas nos dicen que su zafra vendría a terminar en junio o julio, y además hay industria que no está abastecida, no hay un gran volumen y está preocupada por la oferta que ha bajado muchísimo en Australia”, explicó. En ese contexto, remarcó que “no se ve ninguna alerta de que la lana pueda bajar; más bien se ve una firmeza”.
Uno de los conceptos que Puppo remarcó fue que el actual escenario no está explicado por una explosión de consumo, sino por una contracción sostenida de la oferta. “Lo que está marcando el mercado es el menor stock, más que un aumento muy importante de la demanda”, afirmó. Esa menor disponibilidad es consecuencia directa de varios años de caída productiva en los principales países laneros.
El empresario detalló que “Australia, al igual que Uruguay, ha bajado su producción entre un 10 y un 12% anual durante los últimos dos años”, un dato que genera nerviosismo en la industria y explica buena parte de la firmeza actual de los precios. Esa reducción no es homogénea en todos los micronajes, y allí se empiezan a explicar algunas diferencias clave en el comportamiento del mercado.
Según Puppo, tanto en Australia como en Uruguay se observa una especialización creciente. “En Australia se está afinando la producción, al igual que en Uruguay, cruzando merinos con razas carniceras o afinando, lo que hace que el porcentaje de lanas extrafinas haya disminuido menos que el de lanas medias y gruesas”. Esto significa que, si bien la producción total cae, la oferta relativa de lanas de 16 y 17 micras no es tan limitada como la de lanas de 18, 19 o 20 micras, lo que explica por qué los precios aún no se han despegado con mayor fuerza entre esos rangos.
En su presentación, Puppo mostró cómo esa evolución responde a una lógica de mercado. “El productor ha seguido la evolución que tiene el mercado internacional; se ha afinado porque la demanda de lana está para lanas más finas”, afirmó. Mientras a fines de los años noventa Uruguay producía decenas de millones de kilos de lanas de 26 a 29 micras, hoy ese volumen se redujo drásticamente, al tiempo que las lanas por debajo de 22 micras pasaron de poco más de 3 millones de kilos a cerca de 8 millones de kilogramos.
Si la escasez explica buena parte del escenario, la calidad y la certificación aparecen como los factores que definen quiénes están mejor posicionados para aprovecharlo. Puppo fue categórico al describir las oportunidades que se le abren a Uruguay. “Uruguay es un gran productor de lana y, además de la calidad que se está produciendo, la certificación es otro punto clave para competir no solo con Australia, sino también con Sudáfrica”, afirmó.
El empresario recordó que, si bien Uruguay no es el mayor productor mundial, sí se destaca por el porcentaje de lana certificada. “Uruguay pasó a ser el segundo país del mundo con mayor porcentaje de lanas certificadas, con un 43% de su producción, superando a Sudáfrica”, explicó, y contrastó ese dato con Australia, que a pesar de su enorme volumen total apenas certifica alrededor del 5% de su producción. En un mercado donde las marcas y los consumidores exigen trazabilidad y estándares ambientales y sociales, esa diferencia se vuelve estratégica.
La certificación, subrayó Puppo, no es un atributo aislado, sino el resultado de un proceso técnico acumulado a nivel de la producción nacional. “No podemos hablar de la evolución de la calidad de la lana en Uruguay sin hablar del SUL”, afirmó, y destacó el rol del Secretariado Uruguayo de la Lana en la implementación de la Grifa Verde, hoy reconocida internacionalmente como sinónimo de esquila y acondicionamiento de calidad. Ese trabajo explica por qué cerca del 80% de la lana acondicionada bajo Grifa Verde se concentra en los micronajes más finos.
Desde la perspectiva de la industria y del mercado, la ecuación es clara. “Cuando decimos que la demanda es inmensa, tenemos que hablar de calidad; y cuando hablamos de calidad, hablamos de buena cosecha”, señaló Puppo. Esa calidad es la que permite a Uruguay posicionarse como proveedor confiable de lana certificada en un contexto global donde el volumen escasea y los compradores buscan reducir riesgos.
Puppo dijo “la evolución del mercado confirma que el futuro de la lana está en micronajes más finos, bien cosechados y certificados”, y reafirmó la idea de que las señales están claras para quienes estén dispuestos a leerlas y actuar en consecuencia a nivel de la producción.
Es difícil saber cuánto va subir; hoy no hay señales de que baje
La pregunta que inevitablemente surge en el productor es hasta dónde pueden llegar los precios de la lana, tanto a nivel internacional, como del mercado interno. Puppo dijo que “es muy difícil saber cuánto puede subir la lana” y afirmó que “hoy no hay ninguna idea de que vaya a bajar”. El empresario explicó que la suba registrada hasta ahora responde principalmente a la falta de oferta.
El límite de esa tendencia, señaló, lo marcará la demanda. “Cuánto puede subir lo va a determinar la demanda; si hay un cambio importante de demanda, va a faltar mucha lana y puede haber algún salto”, en los valores sostuvo. Sin embargo, aclaró que, por el momento, esa demanda adicional que podría disparar los valores aún no se materializó plenamente.
En ese escenario, indicó que “Europa está muy, muy parada; y es una clave para que esas lanas se diferencien”. La reactivación del consumo europeo podría ser el factor que termine de separar los precios de las lanas superfinas respecto a las finas, un fenómeno que hoy todavía no se observa con la intensidad de otros ciclos, como ocurrió en 2018 o 2021.
Mientras tanto, el mercado se sostiene en una combinación de oferta limitada, industria activa y una estrategia clara hacia nichos de mayor valor. La presentación de Puppo dejó en evidencia que el futuro de la lana no pasa por el volumen, sino por la especialización, la calidad y la capacidad de responder a un consumidor cada vez más exigente.